A Duque se le apareció la virgen

La pandemia está mostrando de qué están hechos la mayoría de líderes mundiales. A Trump  le podría costar su reelección, cuando por su extremo “americanismo” la tenía más fácil que sus antecesores. Tiene suerte de no enfrentar a Bernie Sanders que se ha retirado en favor de Joe Biden. Pero finalmente el manejo displicente e indolente frente a la emergencia sanitaria, le pasará una costosa factura.

El más querido alcalde de Ciudad de México, muy popular, hoy es presidente de su país. Se hace llamar AMLO (Andrés Manuel López Obrador), pero en realidad es MALO (Manuel Andrés López O.) y ha tenido de forma asombrosa una actitud folclórica y esotérica frente al manejo de la pandemia, promoviendo daño grave a las tácticas de enfrentarla. Su pueblo golpeado y mórbido, hoy le cobra con creces.

Ni hablar de otros gobernantes, especialmente de los llamados países del primer mundo. No tuvieron el talante de tomar decisiones a tiempo ante una de las más grandes amenazas de la humanidad. La mayoría de ellos caerán en desgracia por el daño irreparable que han permitido a sus países, a su gente con enorme pérdida de vidas humanas y la catástrofe económica que ello conlleva. Están acorralados en su laberinto los presidentes de los gobiernos de España, Italia, Francia y Gran Bretaña entre otros.

El Covid 19 hoy tiene preferentemente arrodillados a los hombres y países supuestamente más poderosos del mundo, desnudando la mentira del poder y el dinero con lo que presumían y hasta humillaban. Los opulentos príncipes árabes que nadan en oro y dinero hoy están convertidos en mendigos de la salud con 150 miembros de la realeza infectados. El príncipe Faisal Bin nieto del rey Salmán está crítico en cuidados intensivos. Luego de esta pandemia, que durará unos dos años (el Sars 1, menos contagioso duró año y medio), el mundo será totalmente distinto. Las vanidades serán vergonzosas y las opulencias de nada serviràn.

Algo inédito ha ocurrido en Colombia, al menos hasta hoy. El presidente Ivàn Duque venía remando con dificultades en un gobierno impopular. Estaba afectado por la polarización de Uribe, las obvias imposiciones de su partido y la dura presión de la oposición. Su desgaste era inevitable, por mejor que lo hiciera pocos lo reconocerían. Pero le llegó su verdadera prueba de fuego, aquella que estaba desmoronando a los supuestos mejores líderes del mundo. Ante la amenaza de la pandemia por el Covid 19, como presidente se deslindó de todo el mundo, salvo de una sola cosa: la ciencia. Totalmente blindado y asesorado asumió toda la responsabilidad, al punto de tomar una decisión oportuna para el confinamiento del país, algo inédito, duro pero difícil de controvertir.

Claudia López quiso imponerle una agenda, Duque sereno obró más con inteligencia que con la emocionalidad de López. Los amagues que hizo la alcaldesa de Bogotá por tomar el rol protagónico, no le han salido bien. Bogotá hoy es centro de la pandemia, una especie de Lombardía colombiana. Con casi la mitad de los infectados del país, es la región donde crece el número de contagios con más fuerza. A pesar de la dedicación, la ciudad está en una de sus peores crisis con frecuentes protestas de trabajadores informarles, sectores muy vulnerables y de los miles con hambre que izan franelas rojas para pedir auxilio ante la desprotección inevitable.

El presidente colombiano tomó la decisión en el momento preciso, justo y oportuno. Ni antes ni después. Más temprano que Italia y España, por ejemplo, que hoy padecen la peor crisis global de su historia. Al no obrar como los países de alto desarrollo como EEUU, China, Francia y Gran Bretaña, Duque ha contribuido a salvar vidas y a atenuar la peor catástrofe socioeconòmica del país.

Dio una respuesta anticipada y temeraria, que ha contribuido a aplanar la curva potencial de trasmisibilidad o al menos a evitar el crecimiento exponencial de la pandemia como hoy ocurre en la mayoría de países desarrollados (la aparición diaria de nuevos casos en una epidemia es inevitable). El líder colombiano en sus diarias intervenciones muestra extraordinaria fluidez y conocimiento frente al manejo de la emergencia sanitaria. Se muestra didáctico y consecuente.

Lo malo, son las enormes necesidades de la gente que cada día de cuarentena se multiplican. A pesar de ello da la cara y se apalanca en el máximo de soluciones posibles, ante lo casi imposible. El lado regresivo de esta crisis, son los reductos ideologizados, que aprovechan hasta los infortunios. Tal vez no son conscientes de la catástrofe en ciernes y continúan con acciones polarizantes; se resisten a hacer un frente común contra un enemigo de la humanidad. Lamentablemente, los comportamientos insolidarios tienen consecuencias.

Políticos ideologizados y religiosos adoctrinados tienen un símil. Allí está el caso del pastor que menospreció el coronavirus y murió dramáticamente con el Covid19 adentro. Bolsonaro y López Obrador derrotados piden auxilio; Maduro en pánico pide cacao al FMI. Boris Johnson vencido, el príncipe Carlos reducido. En Colombia las directrices y estrategias del gobierno contienen de forma casi mágica la expansión de la pandemia, al reducir al máximo el poder de contagio. De mantenerse ese crecimiento a ritmo matemático, se logrará un éxito que no estuvo al alcance de los más ricos y poderosos del mundo, por el orgullo y la prepotencia acumulados. Su avance geométrico los desmorona y a pesar del tiempo jamás volverán a ser lo que fueron.

Hoy Colombia tiene aun una gran oportunidad para superar la crisis, tal vez la más difícil de su historia. Falta mucho, pero es posible y todo por la oportunidad que ha tenido un gobernante en su peor momento. Paradójicamente a Duque se le apareció la virgen, con la posibilidad de pasar a la historia de continuar obrando bajo la evidencia científica.

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