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La confianza en el Sur

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La Corte Suprema de Justicia de Colombia en la sentencia contra Diego Palacio, exministro de Uribe, por la compra de votos para la reforma constitucional de la reelección, dictaminó lo siguiente: “Ni más ni menos se trató del Estado sobornando al propio Estado para el logro de un cambio constitucional que indudablemente afectó el desarrollo institucional del país, y el de todos los ciudadanos colombianos, a quienes se les exige respetar la Constitución y las leyes, cuya formación en circunstancias como las comprobadas en este asunto; no pueden generar menos que desconfianza, falta de credibilidad y desobediencia en sus destinatarios”.

Luego de la negociación con las Farc, quedó en evidencia que el mayor problema de Colombia es la corrupción, la cual se ha robado la educación, la salud y la infraestructura, cuestión que ha limitado el desarrollo a este país. Hasta el jerarca católico de la pastoral social, Héctor Fabio Henao señaló que esta sociedad en muchas ocasiones es moralmente enferma, pero a la vez tiene muchas fortalezas como la solidaridad demostrada con Mocoa. Aunque en este último caso, también se demostró la desconfianza de los colombianos en hacer donaciones,  y el aprovechamiento de algunos “vivos” que querían apropiarse de las ayudas que se enviaron al municipio.

 No quiero ser pesimista, pero la realidad del país ha generado una crisis de valores y principios, que ha generado un capital social negativo, en donde el  Estado se ha convertido en  un enemigo para promover confianza y garantías para que los ciudadanos puedan trabajar conjuntamente y generar procesos sociales que pretendan apostarle a un mejor país. Ante esto, es fundamental unos nuevos acuerdos y concertaciones entre el Estado y la sociedad civil, y como lo sustenta Kliksberg (1999), es necesario en este acuerdo apostarle a una búsqueda de una visión más amplia e integral del desarrollo, que incorporen en plena legitimidad, la participación de la ciudadanía. 

Sin embargo, para Peter Evans (1996), los componentes que forman el capital social, entre los cuales se encuentra el compromiso cívico, la integración social y las normas de confianza, pueden ser promovidos por las esferas gubernamentales, e inclusive, ser utilizados con miras al desarrollo.  En este sentido, me parece importante destacar las acciones adelantadas por la gobernación de Nariño que pretenden generar procesos sociales innovadores desde el gobierno que buscan empoderar a los ciudadanos a través de herramientas tecnológicas, creando confianza y logrando, en cierta medida, la definición del desarrollo territorial en la región.

Los valores históricos de resistencia y de movilización en Nariño, con la innovación,  han permitido construir hechos y acciones que han logrado destacar a esta región en varios frentes desde la astronomía hasta las políticas públicas de gobierno abierto, tanto así que se propone una nueva forma de gobierno  para el país. Estos valores se han reforzado con la cultura, la cual ha sido decisiva para el reconocimiento mutuo y para el desarrollo de la autoestima colectiva, lo cual ha fortalecido la credibilidad en las potencialidades de los nariñenses. 

Ahora bien, para continuar por la senda de la confianza,  es necesario, por lo menos, cuatro aspectos:

1. Qué el gobierno que se propone desde el sur conlleve a ejecutorias en obras y servicios para el beneficio de todos los nariñenses, especialmente en la costa pacífica en donde los niveles de necesidades básicas insatisfechas son muy altos. Esto, aparte de garantizar bienes básicos permitiría una legitimidad por resultados, fundamental para crear confianza.

2. La propuesta de Nariño debe fortalecer las líneas comunicantes con el Nariño diverso, afro e indígena, actores fundamentales de la cultura,  tradición y del territorio. Esto frente a la gestión de proyectos que permitan fortalecer organizativamente a estas comunidades y ofrecer condiciones económicas- productivas.

3. Incluir elementos del contexto del posconflicto para acompañar procesos de transición de la guerra a la paz en los municipios más afectados por el conflicto armado en el departamento.  En donde se aprovecharía crisis como la presentada en la vía al mar frente a la sustitución de cultivos, para la defensa del territorio nariñense sin cultivos ilícitos pero con garantías a familias de campesinos que viven de estos cultivos. 

4.  Fortalecer la integración territorial y social entre la costa y la sierra, para lograr inclusión y construcción de acciones positivas para estrechar los lazos subreregionales.

 

Aquí, las posibilidades desde la innovación y gobierno abierto se convierten en retos que se constituirían en alternativas y oportunidades para  estrechar lazos de confianza hacia el Estado, desde las regiones. 

 

Referencias:

Kliksberg, Bernardo .Capital social y cultura, claves esenciales del desarrollo. Publicado en  Revista de la CEPAL No. 69, de  diciembre 1999

 Evans, Peter (1996)Government Action, Social Capital and Development: Reviewing the Evidence on Synergy. World Development, Vol. 24, No. 6, pp. 1119-I 132,

Fukuyama, Francis (2001) Social capital, civil society and development, Third World Quarterly, 22:1, 7-20,

“Esta es una sociedad enferma moralmente”: monseñor Héctor Fabio Henao. 11 de abril de 2017. En: http://www.elespectador.com/noticias/politica/esta-es-una-sociedad-enferma-moralmente-articulo-688922

Mario Cepeda Bravo

Director de Página 10. Consultor y analista político con amplia experiencia en zonas con alto grado de violencia, con gran capacidad de negociación y resolución de conflictos. Experto en Sistema General de Regalías y control fiscal. 

 

Correo Electrónico: director@pagina10.com

Twitter: @mariocepedabra

Sitio Web: www.mariocepeda.com

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