1984 -George Orwell. Reseña

 

“Para el futuro o para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios… Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser desecho: Desde esta época de uniformidad, de este tiempo de soledad, la Edad del Gran Hermano, la época del doblepensar… ¡muchas felicidades!”.

 Es la dedicatoria que Winston Smith, protagonista de esta novela distópica, inserta al comenzar la redacción de un diario, documento que no es simplemente la recopilación de los hechos de su vida, sino el medio de expresión de la consciencia y la rebelión de un individuo frente al régimen totalitario de un superestado futuro, ilusorio, pero no del todo improbable.  En efecto, 1984 narra la tragedia de este personaje, que transcurre al interior del complicado engranaje del Partido Único que gobierna en Oceanía, país alejado en el tiempo, donde ha triunfado una de las tantas revoluciones sociales que van y vienen por las páginas de la historia humana, revolución cuya consecuencia es la tiranía del INGSOC o SOCIALISMO INGLES, cimentado en la filosofía política que se denomina Colectivismo Oligárquico.

Orwell se encarga de construir un mundo sombrío que ha sobrevivido a la Segunda Gran Guerra, pero que de manera gradual cambia debido a las consecuencias sociales, económicas y políticas que deja el conflicto; el mapa geopolítico  sufre severas transformaciones desde entonces, de manera que tres superpotencias surgen: OCEANIA, EURASIA y ASIA ORIENTAL, que se enfrentan permanentemente para definir o extender sus fronteras y territorios.

El partido único es el ejemplo a ultranza de las ideas fascistas, nazis y socialistas combinadas en su justa medida, dentro de un modelo de estado absolutamente represor, liderado por un caudillo con poderes omnímodos, “El Gran Hermano”, padre e ideólogo de la Revolución del INGSOC, cuyo dominio se cimenta en una estructura gubernamental integrada por cuatro ministerios: el Ministerio de la Verdad, dedicado a las noticias, los espectáculos, la educación, y las bellas artes; el Ministerio de la Paz, para los asuntos de guerra; el Ministerio del Amor, encargado de mantener la ley y el orden; y el Ministerio de la Abundancia, al que corresponden los asuntos económicos; ministerios que se ocupan en conjunto, de llevar a la práctica con precisión y eficacia los tres slogans del partido: “La Guerra es la paz; La Libertad es la esclavitud; la Ignorancia es la fuerza”.

El partido, además de los tres slogans, promueve una adaptación del lenguaje a sus propósitos institucionales, creando de manera gradual un idioma nuevo denominado “neolengua”, el cual al contrario de lo que sucede con un idioma normal que se enriquece de fonemas y sus significados a medida que pasa el tiempo, opera a la inversa, en un proceso permanente de eliminación de significantes, restringiéndolos a los estrictamente necesarios para la filosofía del estado. La neolengua se adopta pues, como el idioma oficial de Oceanía y su utilización es promovida con rapidez y eficiencia por el Ministerio de la Verdad. A este proceso de creación de la neolengua se añade uno, si se quiere, más complejo, el proceso del doblepensar,  que es de obligatoria práctica para todos los integrantes del partido, acto de autosugestión que consiste en hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuere necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria en cuanto se necesitare y luego olvidarlo de nuevo; y, sobre todo aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo; autosugestión que sin duda constituye la más refinada sutileza de este sistema distópico.

La parte baja de la sociedad está conformada por los proles, los ciudadanos comunes y corrientes, los obreros al servicio del estado, que es dueño único de los medios de producción, quienes dejan ir sus vidas entre las labores diarias, la propaganda mediática, los espectáculos deportivos y militares, y la normalidad aparente que les pinta el partido, sometidos a satisfacer las necesidades básicas con los suministros periódicos del gobierno, que para manipularlos se encarga con toda aplicación, a través del Ministerio de la Paz, de mantener una guerra permanente con cualquiera de las dos superpotencias limítrofes: EURASIA y ASIA ORIENTAL, de esta manera la guerra se convierte en instrumento para la paz, pues el pueblo confundido por el conflicto y alentado por la propaganda, olvida sus propias carencias en beneficio del fervor nacional, pensando y haciendo lo que este fervor reclama: trabajar duro para el estado y estar conformes con sus circunstancias y las decisiones del partido que todo lo prevé.

Los miembros del partido a su vez, encarnan la clase social dominante, pero el ejercicio del poder se limita a los miembros del Partido Interior, que son la verdadera dirigencia, quienes ejercen desde los altos cargos la autoridad del Gran Hermano; los demás no son más que funcionarios administrativos con competencias y funciones determinantemente regladas. Uno de estos funcionarios, es nuestro protagonista Winston Smith, empleado del Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad, que harto de su soledad existencial y gracias a su aguda inteligencia y capacidad de síntesis, logra reaccionar contra las huecas doctrinas del establecimiento político, su falsa propaganda y su reiterada y sistemática manipulación de la historia, manipulación de la que él mismo es consciente porque a eso se dedica en el Departamento de Registro, a la alteración de la historia y de los archivos documentales, a la manipulación de la opinión pública en beneficio exclusivo de los intereses del INGSOC.

Los funcionarios, para garantizar su total control, aparte del doblepensar están sometidos a diversos mecanismos de coerción, entre ellos las “telepantallas”, instaladas literalmente en todas partes, desde las oficinas, las calles, las esquinas, los lugares de reunión y alimentación, hasta las habitaciones y baños, con el objeto de impedir a estos pobres infelices cualquier manifestación de individualidad o pensamiento autónomo, más allá de los parámetros del partido, de manera que cada cual sabe que “El Gran Hermano lo vigila” las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. Además, como si fuera poco, todos sin excepción están monitoreados por la Policía del Pensamiento, organismo que como la Gestapo de Hitler, trabaja con base en el espionaje y la delación sistemáticos, nutriéndose de la información de las telepantallas y de las organizaciones cívicas creadas por el partido para sus propios miembros y sus hijos: Los Espías y la Liga Juvenil Antisex; porque el partido reprime incluso la práctica del sexo y la estabilidad familiar entre sus miembros.

