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Breve historia de violencia y paz Destacado

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Breve historia de violencia y paz Fotografía: Diego Rodríguez
                                                                                               
Por: Juli√°n Bastidas Urresty
 
En la conquista de Am√©rica los espa√Īoles fueron tan crueles con la raza ind√≠gena que, cinco siglos despu√©s, varios historiadores calificaron como cat√°strofe demogr√°fica la dram√°tica disminuci√≥n de la poblaci√≥n subyugada. Fray Bartolom√© de las Casas se erigi√≥ como el primer defensor de los derechos humanos. Por los ind√≠genas tambi√©n abogaron los que temieron su desaparici√≥n: ¬ŅQui√©n iba a trabajar la tierra y las minas? En el territorio actual de Nari√Īo, al contacto con el opresor, comunidades Quillasingas, Pastos y Abades, no solo perdieron poblaci√≥n sino su lengua y cultura. En la colonia, la brava raza de los Sindaguas, que imped√≠a la explotaci√≥n del oro en los r√≠os Pat√≠a y Telemb√≠, fue casi exterminada por las tropas espa√Īolas y sus cabezas expuestas en los caminos para escarmiento. Muy pocos lograron sobrevivir desplaz√°ndose en la llanura pac√≠fica. Cuatro siglos despu√©s, sus descendientes, los ind√≠genas Awa, sufren la persecuci√≥n de grupos armados que se disputan su tierra ancestral para el comercio de drogas il√≠citas.
 
En las guerras de la Independencia, luego de la muerte de miles de combatientes, se alcanz√≥ la emancipaci√≥n. Afortunadamente hubo militares que entendieron que se pod√≠a atenuar el derramamiento de sangre. El 26 de julio de 1811, el cabildo de Pasto y la Junta de gobierno de Popay√°n dieron soluci√≥n pac√≠fica a los desacuerdos. En Santa Ana, Sim√≥n Bol√≠var y Pablo Murillo suscribieron un armisticio para regular la lucha que se hac√≠a a muerte. En junio de1822, en la provincia de Pasto, Bol√≠var firm√≥, con el coronel espa√Īol Basilio Garc√≠a, el tratado de Berruecos y Pasto se integr√≥ a la rep√ļblica de Colombia, aunque la guerra solo termin√≥ en 1824, con la muerte de Agualongo que continu√≥ la defensa del rey de Espa√Īa. El mismo Bol√≠var suscribi√≥ el tratado de la ca√Īada del Juanamb√ļ, en 1829 y terminar las hostilidades con Jos√© Mar√≠a Obando. En estos a√Īos hubo un enfrentamiento militar entre la Nueva Granada y el Ecuador que termin√≥  con el tratado de Paz y L√≠mites, firmado en Pasto en 1832.
 
El esp√≠ritu beligerante volvi√≥ en 1839. En Pasto se origin√≥ la guerra de los Conventos, que no produjo mayor p√©rdida en su provincia, pero se extendi√≥ gravemente en el territorio nacional dando nacimiento a los nefastos partidos pol√≠ticos que azotar√°n el pa√≠s en los a√Īos siguientes, en enfrentamientos civiles por apoderarse del poder, la tierra, los empleos y los recursos del Estado. Este fen√≥meno ser√°, en adelante, una constante. La gesti√≥n de un ministro ingl√©s pudo convencer a los rebeldes y al gobierno de acordar un armisticio. Las desavenencias partidistas continuaron en 1861 y en 1876. El clero intervino apoyando al partido conservador. El cambio de siglo se hizo en medio de la guerra de los Mil D√≠as que estall√≥ cuando los liberales no aceptaron la constituci√≥n conservadora de 1886. En el sur de Colombia los combates tuvieron car√°cter internacional con el apoyo del presidente ecuatoriano Eloy Alfaro a los liberales. El obispo de Pasto Fray Ezequiel Moreno y D√≠az le dio car√°cter de guerra Santa y apoy√≥ al ej√©rcito conservador con milicias, armas, alimentos, oraciones y excomuniones. El obispo Pedro Schumacher, que viv√≠a en Samaniego luego de ser desterrado del Ecuador por Eloy Alfaro, aport√≥ con armas de fuego tra√≠das de su tierra alemana. El absurdo incidente termin√≥ en noviembre de 1902 con el tratado de Wisconsin. Hubo 180.000 muertos y las p√©rdidas alcanzaron los 25 millones de pesos oro; el campo qued√≥ abandonado pues muchos campesinos se alistaron en los ej√©rcitos.
 
