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A los nariñenses: ¿Por qué nos ven así?

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Tremenda polvareda la que se levantó entre nuestra gente a raíz de la publicación de un artículo -¿periodístico?-, en una revista de tercera y firmado por una seudoperiodista en el cual denosta de nuestras tradiciones, costumbres y singularidades.  Lo que llama la atención de este escrito es que denota total desinformación y escaso o nulo rigor investigativo o periodístico. Habla por ejemplo, de ají de queso o de llamas o alpacas que en realidad no existen por estos lares si no un poco más al sur; pero lo que realmente duele es la crasa ignorancia de la seudoperiodista cuando se refiere a Aurelio Arturo tratándolo como un poeta de tercera cuando en realidad es  el máximo exponente de la poesía pues no en vano la UNESCO lo declaró el poeta del siglo. Bueno, escritores de esa laya abundan en un país como el nuestro donde cualquiera puede agarrar una pluma, barullar unas cuantas idioteces y luego justificarlas expresando en las redes sociales que le ordenaron escribir un artículo así y ya, basta, como si nada.

 

Pero, más allá de la queja, la diatriba o la indignación, lo que realmente me parece importante y digno de un análisis es la razón o las razones por las cuales los colombianos nos miran y nos tratan de esa forma tan despectiva a nosotros los nariñenses.  La verdad es que todo indica que esa estúpida e insulsa manera de vernos como los tontos del paseo tiene su origen en la época de la independencia cuando –equivocados o no- nos opusimos a las intenciones de Bolívar o Nariño de armar una revolución. Desde entonces el trato despectivo y ordinario se ha ensañado contra nuestra gente a través de chistes, ridiculizaciones y exageraciones en nuestra forma tan única y peculiar de hablar que es como un cantadito que  sale del alma.

 

Por supuesto que nada de lo que afirman es cierto, pues no somos tontos ni nos afanamos por serlo, todo lo contrario somos un pueblo aguerrido y progresista que a pesar de las malas querencias hemos podido salir adelante  mostrándonos como personas con amplios méritos académicos e intelectuales que brillamos con luz propia en los diferentes campos del saber como la literatura, la medicina, la astronomía, la física o la química. Ejemplos abundan y ya se ha demostrado hasta la saciedad que somos un pueblo de inventiva y pletóricos de creatividad.

 

Pero, entonces, ¿por qué nos miran tan mal el resto de colombianos y cada vez que hay que buscar un bobo miran siempre hacía el departamento de Nariño…?  La respuesta parece ser simple: porque no protestamos o lo hacemos tímidamente desgarrándonos las vestiduras entre nosotros. Cada vez que nos tratan de esa forma injuriosa elevamos nuestras voces hasta que la inercia de los acontecimientos llega a su punto final y la calma vuelve.  Recordemos como en 1968 otra columnista ofendió a los nariñenses y en masa salimos a quemar las instalaciones de ese periódico o la forma burda y cruel como un humorista se burlaba de nosotros pretendiendo con ello ganar celebridad.

 

Otro aspecto es que somos nosotros quienes fomentamos esa imagen del bobo del paseo pues organizamos eventos del chiste pastuso en los cuales disfrazados como bobos y hablando como tontos arrancamos unas cuantas risas y amasamos unos cuantos billetes fomentando esa imagen del nariñense tonto,  estúpido y lento para entender. No es cierto que nosotros hagamos nuestros propios chistes, esa es una forma insulsa de interpretar y parapetar la realidad. Los chistes nos vienen de fuera y aquí simplemente los repetimos como una reacción psicológica que nos permite afrontar –equivocadamente- el desprecio y malquerencia de nuestros compatriotas. Nos acostumbramos y acostumbraron a que seamos simplemente chiste o risas, la primera referencia que un colombiano o un extranjero tiene de un nariñense es el chiste y eso ya hizo tal carrera que difícilmente podemos cortar de tajo, pero si podemos iniciar una campaña que nos permita exigir respeto y dignidad por nuestra gente.

