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En Pasto perdió la guerra sucia: ¿por qué?

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Una de las conclusiones que dejan las últimas elecciones es la de que los partidos Conservador y Liberal cada vez más tienden a su fin. Otros, que han ido formándose con “caudillos” a sus expensas, han nacido y muerto con la misma espontaneidad. Los que se sostienen ha sido por la sobrevivencia de su creador, que depende de su propia vida política o biológica y hasta de su salud.

Excepto Ipiales y la exprovincia de Obando, Pasto y Nariño han mantenido un conservatismo histórico. Primero fue su oposición a la campaña libertadora, por anatema del obispo español Salvador Jiménez, diócesis de Popayán, a la que pertenecía esta región. Vino luego, su resistencia al radicalismo liberal en la llamada Guerra de los mil días, de trasfondo ideológico masón, fuente de poder aún en los tiempos actuales.

 

Otro obispo español, Fray Ezequiel Moreno, en propiedad de la recién erigida diócesis  pastusa de entonces, fue quien anatematizó la guerra contra ese liberalismo. A él, unido a la élite terrateniente pastusa, se debió la debacle del General Avelino Rosas, que venía desde Ecuador del también radical Eloy Alfaro. La noche del 19-20 de abril de 1970, en Pasto y Nariño se ejecutó el “tigrillazo Noriega”, cuando se conformó el fraude para que Misael Pastrana asumiera la presidencia en vez del entonces ganador, Rojas Pinilla. Claro que uno no sabe qué hubiera sido peor, si Las cuatro estrategias de Misael u otro raponazo más del abuelo de los hermanos Moreno Rojas, con la diferencia de que al dictador sí se le vieron las obras que transformaron a la Colombia rural de ese tiempo.

 

Pasto y Nariño de entonces han cambiado mucho hasta el día de hoy. Yo he sostenido que la causa mediata fundamental de la radical transformación de la mentalidad actual ha sido el reflujo que “sufrió” Pasto, de manera muy particular, en la crisis que tocó a Colombia y al mundo en los 70’. A inicios de esa década, comenzaron a llegar a su única universidad entonces (U de Nariño) una masa de intelectuales “desplazados” desde otras latitudes, aun internacionales. Ellos fueron los encargados de “formar” a sus futuros profesionales.

 

La campana que anunciaba clases en el republicano edificio de su facultad de derecho, se calló para siempre y quedó como símbolo del pasado. Los nuevos profesionales –principalmente docentes- nacidos de esta década, transformaron con lentitud inexorable la mentalidad de las nuevas generaciones de nariñenses y, por ende, el voto de opinión. Las causas inmediatas las dejo a sus analistas de hoy y de allí.

 

Quizá lo anterior explique de manera mediata la bofetada que representó el voto de opinión del 73.2% contra la actual administración municipal y que escogió como nuevo alcalde a Pedro Vicente Obando, quien cuando fue el rector de su Udenar, le dio un giro de progreso de 180 grados. Él ganó a pesar de la campaña sucia montada en su contra, que llevó a que el CNE suprimiera su inscripción por firmas anuladas. Con inteligencia, sapiencia jurídica y sensatez, Obando y sus asesores lucharon y vencieron. Siempre los acompañó una democrática presión ciudadana. Quien venía segundo en las encuestas –el mismo que quedó de segundero en la elección- proviene de las toldas de Cambio Radical, partido del vicepresidente Vargas Lleras, el mismo que avaló a la gobernadora electa de la Guajira y a otros cuestionados: la “Real Politik”, pues Vargas Lleras se prepara para la contienda presidencial de 2018. ¿Otra vez las extremas, derecha o izquierda corruptas, al poder? ¿Aguantaremos los colombianos más de lo mismo?

 

El camino del gobernador electo, Camilo Romero, no ha sido diferente. Propalaron miles de infamias sobre él. Hasta le endilgaron ciudadanía venezolana. Pero quien fuera su segundero siempre, del partido de la U, no logró rebasarlo, a pesar de que desde el 6% de agosto llegó hasta el 34,41% el domingo 25.X.15. Pero nada pudieron hacer sus 207.639 votos contra los 314.975 (52.2%) del candidato Romero. 29.X.15

Alejandro García Gómez

Nacido en Sandoná, 1952. Sostiene la columna de opinión DESDE NOD en periódicos del país y en Ecuador. Ha publicado los poemarios TRANSPARENCIAS (Medellín, 1991), CARTAS DE ODISEO (Medellín, 1996), ALFABETO DE SOMBRAS (Medellín, 2003), EL PARAÍS DE LAS CARCAJADAS AUSENTES (Pasto, 2016), el libro de cuentos NO ES POR AZAR QUE NACEMOS (Medellín, 2004) y la novela EL TANGO DEL PROFE (Pasto, 2007). Ha participado en varias publicaciones colectivas. Fue fundador y pertenece al Consejo de Redacción de la Revista MASCALUNA (Medellín).

Ha publicado ensayo, cuento, poesía y crónica en algunas revistas y periódicos del país. Ha sido ganador de algunos concursos de poesía y cuento en el país, entre ellos el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía del Servicio Civil (Bogotá, 1988), Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento del Servicio Civil (Bogotá, 1989), Tercer premio Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra (Medellín, 1994), Primer Premio Concurso Nacional de Cuento auspiciado por la Asociación Nacional de Empleados  del Banco Industrial Colombiano, ADEBIC, (Medellín, 1996).

Ha sido jurado en algunos concursos literarios regionales y nacionales del país. Es Licenciado en Química y Biología de la Universidad de Nariño (Pasto) y Magíster en Educación de la Universidad de Antioquia (Medellín). Trabajó como docente de Química y Biología en el colegio San Luis Gonzaga de Túquerres (Nariño) y en el Departamento de Ciencias Naturales del INEM José Félix de Restrepo de Medellín. Actualmente es pensionado.

 

E-mail: pakahuay@gmail.com

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