Novedosas y degradantes formas de violencia
 
El 9 de abril de 1948 es una fecha dif√≠cil de olvidar. En Bogot√° fue asesinado el caudillo liberal Jorge Eli√©cer Gait√°n lo que recrudeci√≥ las hostilidades entre liberales y conservadores dando paso a uno de los episodios m√°s tr√°gicos en la historia de Colombia, el tiempo de ‚ÄúLa Violencia‚ÄĚ. Las tierras rurales fueron el escenario sangriento de modalidades espantosas de asesinato. Entre 1948 y 1966 hubo unos 200.000 muertos. Hombres facinerosos, ‚ÄúP√°jaros y Chulavitas‚ÄĚ, asociados a las tropas conservadoras, se enfrentaron a grupos campesinos que, sin mayor ideolog√≠a pol√≠tica, conformaron cuadrillas armadas. Los departamentos m√°s afectados fueron el Antiguo Caldas, Tolima, Antioquia, Norte de Santander, Santander y Valle del Cauca. En esta ocasi√≥n, el departamento de Nari√Īo, apartado f√≠sicamente del resto del pa√≠s, sufri√≥ menos en el tenebroso episodio. Se dijo entonces que Nari√Īo era un remanso de paz comparado a la tragedia nacional. Se dieron incidentes menores, amenazas, pelea con armas blancas. En Samaniego, la ‚Äúchusma liberal‚ÄĚ, embrutecida por el consumo ‚Äúchancuco‚ÄĚ mezclado con p√≥lvora, apedreaba las casas de sus contrincantes conservadores. En medio del conflicto, el general Gustavo Rojas Pinilla dio un golpe de estado en 1953 y tom√≥ la presidencia. Una amnist√≠a hizo desmovilizar a los guerrilleros de los llanos orientales. Sin embargo, la dictadura dej√≥ sin poder a la clase privilegiada de los partidos tradicionales. Estos se unieron y firmaron el Pacto de Benidorm en 1956, con el pretexto de terminar la lucha bipartidista. Tambi√©n decidieron repartirse las delicias del poder durante los siguientes 16 a√Īos, desde 1958, cuando cay√≥ la dictadura de Rojas Pinilla. Todo para ellos, nada para el pueblo, abon√≥ el terreno para la aparici√≥n de otros grupos insurgentes.
 
A comienzos de los a√Īos sesenta, tiempo marcado por la injusticia social, naci√≥ un grupo de autodefensa campesina, de tendencia liberal, para enfrentar la persecuci√≥n conservadora. Bajo el mando de Manuel Marulanda V√©lez, testigo desde la ni√Īez del furor bipartidista, los insurgentes se apertrecharon en la "rep√ļblica independiente de Marquetalia". A mediados de 1964, Marquetalia fue atacada por las fuerzas del gobierno, pero, inspirados en las luchas de liberaci√≥n latinoamericanas, y en la ideolog√≠a marxista-leninista, Marulanda y Jacobo Arenas fundaron el Bloque Sur, que luego, en 1966, tom√≥ el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC. Sigue entonces un largo periodo de lucha, sin voluntad de di√°logo, que costar√° sangre y pobreza, especialmente en las zonas rurales cuyas familias aportaron sus hijos a la guerra, situaci√≥n que se har√° constante al paso de los a√Īos. El general Rojas Pinilla volvi√≥ a la escena pol√≠tica como candidato a las elecciones del 19 de abril de 1970 pero, en medio del esc√°ndalo por fraude electoral, Misael Pastrana Borrero, candidato conservador, gan√≥ la presidencia. Como protesta al fraude, Jaime Bateman, √Ālvaro Fayad, Iv√°n Marino Ospina y Luis Otero Cifuentes, conformaron el Movimiento 19 de abril. En una acci√≥n simb√≥lica roban la espada de Sim√≥n Bol√≠var y proclamaron" Bol√≠var, tu espada vuelve a la lucha".
 