 

Y si bien es cierto que somos un pueblo noble y aguerrido, también es cierto que tenemos defectos que opacan esas virtudes: somos envidiosos y rencorosos al extremo de ignorarnos y acomplejarnos nosotros mismo. Difícilmente un paisano reconoce el brillo del otro, resaltamos los defectos y ocultamos lo bueno que hay entre nuestra gente. Eso, por supuesto, es consecuencia de tanto insulto y desconocimiento de nuestros compatriotas, pero también es cierto que si no superamos este defecto, difícilmente ocuparemos el papel que nos corresponde en la Colombia de hoy.  Bien se dice que “perro no come perro pero pastuso si come pastuso” indicando con ello esa forma absurda y torpe de tratarnos y vernos entre nosotros.

 

De otra parte y como corolario de lo anterior, difícilmente nos asociamos para sacar adelante un proyecto. Somos una especie de caníbales que nos comemos unos a otros por el simple prurito de sabernos mejor que los otros, no se trata en consecuencia de brillar más que los otros sino de enlodar o ensombrecer a los demás para sobresalir.  En cierta forma somos el resultado de la humillación, el desprecio y la ofensa, pues poco a poco nos hemos vuelto seres solitarios  y resentidos. Y creemos que llegó el momento histórico de superar estas trabas reconociéndonos entre nosotros y valorándonos en nuestro real valor.  No debemos esperar que nos miren de otra manera si somos incapaces en nuestra propia tierra de dignificarnos y darnos el trato que en verdad merecemos.

 

También es cierto que nuestros gobernantes han sido tímidos cuando de protestar se trata y han permitido que durante décadas nos brinden en los grandes medios de comunicación un trato despectivo y humillante. Si la risa contra el pastuso y el nariñense es la cotidianidad cómo podemos esperar que nos miren de otra manera… hace poco aquí le otorgaban una medalla a un comediante que no ha hecho más que ofender a Nariño con sus chistes agresivos y burdos, así no nos ganamos el respeto y, por el contrario, si fomentamos y permitimos que se rían de nuestra gente.

 

También es cierto que en muchas ocasiones confundimos terquedad con carácter y nos vamos estúpidamente en contravía del desarrollo nacional. Nos desgastamos en peleas estúpidas e inútiles que a la larga lo único que logran es hacernos daño; y nos duele tanto reconocer el acierto del otro que preferimos ignorarlo si con ello opacamos sus triunfos. Una cultura así no necesita que se hable mal de ella pues basta con el daño que nos producimos entre nosotros.

 

Necesitamos los nariñenses superar muchas trabas psicológicas producto de los errores o equivocaciones o malinterpretaciones históricas, de lo contrario, de aquí a dos semanas o dos años o  tres lustros continuaremos horrorizándonos de la pluma de esos malos periodistas que escriben lo primero que se les viene a su mediocre formación. Y eso se logra con educación, con cultura, valorándonos realmente, dándonos a nosotros mismo el puesto que merecemos y destacando nuestros valores regionales en los diferentes campos que deben luchar con sus uñas para vencer la indiferencia general de sus propios hermanos.

 

Y, por último, no le arrojemos la culpa a esta seudoperiodista, los culpables somos nosotros y nadie más, por omisión y silencios: por no ser capaces de reconocer el valor del otro y por reírnos insulsamente cada vez que un tonto con ruana y sombrero imita y exagera los modos y las costumbres de nuestra gente.  Si solo somos chiste, si únicamente producimos risa, agradezcamos entonces que periodistas y columnistas, así sean mediocres y malformados intelectualmente, se acuerden de nosotros pues esa ha sido la única manera de sacar a flote los nombres de tantos valores nariñenses que se consumen en el olvido y la indiferencia de su propia gente. Solo así se escucha a Aurelio Arturo en el contexto regional o nos acordamos que entre nosotros existen valiosos hombre dedicados a las artes, la pintura, la música,  la literatura y  la ciencia.