Winston Smith, en su intento de rebelión, que no pasa de ser una angustiosa forma de escape dentro de un esquema de pensamiento uniforme por coerción, inicia como hemos dicho, la redacción de un diario, donde inserta su percepción de la realidad, su inconformidad con la misma y su odio contra el partido, incurriendo así en uno de los delitos que persigue la Policía del Pensamiento y que el Ministerio del Amor castiga con la muerte: Un crimen mental que consiste en la expresión verbal, escrita o de cualquier naturaleza, de una idea o comportamiento que atenta contra la ortodoxia del partido.

Winston Smith incurre en el crimen mental (crimental en neolengua) aun sabiendo que es imposible de ocultar ante el poder omnisciente del partido y de la Policía del Pensamiento, pero sigue adelante porque no puede aceptar como suya la realidad artificial en la que tiene que vivir,y en su aventura consigue una compañera de viaje, otra funcionaria de su propio  ministerio, una joven llamada Julia, que a su manera también se va en contra del orden establecido, no en una rebelión ideológica como la de Winston, sino de orden más pragmático, pues lo que busca en su compañero es amor y placer sexual, sentimientos prohibidos, reprimidos y combatidos por el partido.

La historia de amor y las ideas “crimentales” de Winston,  marcarán la suerte de la pareja que se enfrenta a la maquinaria monstruosa de un estado totalitario como nunca se ha imaginado el hombre civilizado; en el desarrollo de la novela llegan encontrarse con agentes de una organización que funciona en la clandestinidad, la llamada “Hermandad” que ejecuta operaciones subversivas  contra el andamiaje  político y gubernamental del Partido Único, y de la mano de un camarada llamado O’Brien logran acceder al libro escrito por Emmanuel Goldstein, cabecilla de la Hermandad, calificado por el partido como enemigo del pueblo y el máximo traidor de la revolución; este oscuro volumen le revelará a Winston la Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico y los más terribles secretos del INGSOC, permitiéndole obtener un claro entendimiento de las circunstancias en las que se dio la nefasta revolución que moldeó de manera tan atroz su mundo y entregándole además el verdadero y torcido significado de los tres slogans o axiomas del partido.

Lo que sucede con Winston y Julia, la siniestra verdad que contienen los axiomas del partido, la verdad sugerida sobre el origen y la naturaleza del Gran Hermano, el accionar de la Policía del Pensamiento contra la pareja, las dificultades y trampas que los dos deben afrontar hasta ver cumplido su destino literario, las aportaciones de O’Brien a ese destino, son cuestiones que el interesado podrá encontrar por sí solo con la lectura integral de 1984, cuya trama, a medida que se avanza en el libro, se hace cada vez más intrincada, insólita y atrayente.

En líneas generales hemos reseñado una de las distopías más célebres escritas durante la primera mitad del siglo XX, algunos han dicho que se trata de una metáfora trasparente y mordaz del régimen de Iósiv Stalin en la Unión Soviética, otros que se trata de una denuncia universal dirigida contra cualquier clase de totalitarismo, tanto contra los existentes para la época de publicación del libro (1949), como contra los que podrían venir en el futuro, muchos de los cuales vemos operando flagrantes hoy en día: sin ir más lejos y para citar un ejemplo, el Régimen Chavista que pretende perpetuar el señor Nicolás Maduro en Venezuela, clásico modelo por las contradicciones intrínsecas a su propaganda de estado, que a mí se me antojan una forma pura de doblepensar, pues según el mandatario el nivel de vida en la República Bolivariana es el mejor de todos los tiempos, cuando él mismo sabe y la realidad de los hechos así lo demuestra, que se trata de un país rico en petróleo pero desabastecido en gran medida de alimentos, con un alto nivel de inseguridad y alarmantes índices de pobreza; o para tocar un caso más propio, el de Colombia cuyo pueblo (nosotros) ha sido hábilmente manipulado por Uribistas y Santistas, que son también expertos en la propaganda de estado, en falsear la realidad según convenga a sus propósitos, que nos han inducido mil y una veces a doblepensar para que nos traguemos entero que la seguridad democrática se basta por sí sola para sacarnos de más de cinco décadas de guerra civil en medio de la desigualdad social, la concentración de la riqueza en unos pocos, la corrupción y la mala administración del patrimonio público, o para que nos creamos, como que Dios existe, que la prosperidad para todos se logra a fuerza de discursos y de programas gubernamentales teóricos, sin atacar de base los álgidos niveles de pobreza, de abandono administrativo y de falta de inversión social que afrontan las varias regiones y departamentos del país, entre ellas nuestro amado Nariño.

Definitivamente  estoy de acuerdo con quienes postulan, que de una u otra forma el futuro trazado por Orwell en 1984 nos ha alcanzado, aunque vivamos en una aparente democracia y el dominio de las masas se ejerza de una manera mucho más sutil, el argumento de la novela sigue vigente: en las estructuras del estado siempre hay fuerzas que tratan de beneficiar sus propios intereses, valiéndose para ello de la propaganda y de la manipulación mediática de la realidad, del poder que genera la administración de la riqueza y los recursos naturales de una nación, y de la seguridad que garantizan las fuerzas armadas y los organismos de inteligencia al servicio del establecimiento de turno, a las cuales siempre se puede recurrir si se quiere aplicar coerción física, pura, simple y efectiva, como siempre cuando es necesario.

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