Al final de los a√Īos ochenta, las FARC advirtieron que su lucha terminar√° con la toma del poder y conformaron, con otros grupos guerrilleros, la Coordinadora Guerrillera Sim√≥n Bol√≠var. A la agrupaci√≥n se unieron el Ej√©rcito de Liberaci√≥n Nacional (ELN) inspirado en la Revoluci√≥n Cubana, el Ej√©rcito Popular de Liberaci√≥n de tendencia mao√≠sta. En estos a√Īos tambi√©n aparecieron grupos paramilitares auspiciados por terratenientes, empresarios y pol√≠ticos de derecha que, adem√°s de enfrentarse a las guerrillas, asesinaban campesinos y dirigentes sociales. Se arreciaron los combates de las FARC contra el ej√©rcito de Colombia, que en ocasiones asoci√≥ a los paramilitares. El narcotr√°fico se convirti√≥ en un estupendo negocio para el financiamiento de las guerras. Entre los a√Īos 2002 y 2006, se adelant√≥ un proceso de desmovilizaci√≥n de los paramilitares impulsado por el gobierno colombiano. Posterior a esto, surgieron otros grupos llamados Bandas Emergentes que se distinguieron por la violaci√≥n flagrante de los derechos humanos.
 
Geograf√≠a de la guerra en Nari√Īo
 
Las guerrillas de la FARC y del ELN, incursionaron en Nari√Īo en la d√©cada de los ochenta. Sus acciones fueron facilitadas por un territorio intrincado, muy dif√≠cil de controlar por la fuerza p√ļblica. Adem√°s, el aislamiento geogr√°fico y pol√≠tico con el resto del pa√≠s, la frontera con Ecuador y con la selv√°tica amazonia a trav√©s del Putumayo, el puerto de Tumaco y las vertientes de r√≠os que transportan al oc√©ano Pac√≠fico, favorecieron tambi√©n el cultivo y el comercio il√≠cito de estupefacientes. Entre 2000 y 2012, hubo en Nari√Īo unas 1.300 acciones de la guerrilla, especialmente de las FARC y 840 combates por la decisi√≥n de la fuerza p√ļblica. En Colombia fueron desplazadas unas 259.146 personas. El departamento de Nari√Īo ocup√≥ el segundo lugar con 28.694 desplazados y Tumaco fue la tercera ciudad de Colombia que m√°s recibi√≥ personas desplazadas (15.296).
 
