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SOS: Humanidad y profesor Lopera necesitan voluntarios

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El Alzhéimer es una enfermedad que hoy la padecen 36 millones de personas en el mundo. Al parecer, por una situación familiar, el médico Francisco Lopera –profesor de la Universidad de Antioquia- se dedicó a su estudio. En una operación de rastreo investigativo, identificó la geografía de una de sus raíces en Colombia: viene desde 1745, en Angostura (Antioquia). Pero aunque se habla de la “mutación paisa”, no es exclusiva de esa población ni siquiera sólo de Antioquia, sino de toda Colombia y del mundo. Con el apoyo de su universidad, poco a poco se fue proporcionando un equipo investigador, además de trabajar en sus clases como docente. Según algunos de sus exalumnos que conozco, el profe Lopera es el modelo del excelente maestro que uno recuerda siempre, por sus conocimientos, por su sabiduría como hombre y por su bondad como ser humano. Hoy el avance de su investigación es reconocido no sólo en Latinoamérica, sino en las principales universidades, centros de investigación y hospitales de Europa, de EE UU y resto del mundo. Allá ha dado cursos y desde allá vienen a  aprender de su trabajo teórico y práctico hasta su universidad en Colombia.

En la actualidad está buscando pacientes voluntarios para continuar con sus estudio, según el periódico Alma Mater (#649, diciembre, 2015). Ya hay varios pero no son lo suficientes para su análisis definitivo. Con palabras muy sencillas explica su investigación y lo que se propone con el voluntariado: algunas personas nacen con predisposición genética para la enfermedad. Es decir de padres con Alzhéimer posiblemente nacerán hijos ídem. Posiblemente, pero no siempre. Aquí juegan las probabilidades de la genética. Estas personas, las predispuestas, empiezan a generar a temprana edad -28 años, dice él- una sustancia bioquímica que los sanos no la producen: un amiloide. Es como una “basura” en nuestro cuerpo, una basura tóxica. Su perjuicio es generar daños en la proteína que él llama Tau, propia del cerebro. O sea, el daño de Tau es posterior al del amiloide; es su consecuencia. De Tau se sabe muy poco aún, dice. Un símil mío, quizá algo torpe, podría ser el comparar el amiloide con la hojarasca que tapa los desagües de una calle o de una casa. Una vez obstruida la boca del sumidero, todo el resto de hojarasca y demás detritus seguirían taponando más y más la calle o la casa, hasta el colapso. Hasta aquí el símil y perdón por él.

Lopera y su equipo han encontrado la manera de “eliminar” o al menos “minimizar” la producción y acumulación del amiloide por medio de unos medicamentos que no presentan ni alergias “ni efectos secundarios graves”, según pruebas. Es decir, hallaron la manera de mantener un monitoreo constante “para que los sumideros no se llenen de hojarasca o material descompuesto (dentro de cada organismo propenso al Alzhaimer)”. Esto para los que aún están sanos, pero que –la mayoría- inexorablemente acabarán en el Alzhéimer. Aún no hay nada para remediar el daño de la proteína Tau descompuesta. Esperan encontrarlo y combinar ambas acciones para los ya enfermos. Por ahora se trata de no dejar que el amiloide peleche, como se dijo. Pero cuenta con muy pocos voluntarios cuyas familias han tenido personas con esta enfermedad. Ampliaron la convocatoria pero ni así. “Los voluntarios deben ser personas sanas, familiares de alguien que haya sufrido Alzhéimer precoz” (ibíd). Tener entre 30 y 60 años. El grupo identificará si el voluntario pertenece a ese tronco ancestral de la “mutación paisa”. “…Si tienes un familiar o conoces a alguien con demencia precoz o pérdida grave de la memoria antes de los 60 años comunícate con el Grupo de Neurociencias de la U de A Teléfonos 2196664 o 2196657 (Med.) o visítanos en www.quenoseteolvideayudar.com” (ibíd.). Esta respuesta debe darse para antes de este 31 de diciembre. Ojalá la gran prensa, la TV y las redes sociales multiplicaran este SOS del dr. Lopera. 

Alejandro García Gómez

Nacido en Sandoná, 1952. Sostiene la columna de opinión DESDE NOD en periódicos del país y en Ecuador. Ha publicado los poemarios TRANSPARENCIAS (Medellín, 1991), CARTAS DE ODISEO (Medellín, 1996), ALFABETO DE SOMBRAS (Medellín, 2003), EL PARAÍS DE LAS CARCAJADAS AUSENTES (Pasto, 2016), el libro de cuentos NO ES POR AZAR QUE NACEMOS (Medellín, 2004) y la novela EL TANGO DEL PROFE (Pasto, 2007). Ha participado en varias publicaciones colectivas. Fue fundador y pertenece al Consejo de Redacción de la Revista MASCALUNA (Medellín).

Ha publicado ensayo, cuento, poesía y crónica en algunas revistas y periódicos del país. Ha sido ganador de algunos concursos de poesía y cuento en el país, entre ellos el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía del Servicio Civil (Bogotá, 1988), Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento del Servicio Civil (Bogotá, 1989), Tercer premio Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra (Medellín, 1994), Primer Premio Concurso Nacional de Cuento auspiciado por la Asociación Nacional de Empleados  del Banco Industrial Colombiano, ADEBIC, (Medellín, 1996).

Ha sido jurado en algunos concursos literarios regionales y nacionales del país. Es Licenciado en Química y Biología de la Universidad de Nariño (Pasto) y Magíster en Educación de la Universidad de Antioquia (Medellín). Trabajó como docente de Química y Biología en el colegio San Luis Gonzaga de Túquerres (Nariño) y en el Departamento de Ciencias Naturales del INEM José Félix de Restrepo de Medellín. Actualmente es pensionado.

 

E-mail: pakahuay@gmail.com

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