 

Y ya no hablemos ni gastemos más materia gris contra esa periodista mediocre. Escribamos de los nuestros, destaquemos sus trabajos y hagamos que se sientan valiosos e importantes.  Nuestros intelectuales se están muriendo de hambre en medio de nuestra indiferencia y ese si es un mal chiste…  O cambiamos nuestras perspectivas o sigamos siendo los Leperos o los Gallegos de América.  Ese lastre únicamente nos lo podremos quitar cuando entendamos que la pelea no es entre nosotros y, por el contrario, únicamente en la unidad de  criterios y visiones podemos construir futuro y región.  

Pablo Emilio Obando Acosta

PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA Nace en el año de 1965.  Bachiller académico Modalidad Humanidades del INEM de Pasto.  En 1989 culmina sus estudios universitarios en la Universidad de Nariño obteniendo el título de Licenciado en Ciencias Sociales – énfasis Ciencias de la Educación –Jornada nocturna-.  Especialista en Literatura latinoamericana y colaborador de importantes medios de comunicación escritos de nuestra región y del país: El Tiempo.com, Semana.com, Dinero, Diario Del Sur, El Espectador.com, entre otros, Sus escritos se conocen y han obtenido reconocimientos en Chile, Uruguay, Paraguay, España y Alemania.

En el año 2000 obtiene el reconocimiento CORREO DEL SUR como el personaje cívico del año por su férrea defensa de la dignidad  pastense al protestar con su documento “Un pueblo ante la historia” por el trato despectivo de algunos medios de comunicación.  Las reacciones no se hacen esperar en periódicos de circulación regional y nacional como El Tiempo, El Espectador y El País.

Ha obtenido múltiples medallas y condecoraciones por su labor periodística y cultural: 

  1. Medalla al merito Guillermo Edmundo Chávez – mejor escritor del departamento de Nariño 2005 – Fundación Gabriel García Márquez.
  2. Mejor Columnista del departamento de Nariño – años 1991 – 1993 – 1996 – 2001 – 2006 Fundación Cultural Correo del Sur.
  3. Personaje Cívico del Departamento de Nariño año 2000.
  4. Medalla Álvaro Javier Jurado Calvache año 2007 – Centro Educativo PROFESA – defensor población vulnerable del municipio de Pasto.
  5. Mejor cuentista del departamento de Nariño – años 1989 – 2004 – 2005.
  6. Cronista más destacado del departamento de Nariño – año 2001.
  7. Finalista VI Concurso Internacional de Cuento – Prensa Nueva – año 1991.
  8. Primer puesto Concurso nacional de cuento – Contraloría general de la República – año 1992.
  9. Primer Lugar Concurso Municipal de Periodismo “Silvio León España” – 2009.
  10. . Reconocimiento Concejo municipal de Pasto, por su labor cívica y educativa.

Sus obras y escritos se conocen en varios países de Latinoamérica y de Colombia.  Es autor de una docena de textos y más de un millar de columnas de opinión que han generado polémica en el contexto nacional y latinoamericano:

  1. Testimonio de una insurrección ciudadana – 2011.
  2. El doctor Mierda.
  3. Un pueblo ante la historia.
  4. La filosofía de la gallina.
  5. Del amor por la Tierra... y otros textos.
  6. Diario de un maestro de escuela.
  7. Apuntes para una nueva historia
  8. Nuevos apuntes – Tomas Hidalgo Calvache.
  9. El problema de los cristianos.
  10. La utilidad del poeta.
  11. ¿Te acuerdas Mariana...?
  12. Corona Fúnebre – Tomas Hidalgo Calvache.

En formato digital ha editado los siguientes títulos:

- La nueva filosofía de la gallina.

- Tomas Hidalgo Calvache -  Apuntes.

- Educar con valor.

Figura en varias antologías de autores nariñenses y en una latinoamericana.  Sobre él han escrito elogiosamente intelectuales de la talla de Otto Morales Benítez, Edgar Bastidas Urresty, Juan Augusto Ortiz cabrera, Carlos Santamaría, Javier Rodrizales, Miguel Garzón Arteaga, Fausto Molina, Jorge Arturo Bravo y otros tantos que sería difícil nombrar en esta pequeña crónica sobre Pablo Emilio Obando Acosta.

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