Adelantando el Plan Colombia, auspiciado por los Estados Unidos, el presidente √Ālvaro Uribe orden√≥ fumigar con glifosato los sembrados de coca en el Putumayo y el negocio se traslad√≥ a Nari√Īo. En el a√Īo 2012, estos departamentos fueron los m√°s fumigados, pero, ir√≥nicamente, son en Colombia los que tienen mayor crecimiento de hect√°reas cultivadas de coca. Desde el a√Īo 2005, aparecieron en Nari√Īo, los grupos armados de delincuencia organizada que disputaron con las guerrillas los territorios estrat√©gicos. Seg√ļn estad√≠sticas de 2012, en Nari√Īo se registraron, m√°s de 23 mil homicidios, adem√°s de actos terroristas, secuestros, amenazas, desapariciones, desplazamiento forzado, heridos por minas antipersonales etc. En total se cometieron 333.456 hechos victimizantes, el mayor n√ļmero por departamentos en Colombia. En 2013 Nari√Īo figuraba en tercer lugar en desplazamientos forzados, luego de Cauca y Antioquia. El pueblo ind√≠gena AWA ha sufrido la vulneraci√≥n de los derechos humanos hasta temer por su exterminio f√≠sico y cultural. Un n√ļmero de 1.370 personas, entre ellas 780 ni√Īos, debieron dejar forzosamente su tierra ancestral. En varios municipios de Nari√Īo, las tasas de homicidio superan la tasa nacional. Gran parte de la poblaci√≥n afectada, asentada en el litoral y costa Pac√≠fica, es afrodescendiente. En resumen, Nari√Īo se ha convertido en uno de los departamentos colombianos que m√°s sufre por la confrontaci√≥n armada. La tasa de homicidio supera el promedio nacional, especialmente en zonas donde se concentra el tr√°fico de la coca.
 
Varios fracasos y un triunfo por la paz
 
Varios presidentes de Colombia intentaron poner fin a la guerra acudiendo a la negociaci√≥n con los grupos insurgentes. Belisario Betancur, cuyo gobierno inici√≥ en 1982, tiene el m√©rito de comenzar di√°logos. Poco se adelant√≥, pero hubo un hecho importante: reconoci√≥ que la oposici√≥n armada es un actor pol√≠tico. En los a√Īos siguientes hubo otros intentos que fracasaron. Cesar Gaviria y Virgilio Barco, pretendieron el desarme de los guerrilleros como requisito para lograr acuerdos, sin que √©stos pudieran intervenir en el an√°lisis de los grandes problemas nacionales. La guerrilla pensaba todo lo contrario. Adem√°s, √©stos alegaron que no hab√≠a garant√≠as para ejercer la oposici√≥n pues varios l√≠deres de izquierda hab√≠an sido asesinados. El presidente Ernesto Samper, cuya elecci√≥n estuvo impregnada de dineros del narcotr√°fico, no era garant√≠a para avanzar en las conversaciones.  En 1994, las FARC duplicaron sus frentes y dominaban en 700 municipios. Los combates con el ej√©rcito incrementaron el desplazamiento de poblaciones. Tambi√©n creci√≥ el paramilitarismo dando origen, en 1998, a las Autodefensas Unidas de Colombia.  
 
Los gobiernos de Andr√©s Pastrana y de √Ālvaro Uribe poco aportaron a la paz y si aumentaron el n√ļmero de v√≠ctimas. Uribe neg√≥ el car√°cter pol√≠tico de los insurgentes a quienes denomino ‚Äúterroristas‚ÄĚ acus√°ndolos de traficar con drogas, de violar los derechos humanos con secuestros, ejecuci√≥n de masacres y desplazamientos. Guerrillas y fuerza p√ļblica incrementaron la lucha con formas m√°s duras de combate. El nuevo poder√≠o b√©lico de las fuerzas armadas dio duros golpes a la FARC, que perdi√≥ comandantes y muchos hombres. Por el af√°n de obtener mayores resultados se promovi√≥ el asesinato de personas ajenas a la guerra para contarlos como insurgentes dados de baja, vil modalidad conocida como ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ. La mayor escalada de terror y desplazamiento forzado se produjo en el a√Īo 2001, poco antes de las elecciones de 2002 y 2003. Jefes paramilitares y sus apadrinados incursionaron en la pol√≠tica electoral, eligieron una tercera parte del Congreso, 281 alcaldes y 12 gobernadores. Las estad√≠sticas muestran que entre 1986 y agosto de 2016, hubo en Colombia 8.349.484 de v√≠ctimas, la mayor√≠a relacionadas con la acci√≥n armada. Un verdadero holocausto. En el gobierno de Andr√©s Pastrana se registr√≥ 2.453.628 v√≠ctimas y, en los dos mandatos de √Ālvaro Uribe V√©lez, 3.374.270, es decir el 70,13 por ciento del total: 5.827.898 v√≠ctimas.
 
