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“Los zarpazos del Puma”: otro caso aleccionador

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Por Alejandro García Gómez.

 

Desde fines de septiembre de 1973 y por un tiempo largo, el helicóptero militar Puma, del ejército chileno, partía desde Santiago, la capital, y se posaba en diferentes ciudades del país. En él volaba el general Sergio Arellano –con su comitiva- en funciones de Oficial Delegado de Pinochet. Era su alter ego en cualquier sitio de Chile donde cumpliera su “misión”. Que era… ¿Cuál? Muchos años más tarde, según declaración de Arellano a la Comisión Nacional de la Verdad y Reconciliación de Chile (conocida como Comisión Rettig): “…uniformar políticas y criterios institucionales, [emanadas del] gobierno interior y revisar el estado de los procesos, con el objeto de acelerarlos, por una parte y velar que los acusados tuvieran una adecuada defensa, por otra”. Largo carretazo que la gente la bautizó como “La caravana de la muerte” y así se la conoce hasta hoy; La Comisión Rettig la denominó más blandamente “El endurecimiento de octubre”. Su intención: aterrorizar a la población desde esos primeros días del golpe del 11 de septiembre. Método: masacres de prisioneros encausados después del golpe –sin juicio aún, ni menos fallo- en cada ciudad donde se posó.  

 

Esto lo narra de manera prolija, y con la debida sustentación, la periodista y escritora chilena Patricia Verdugo (1947-2008) en el libro que da título a esta reseña. En los primeros tres meses (1989) alcanzó la cifra de más de cien mil copias; ha tenido otras ediciones y también cuenta con una en internet. El “héroe” criminal del reportaje, el general Arellano, demandó a la autora ante los estrados judiciales. “[en 1991] La Corte Suprema [de Chile], por unanimidad, no encontró razón alguna para someterme a proceso”, dice ella. El juez con funciones de ministro para esta causa particular de Derechos Humanos de Chile [Juan Guzmán], tuvo este libro como herramienta de trabajo, “con párrafos marcados en cada página”, agrega la autora, qepd.

 

¿Cómo era el “modus operandi” de la Caravana de la muerte? Llegaba con el general Arellano a la cabeza y cada comandante de Plaza lo recibía en el aeropuerto. Arellano le enseñaba la orden-comisión de Pinochet y en él se plegaba el poder total de esa comandancia. Solicitaba las listas de los detenidos y el informe de los Consejos de Guerra. “Chuliaba” unos nombres con lápiz rojo. Su Estado Mayor (formado sólo por oficiales de alto nivel) ya conocía el leguaje de esa señal: debían ser eliminados sin fórmula de juicio. Cumplida la orden –casi siempre en las tinieblas de la noche-, las actas de los asesinatos los firmaba antes o después o entre el desayuno del día siguiente. Todos se produjeron en personas que saldrían libres en pocos días o que se encontraban en etapa de juicio. Las ciudades fueron Talca, Cauquenes, La Serena, Copiapó, Antofagasta, Calama. ¿Cuál, el crimen? Terrorismo, pero el hilo común que los unía era ser militantes de izquierda o librepensadores o rebeldepensadores.

 

Por el estado de descuartizamiento, a los familiares ni siquiera se les permitía el derecho a sepultar sus víctimas. El Estado Mayor los inhumaba anónimamente en cualquier arenero del desierto chileno. Aún hoy –según Verdugo-, de 75 víctimas identificadas, sólo se han entregado a sus familiares los restos de apenas 57. 18 figuran como desparecidas y los criminales –irónicamente- no han podido disfrutar del beneficio de la Ley de Amnistía porque éstos –ante la ley- se encuentran en calidad de secuestrados, y ésta no cobija a los secuestradores hasta que no devuelvan a sus víctimas o sus restos.

Son cosas que deberíamos aprender en nuestro país, por el proceso similar que llevamos, con los desaparecidos o secuestrados que no han tenido retorno de las personas o de sus osamentas, causados por la  extrema izquierda o extrema derecha. ¿O las leyes internacionales admiten otra cosa? 

Alejandro García Gómez

Nacido en Sandoná, 1952. Sostiene la columna de opinión DESDE NOD en periódicos del país y en Ecuador. Ha publicado los poemarios TRANSPARENCIAS (Medellín, 1991), CARTAS DE ODISEO (Medellín, 1996), ALFABETO DE SOMBRAS (Medellín, 2003), EL PARAÍS DE LAS CARCAJADAS AUSENTES (Pasto, 2016), el libro de cuentos NO ES POR AZAR QUE NACEMOS (Medellín, 2004) y la novela EL TANGO DEL PROFE (Pasto, 2007). Ha participado en varias publicaciones colectivas. Fue fundador y pertenece al Consejo de Redacción de la Revista MASCALUNA (Medellín).

Ha publicado ensayo, cuento, poesía y crónica en algunas revistas y periódicos del país. Ha sido ganador de algunos concursos de poesía y cuento en el país, entre ellos el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía del Servicio Civil (Bogotá, 1988), Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento del Servicio Civil (Bogotá, 1989), Tercer premio Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra (Medellín, 1994), Primer Premio Concurso Nacional de Cuento auspiciado por la Asociación Nacional de Empleados  del Banco Industrial Colombiano, ADEBIC, (Medellín, 1996).

Ha sido jurado en algunos concursos literarios regionales y nacionales del país. Es Licenciado en Química y Biología de la Universidad de Nariño (Pasto) y Magíster en Educación de la Universidad de Antioquia (Medellín). Trabajó como docente de Química y Biología en el colegio San Luis Gonzaga de Túquerres (Nariño) y en el Departamento de Ciencias Naturales del INEM José Félix de Restrepo de Medellín. Actualmente es pensionado.

 

E-mail: pakahuay@gmail.com

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