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Humanizar la condición docente

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1999- La Resolución 0102 de la Secretaría de educación de Antioquia (Seduca) fijaba el máximo de docentes por institución, al resultado de multiplicar el número de grupos de un plantel educativo por el factor numérico 1,65 profes. O, sea cada colegio debía tener 1,65 docentes/grupo. El número de estudiantes/grupo debía ser de 45, mínimo. Nunca se nos explicaron las razones pedagógicas de esta cifra. 

 

2000.- El infalible índice (1,65) debió haber fallado, ya que según Resolución 887/02, la misma Seduca lo modificó: Si el establecimiento era de jornada única, el factor seguiría siendo el enigmático 1,65; pero si tenía dos jornadas, el multiplicando debería ser 1,5. Como es lógico, con esto mermaría el producto de la misteriosa multiplicación y por consiguiente el número de docentes a contratar, que posiblemente era lo que se buscaba. Así se siguió aplicando por algún tiempo más, aun cuando ya la educación fue “certificada”, es decir, la tomó el municipio de Medellín, o sea, cuando pasó a ser administrada por la Secretaría de Educación Municipal (Edúcame). 

 

Hoy por hoy el factor ha rebajado a 1,36. O sea, aún menos profesores para cada institución. Para educación media técnica se acepta 1,7 docentes/grupo. 

 

Por ley, cada docente debe atender 22 horas clase/semana. Es decir, si la asignatura es de una hora/semana, el docente tendrá 4 grupos de ella y las otras dos se la cuadran con una que sea de 2 clases/semana o con dos de 1 clase/semana, para un total de 22. Sea o no especialista en ellas, hay que “cuadrarle el tiempo”. Pero este docente se puede considerar afortunado: sólo deberá atender entre 200 y 270 estudiantes /semana. Si su especialidad son las Ciencias Naturales, por ejemplo (3 clases/semana), deberá atender 8 grupos: siete de su especialidad y una, diferente a su especialidad (“que se la cuadramos”) para las 22 hora/semana. Atenderá entre 300 y 360 estudiantes de diferentes “salones”/semana. Y así con las otras áreas, según la intensidad semanal.

 

Hablemos ahora de la preparación de docenes. Para aumentar la eficiencia se debe invertir en mejorar la calidad de los profesores. Obvio. Pero aquí, por ley, cualquier profesional de cualquier disciplina (ingenierías y arquitectura, ciencias básicas o naturales, y humanas y sociales) puede ser docente de escuela o de colegio. Sólo necesita presentarse al concurso que el Mineducación realiza cada cierto tiempo y esperar a ser llamado. En Países como Finlandia y Corea del Sur los requisitos para ser docente son de exigencia. Estos países hoy son modelo de “milagro” educativo. En Finlandia hay que estar entre el 10% de los mejores alumnos para solicitar la entrada en los estudios universitarios de magisterio; en Corea del Sur, entre el 5%. Claro que así mismo el respeto efectivo -material y espiritual- por parte de la sociedad y del Estado está garantizado. Así se avala el alto nivel de los futuros profesores y ellos tienen un trabajo de alto prestigio y pagado de igual a igual con otras profesiones liberales. Entre nosotros, nuestras Facultades de Educación son las de menor presupuesto y mínimas las exigencias para su ingreso por parte de los estudiantes. Y no por culpa universitaria.

 

Las apuestas sobre políticas educativa no deben ser gubernamentales sino de Estado. Que cualquiera sea el gobernante o su partido, se vean en la obligación de seguir por una línea educativa de excelencia trazada, y con el correspondiente presupuesto. De otra manera seguiremos teniendo Ginas Parodys con sus planes y programas más para las tribunas que para la educación, con el fin de labrarse su futuro político. 

 

Nota de “Niño” dudoso. – Da la impresión de que el gobierno y el Ideam, luchan por decretarle mayor intensidad al fenómeno de El Niño. Con persistencia, se sigue hablando del impuesto que remediará los 8 mil millones de dólares esfumados. Así pagamos ya, entre todos, las pérdidas de los bancos: con el 2, 3 y 4 por mil.

Alejandro García Gómez

Nacido en Sandoná, 1952. Sostiene la columna de opinión DESDE NOD en periódicos del país y en Ecuador. Ha publicado los poemarios TRANSPARENCIAS (Medellín, 1991), CARTAS DE ODISEO (Medellín, 1996), ALFABETO DE SOMBRAS (Medellín, 2003), EL PARAÍS DE LAS CARCAJADAS AUSENTES (Pasto, 2016), el libro de cuentos NO ES POR AZAR QUE NACEMOS (Medellín, 2004) y la novela EL TANGO DEL PROFE (Pasto, 2007). Ha participado en varias publicaciones colectivas. Fue fundador y pertenece al Consejo de Redacción de la Revista MASCALUNA (Medellín).

Ha publicado ensayo, cuento, poesía y crónica en algunas revistas y periódicos del país. Ha sido ganador de algunos concursos de poesía y cuento en el país, entre ellos el Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía del Servicio Civil (Bogotá, 1988), Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento del Servicio Civil (Bogotá, 1989), Tercer premio Concurso Nacional de Cuento Carlos Castro Saavedra (Medellín, 1994), Primer Premio Concurso Nacional de Cuento auspiciado por la Asociación Nacional de Empleados  del Banco Industrial Colombiano, ADEBIC, (Medellín, 1996).

Ha sido jurado en algunos concursos literarios regionales y nacionales del país. Es Licenciado en Química y Biología de la Universidad de Nariño (Pasto) y Magíster en Educación de la Universidad de Antioquia (Medellín). Trabajó como docente de Química y Biología en el colegio San Luis Gonzaga de Túquerres (Nariño) y en el Departamento de Ciencias Naturales del INEM José Félix de Restrepo de Medellín. Actualmente es pensionado.

 

E-mail: pakahuay@gmail.com

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