En conclusi√≥n, ha sido dif√≠cil alcanzar la paz en Colombia. Algunos presidentes fracasaron por no tener una agenda clara de negociaci√≥n, sin l√≠mites en los temas y compromisos de las partes. Otros evitaron tocar temas esenciales que est√°n en el origen de la discordia, como la violencia ejercida por los partidos pol√≠ticos en su ambici√≥n de poder. Tambi√©n hicieron caso omiso a los problemas relacionados con la propiedad de la tierra, especialmente en las zonas rurales de Colombia. Tampoco dieron garant√≠as para el ejercicio de la pluralidad y de la pol√≠tica. Pensaron que un acuerdo deb√≠a conducir a la deslegitimaci√≥n y derrota del adversario. Otros menospreciaron con prepotencia la capacidad ideol√≥gica y organizativa del interlocutor.
 
A finales del 2013, el presidente Juan Manuel Santos inicio con las FARC el proceso para alcanzar la paz, que se hizo realidad luego de cuatro a√Īos de negociaciones en un contexto dif√≠cil y de mucha incertidumbre. El pacto acordado es un acontecimiento hist√≥rico que da fin al enfrentamiento que, en 54 a√Īos, dej√≥ 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados. El Centro de Memoria Hist√≥rica constata que de cada cinco muertos cuatro fueron civiles. Alcanzado el pacto de paz, viene ahora proceso de reconciliaci√≥n colombiana que se lograr√° cuando desaparezcan las causas fundamentales de ruptura social: falta de empleo y oportunidades; desigualdad, concentraci√≥n de la riqueza; injusticia social; falta de tolerancia. Y algo muy importante, con signos de exclamaci√≥n ¬°El Estado debe asegurar la desaparici√≥n fulminante de la corrupci√≥n! Con la paz el pa√≠s tendr√° otras ganancias pues, al cesar la violencia habr√° beneficios econ√≥micos, sociales y pol√≠ticos. Se calcula que cada a√Īo se adicionar√°n 4 puntos al producto interno bruto necesarios para el desarrollo de la infraestructura vial, la educaci√≥n de calidad, el acceso a la salud con calidad, el fortalecimiento de la institucionalidad, programas de ciencia, tecnolog√≠a y protecci√≥n del medio ambiente y cambio cultural. Se recuperar√°n 800.000 hect√°reas de tierra y la gran posibilidad de construir m√°s desarrollo regional. El proceso de paz tiene que afrontar la realidad pol√≠tica, social y econ√≥mica de las regiones que tendr√°n que tomar el liderazgo en el posconflicto, abordando los problemas y soluciones en sus diversos matices. En este sentido, el departamento de Nari√Īo debe tener especial miramiento, proporcional a los da√Īos sufridos. Este departamento, dispone de algunas experiencias positivas de reconciliaci√≥n, adelantadas por comunidades golpeadas, con participaci√≥n de los gobiernos locales, organizaciones sociales y empresas privadas, experiencias que pueden replicarse a nivel nacional.
 
Queda ahora la decisi√≥n del pueblo colombiano, la voz de cada uno de nosotros en el plebiscito del 2 de octubre. Votar SI significa que queremos el fin inmediato de la lucha armada y si votamos NO significa el regreso a las armas y la p√©rdida de una oportunidad hist√≥rica. H√©ctor Abad Faciolince dice: "Despu√©s del s√≠ a los acuerdos en el plebiscito, que ojal√° los pac√≠ficos ganemos por una mayor√≠a feliz y abrumadora, nos corresponde a todos trabajar por ese pa√≠s posible, por ese gran pa√≠s so√Īado, que el conflicto y la violencia nos negaron desde el nacimiento".
 
 
 
 

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