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De “Curas y obispos belicistas”

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El encuentro del emperador romano Constantino con la Cruz –según la leyenda- marcó un cambio definitivo en lo que hoy los empresarios llamarían la Visión del cristianismo, dirigentes que ya habían empezado a llamarse Clero, palabra grecolatina. La doctrina expuesta por san Pablo –el díscolo o “hereje” del cristianismo judío de esos primeros tiempos-, había complementado la revolución iniciada por Jesús con su Buena Nueva, resumida en su “Sermón de la Montaña” y su Padre Nuestro. Planteaba algo inédito e inaudito entonces: todos los hombres son Hijos de Dios. Es decir, hermanos. Es decir, con iguales derechos y deberes. El “Loco” san Pablo agregó: este Evangelio no es sólo para judíos; es para todo el mundo. Y ahí fue Troya. Los amigos poderosos de sus nuevos amigos lo persiguieron a muerte, pero se salvó. No así de Roma. Las doctrinas cristianas actuales derivan más de las “heréticas” de Pablo y menos de los judaístas.

 

La alianza con Constantino acrecienta el poder “terrenal” a ese clero naciente que ya lo tenía entre sus comunidades. Crean círculos cerrados y pugnaces entre sí, como todo círculo. Forman simbiosis con los opulentos y se funden con ellos: los unos para los otros. La pugnacidad crea cismas que responden a cada círculo en los grandes centros de poder de la humanidad de entonces. Y cada círculo se blindó con el salvajismo y la crueldad propios de cualquier círculo potentado actual. Pero ante todo con ideologías que sustentaran esa ferocidad. El Santo Tribunal de la Inquisición, sólo es una de estas consecuencias, en una sola de las ramas del cristianismo: el catolicismo. 

 

El Poder, en todas sus manifestaciones, ha sido otro de los platos predilectos del arte. Y de la literatura, por supuesto. Los Evangelios mismos llevan metáforas sobre el cinismo del poderoso; recordemos los “sepulcros blanqueados” y otros. Dostoyevski tiene un sin igual cuadro del fariseísmo en un capítulo de su Los hermanos Karamazov, llamado El Gran Inquisidor, que es un cuento aparte en la novela, y que él, habilidosamente, le encuentra acomodo y que me arriesgo a recomendar. 

 

Los cleros de otras religiones poderosas son iguales o peores al cristianismo post Constantino, y luego, al catolicismo. Hoy, el entorno de una de las corrientes del Islam, se encuentra en la etapa de crueldad y ambición de poder de lo que fue “nuestra” Cruzada de la Edad Media, pero con la globalización, tecnología y demografía actuales. 

 

Desde entonces hasta hoy, gran parte de ese clero católico ha venido “conservando”, defendiendo “como sea” ese estado de cosas. Por esta razón se han dado muy interesantes estudios de las relaciones clericales con las sociedades y con los gobiernos. Nuestro país no podría ser la excepción ya que somos inmensamente fanáticos, fácilmente polarizables. Además las castas de poder civil o terrenal y eclesiástico vienen desde tiempos de la Conquista con la Cruz y la Espada. Otra parte del clero empieza a agrandar la otra tolda y a reconocer que la doctrina evangélica que enseñó Cristo no es la que hoy representa Roma con su boato. Entre ellos está Francisco, el papa actual. Al otro lado, el conservador, que quiere “que todo cambie, pero que todo siga igual”.

 

Édgar Bastidas Urresty, escritor nariñense, acaba de publicar De curas y obispos belicistas (Bogotá, 2015). Denuncia la relación de algunos clérigos con Pasto y Nariño. Algunos de ellos fueron protagonistas de primera línea en la Historia de Colombia: El padre Francisco Villota en la Guerra de Los Supremos, fray Ezequiel Moreno –hoy en los altares- en la derrota del radicalismo en la Guerra de los mil Días en el sur, etc. Varias acusaciones y acusados quedan entre líneas, para ser identificados sólo por quienes conocen a plenitud los casos. Especial seguimiento hace a su denuncia sobre un conocido cura antioqueño en Pasto, el padre Jaime Álvarez, a quien le dedicara dos versiones de su obra El Fariseo, (1985 y 1988), etc. Lo recomendamos.  

Alejandro García Gómez

Nacido en Sandoná, 1952. Sostiene la columna de opinión DESDE NOD en periódicos del país y en Ecuador. Ha publicado los poemarios TRANSPARENCIAS (Medellín, 1991), CARTAS DE ODISEO (Medellín, 1996), ALFABETO DE SOMBRAS (Medellín, 2003), EL PARAÍS DE LAS CARCAJADAS AUSENTES (Pasto, 2016), el libro de cuentos NO ES POR AZAR QUE NACEMOS (Medellín, 2004) y la novela EL TANGO DEL PROFE (Pasto, 2007). Ha participado en varias publicaciones colectivas. Fue fundador y pertenece al Consejo de Redacción de la Revista MASCALUNA (Medellín).

Ha publicado ensayo, cuento, poesía y crónica en algunas revistas y periódicos del país. Ha sido ganador de algunos concursos de poesía y cuento en el país, entre ellos el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía del Servicio Civil (Bogotá, 1988), Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento del Servicio Civil (Bogotá, 1989), Tercer premio Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra (Medellín, 1994), Primer Premio Concurso Nacional de Cuento auspiciado por la Asociación Nacional de Empleados  del Banco Industrial Colombiano, ADEBIC, (Medellín, 1996).

Ha sido jurado en algunos concursos literarios regionales y nacionales del país. Es Licenciado en Química y Biología de la Universidad de Nariño (Pasto) y Magíster en Educación de la Universidad de Antioquia (Medellín). Trabajó como docente de Química y Biología en el colegio San Luis Gonzaga de Túquerres (Nariño) y en el Departamento de Ciencias Naturales del INEM José Félix de Restrepo de Medellín. Actualmente es pensionado.

 

E-mail: pakahuay@gmail.com

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