Página 10 - Periódico Digital. Pasto - Nariño

Switch to desktop

El perfil paranoico de los marchantes del primero de abril en Colombia Destacado

Valora este artículo
(0 votos)

Por: Alejandro Delgado

La marcha del primero de abril fue interesante para detectar una vez más, el perfil sociológico de las personas que participan en este tipo de movilizaciones de corte neoconservador. Es inevitable trazar semejanzas con otros países latinoamericanos como Brasil, donde en los últimos años han tomado fuerza manifestaciones de derecha, organizadas y promovidas en nombre de asuntos que todos estaríamos de acuerdo en rechazar, como la corrupción y el mal uso de los recursos públicos. Si prestamos atención a las actitudes, emociones, discursos, racionalismo e iconografía exhibidas el primero de abril en Colombia, encontraríamos asombrosos paralelismos con sectores de la población brasilera que coloquialmente se los denomina “coxinhas”.

Se trata de ciudadanos con un alto nivel de fe y convencimiento de las causas que persiguen. En términos generales, son blanco-mestizos y forman parte de las clases medias y altas de las ciudades, quienes con fervor defienden pautas ligadas a la defensa de la familia, la propiedad, la nación  y la tradición. En su mayoría son católicos o evangélicos, y a diferencia de élites “del pasado” que observaban el transcurrir del cotidiano político desde la barrera (o desde el exterior), son ciudadanos que son favorables a actos que tradicionalmente eran sólo  característicos de la izquierda, como las protestas, las movilizaciones y la desobediencia civil. Es decir, son personas que con fervor expresan su indignación por el acontecer político del país, para lo cual hacen uso de redes sociales, avanzados despliegues iconográficos y una estética que en todo momento hace alusión a los colores nacionales. No es casualidad que los marchantes se hayan movilizado vistiendo las camisetas de la selección Colombia, ni que en todo momento pronuncien discursos alusivos a la necesidad de “salvar” a la nación. Son mecanismos expresión de una idea de nación que desde su perspectiva, está seriamente amenazada. Si nos atuviéramos únicamente al plano discursivo, observaríamos que buena parte del raciocinio de estos ciudadanos, pareciera explicarse en términos binarios “amigo-enemigo”, “bien- mal”, “uribismo –guerrilla”; tal vez sea por esos motivos que se genera un debate claramente polarizado, quienes no están en su orilla política, pueden ser adjetivados de guerrilleros, comunistas o enemigos de la nación.

A este tipo de ciudadanos, no les gusta los términos medios, y además, sienten pánico de cualquier tipo de medida política o económica redistributiva y de justicia social, dado que los adjetivan inmediatamente como socialismo, comunismo, o “castro-chavismo”. Por ello, tampoco es gratuito que manifiesten su odio y temor a ideas como la dignificación del aborto, matrimonio igualitario o políticas afirmativas hacia población étnica. Es muy común que estos ciudadanos sean racistas, tengan fobia a la población lgbtiq y promuevan el machismo en sus vidas cotidianas.

De otro lado, dentro de la serie de teorías conspiratorias y paranoicas que los albergan, también es común que manifiesten deseos de una intervención militar que se tome el poder y salve el país, o inclusive, que añoren la intervención estadounidense a cargo de Trump. Al fin y al cabo, sienten enorme afinidad con las ideas de privatización neoliberales, y el modelo de vida estadounidense, sigue siendo su ideario. Probablemente, la mayor preocupación de personas como las que marcharon el primer día de abril, sea seguir siendo el centro de poder, sentirse superiores, conservar su bienestar psíquico basado en su diferenciación de clase con respecto a otros sectores poblacionales. Por esas razones, jamás irían a estar de acuerdo con hechos como el proceso de paz o con políticas que medianamente “interfieran” con sus cómodas posiciones sociales. Como se mencionó previamente, para erigirse dentro de la sociedad y constituirse en actores relevantes en las discusiones políticas, enarbolan causas como la lucha contra la corrupción o contra el despilfarro de los recursos públicos, a pesar de que sean convocadas precisamente por políticos claramente envueltos y condenados por casos de corrupción. Con certeza, para estos ciudadanos, más que un evento que buscase manifestar el inconformismo literal por la corrupción de Colombia o la coherencia política, la marcha del primero de abril significó una oportunidad para encontrarse con sus pares, con sus iguales. Fue un evento en el que consiguieron situarse de un lado de la sociedad, donde se reunieron personas con los mismos miedos, paranoias, incertidumbres, perspectivas e ideales; por medio de marchas como estas, consiguen sentirse paulatinamente, más estables y seguras.

 

Página10.com - Periódico Digital

Top Desktop version