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El Estado neoliberal y la tragedia en Mocoa

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Por: Wilson Nicolás Benavides Bastidas

 

Quiero poner el acento en el modelo de Estado que tenemos y su relación con la tragedia de Mocoa. Colombia es un Estado neoliberal  y como tal es fiel cumplidor de las doctrinas que este modelo político-económico ha establecido por lo menos en el mundo occidental y con mayor énfasis en los países llamados del “tercer mundo” como el nuestro.

Son  varios los postulados esta doctrina promueve, que van desde lo económico, pasando por lo político, hasta lo cultural, psicológico, incluso teológico. Para el caso de Mocoa quisiera detenerme únicamente en dos de estos: el primero, tiene que ver con que las funciones del Estado deben ser reducidas. Esto significa que lo que podría hacer, por ejemplo en materia de Derechos Humanos, éstos dejan de ser una función imprescindible y pasa a ser agenciado por organismo privados. Pero este no es el punto; sino que hay una contradicción en la que si bien se disminuyen las funciones del Estado, a su vez la burocracia estatal se complejiza.

Estas burocracias se complejizan con el único fin de que las iniciativas populares no tengan espacio en la agenda del Estado, o por otro lado las iniciativas de las Entidades Territoriales locales, por ejemplo los municipios, no tengan las respuestas del gobierno nacional tal como las solicitan. Aquí viene el problema: la Gestión del Riesgo se ha quedado en nuestro país únicamente en sendos documentos que describen mapas del riesgo, planes y programas, situaciones de amenaza, alguno que otro taller en prevención, etc., pero la complejidad burocrática impide la gestión de recursos para la prevención de los desastres. 

Se presenta un desgaste en los trámites burocráticos frente a una efectiva prevención y atención. Y el mensaje es claro: solo cuando hay una emergencia como la de Mocoa y muchas otras que ha habido en el país, es cuando se pueden agilizar algunos recursos, mientras tanto no. En condiciones normales se deben surtir cuantiosos trámites para lograr construir por ejemplo un muro de contención u otras obras de infraestructura para mitigar un riesgo y eso tarda  a veces muchos años y pero aún, cuando se afirma que la gestión del riesgo debe ser coordinada entre lo local, lo departamental y lo nacional, cuya coordinación igualmente es compleja por esa tramitología. Entonces, en el Estado burocrático neoliberal colombiano es casi imposible lograr gestionar recursos para la prevención, sobre todo para las comunidades, ya que si se tratara de prevenir eventos que pueden perjudicar al gran capital o a los grandes empresarios, sin duda alguna, el Estado será más eficiente. Entonces tenemos que es complejidad burocrática tiene como fin el favorecimiento del gran capital, y no de las iniciativas o necesidades de las comunidades.

En segundo lugar para el neoliberalismo es fundamental que existan las desigualdades sociales. Las desigualdades no son vistas como un vacío del capitalismo, al contario estas son necesarias. Se puede inferir que las tragedias son necesarias para el capitalismo, de ahí que el Estado, como se adujo anteriormente, limitado en sus funciones, su intervención queda supeditada a meras ayudas humanitarias, el resto es una oportunidad de negocio para los dueños del capital, para grandes empresarios. No es gratuita la ayuda que ofrece Donal Trump, o en nuestro caso al leer la noticia publicada por el diario el Espectador el día 6 Abril de 2017, cuando dice “Empresarios colombianos se unen para reconstruir Mocoa” y continúa más adelante: “El Gobierno Nacional quedó en pasar una lista de obras en las que los empresarios podían ayudar y con eso el Estado podría hacer descuentos tributarios a sus empresas”. Lo que se ve, es que detrás de una ayuda humanitaria, la reconstrucción se privatiza con ganancias para los empresarios, mientras que las comunidades afectadas, solo tendrán acceso a unos cuantos subsidios limitados por la el complejo burocrático y de esta manera el Estado se aleja, y deja de intervenir. Si pensamos en la Justicia social, en un Estado neoliberal; esto prácticamente una utopía.

Esta tragedia pudo haberse evitado así como muchas que han ocurrido en nuestro país y otras que están en camino según la emisión de alertas tempranas sobre el riesgo. Lamentablemente al Estado neoliberal colombiano no le interesa la vida de sus ciudadanos, entre otras cosas porque el ciudadano deja de ser sujeto de derechos para ser un mero cliente de servicios y por otro lado la persona es vista como un instrumento del mercado, es decir un sujeto de inversiones, pero no para sacarlo de la pobreza, sino como obrero de los grandes capitalistas y como un sujeto de consumo.

Los colombianos debemos ser consciente de estas tragedias. Contrario a los que dicen de que estos lamentables hechos son producto del cambio climático, de la deforestación, incluso un osado congresista adujo que el responsable eran las FARC; la única responsabilidad es del Estado por cuanto su único interés es favorecer a los grandes capitalistas, y no las necesidades de su pueblo. En esa medida lo que se quiere es un cambio estructural del Estado, no buscar culpables como “chivos expiatorios” sino poner el acento en el modelo de Estado que tenemos. Por otro lado la responsabilidad también es nuestra al elegir como nuestros gobernantes a máximos exponentes del neoliberalismo.

Posdata: Un gran reconocimiento al calor humano y solidario de los “de abajo”, la clase humilde y trabajadora de este país con sus aportes a las familias de Mocoa y un reproche a aquellos ilustres congresistas y otras élites indiferentes a la tragedia.

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