25 años sin Héctor Lavoe, el “Ché Guevara” de la salsa

Por: Fabio Arévalo Rosero MD

La vida de Héctor Juan Pérez Martínez estuvo llena de tragedias desde su niñez. Pero en la forma de Héctor “Lavoe”, se colmó de éxito terrenal y fama para la posteridad. A pesar de ello fue una celebridad y se convirtió en ícono de la música latinoamericana.

Antes de morir ya era una leyenda y en una de sus canciones repetía: “Yo soy el cantante muy popular donde quiera, pero cuando el show se acaba yo soy otro humano cualquiera”. Era su sentimiento como artista. ‘Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno, las flores de la primavera y la calidez del verano’. Esa parecía ser la filosofía de Pérez el humano cualquiera, que como artista era casi único.

Héctor Juan es entonces el mismo Héctor Lavoe, el “cantante de los cantantes”. Willie Colón lo describió así en su carta de despedida: “Graduado en la Universidad del Refraneo con altos honores, miembro del gran Círculo de los Soneros, Poeta de la Calle, Maleante Honorario…”. Se fue hace 25 años pero dejó una herencia musical inestimable. Era como un un héroe vocal a quien le gustaba discutir con los dioses de la música para desarmar a contradictores, y así confundir a su propio destino.

El éxito y la tragedia inseparables de Lavoe

Héctor Pérez nació de una familia humilde en Ponce, Puerto Rico (PR) el 30 septiembre de 1946. A sus cuatro años muere su madre. Fue el comienzo de muchos golpes en su vida. A los 17 se marcha a Nueva York a buscar mejor futuro con su talento artístico. Allí conoció a Willie Colón, con quien conformó una gran banda que alcanzó numerosos logros en un modo desafiante y callejero. Hoy diríamos que bastaron amigos como Colón y otros tantos para cambiar su vida para siempre, para bien o para mal.

Posteriormente consolida su orquesta con la cual impuso un estilo único. Lanzó éxitos como “La Vida es bonita”, “La fama”, “El Todopoderoso”, “Triste y vacía”, “Mentira” y cientos de canciones más. “Che che colé”, “Ausencia”, “Calle luna calle sol”, “Todo tiene su final”, “Mi gente”, “El día de suerte”, “La murga”, “Periódico de ayer”, entre otros fueron los temas más pedidos por el público latinoamericano en sus presentaciones.

El inicio de los 80 estuvo marcado de eventos trágicos para Lavoe. La fractura de sus piernas al saltar por la ventana de su apartamento debido a un incendio, fue un hecho que se conjugó con su adicción a las drogas para hacer de él un hombre sumido en la depresión y al borde del abismo. Pero era el mismo que recitaba boleros con tal sentimiento que enseñaba: “Amor no mira linaje, ni fe, ni pleito, ni homenaje”. Dibujaba con sus canciones el mismo amor que puede prodigar la más noble y fiel mascota, llevado a la dimensión humana.

 

El 26 de junio de 1988, luego de la suspensión de un concierto en Bayamón, (PR), deprimido se lanza al vacío desde el 9o piso del hotel donde se hospedaba. La caída no le produjo la muerte, pero sí parálisis de medio cuerpo. La depresión en que se hallaba por una vida llena de desdichas: el crecer sin su madre, el asesinato de su hermano, la muerte de su padre, el asesinato de su suegra y la muerte aparentemente accidental de su hijo Héctor Jr. (que no andaba por buenos pasos), hicieron que el artista cayera en una sin salida. «Esa muerte le rompió el corazón», dijo Tito Nieves en una entrevista. «En ese momento muere el alma de Héctor Lavoe».

“La historia la hacen aquellos que rompen las reglas”

Su primer descendiente lo tuvo con una de sus seguidoras, Carmen, con quién no formalizó relación. De allí nació su hijo no reconocido José Alberto Pérez quien no tuvo acceso a él. De niño tenía que pagar las entradas a los conciertos para ver cantar al padre que tanto adoraba. Póstumamente se atrevió a escribir un libro sobre su vida: “La historia del Cantante”. Un texto tan sentido y sencillo que como colofón, deja una lección de la relación padre-hijo: “Volveré, papá, a ayudarte con la siega. – No, no quiero que vuelvas aquí. Quiero que luches hasta el final. No aceptes ninguna promesa. Infringe las reglas si hace falta. Y en los momentos duros, no tires la toalla… ¡jamás!” Y así fue, José es el único pariente de sangre que le sobrevive, a esa “Voz” que demostró que “la historia la hacen aquellos que rompen las reglas”.

 

“Es chévere ser grande, pero más grande es ser chévere”

Era gran improvisador y creativo en el escenario, ingenioso para la expresión desprevenida (algo similar al Maradona de hoy); alguna vez dijo una de sus mejores sentencias inolvidables: “Es chévere ser grande, pero más grande es ser chévere”, su sentido guarda una enorme sabiduría. Pocos meses antes de morir en ese trágico junio de 1993 (También falleció Louie Ramírez) en una entrevista a un medio colombiano, confesó que su canción favorita era ‘Che, che, colé’. Imperecedera porque salseramente fue para él la más exitosa y productiva. Aquí está la nota:

Tenía una rara fijación con las suegras. En una de sus primeras producciones con Willie Colón en la carátula anunciaba: ‘Si no le gusta este LP regáleselo a su suegra o alguien que le caiga mal’. En su canción “Soñando despierto”  canta: ‘anoche soñé que mi suegra se había muerto, y me puse a llorar al despertar y vi que no era cierto. Yerba mala no se muere, ni tu suegra aunque la aplaste un trol de cemento…’ Pero en la realidad quiso mucho a su suegra la mamá de su mujer “Puchi”. Hoy está enterrado al lado de ella, además de su hijo y esposa.

“Che, ché, colé”  su canción favorita:

Todo tiene su final

Héctor Lavoe pasó los últimos años retirado en NY, vivía de la ayuda que le prodigaban colegas como Ismael Miranda y Tito Nieves. Un día lo encontraron tirado en la calle como un indigente y fue hospitalizado. Semanas más tarde muere víctima del VIH el 29 junio 1993 en el Hospital Memorial Queens en NY.

Hoy es considerado como uno de los más grandes cantantes del género de la salsa (para los soneros el mejor), un ícono de esta cultura, el “Che Guevara” de la música y el Maradona de la salsa por su irreverencia. Su vida fue llevada en 1999 al teatro con la obra “¿Quién mató a Héctor Lavoe?” Y en el 2007, sale “El Cantante”, película controvertida sobre su vida, protagonizada por Marc Anthony y Jennifer López.

«Vino al mundo para gozarlo y sufrirlo. A pesar de que no era feliz, hizo feliz a mucha gente», dijo su hermana Priscila.  Es enterrado en Puerto Rico, acompañado una horda de seguidores. Se destaca la presencia de su amigo Ismael Miranda, que lo despide diciendo: «Él no está aquí con nosotros, pero su música sigue»

A un cuarto de siglo de su partida los homenajes a la leyenda no paran, sus canciones no dejan de sonar y su voz sigue siendo susurro para melómanos y coleccionistas. “El rey de la puntualidad” como irónicamente lo tildó Johnny Pacheco, decía “No es que yo llegue tarde es que Uds. llegan temprano”. Eso le pasó con la muerte, le llegó temprano a los 46 años. “Todo tiene su final nada dura para siempre…”

Apostilla: Aquí está uno de sus mejores momentos, con uno de sus temas himnos “El Cantante” (compuesto para él por Rubén Blades):

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