A propósito del apellido Mora en la independencia de Cartagena

A mi fraternal amigo Jorge Mora Caldas, quien cuenta entre sus ascendientes reconocidos exponentes con la virtud de sabios.

A estas horas de la vida, de las gratas recordaciones y de las duras adversidades por las que atraviesa la humanidad, quién iba a pensar que un tal maestro Juan Mora, hubiera hecho parte preponderante de la independencia de Cartagena, ocurrida hace precisamente 219 años. Y,  peor aún, en esta época de tanta confusión y perturbación, de tanta violencia e intolerancia, quien se va a remontar a las páginas de nuestra historia patria, infortunadamente olvidada o relegada al cuarto de San Alejo.

Sobra decir que, acerca de Cartagena de Indias, contamos con un valioso y considerable acopio de obras históricas. Y, entre tantas, he vuelto a las páginas de una verdadera rareza y curiosidad bibliográfica. Se trata del libro que lleva por título LIENZOS LOCALES ( Cartagena, 1955) del eminente intelectual cartagenero Aníbal Esquivia Vásquez, de la estirpe de los Esquivia de Castilla la vieja. Del sugestivo y sugerente capítulo EL TAMBOR DE LA REVUELTA, recordemos esta llamativa novedad:

 “Hubo en Cartagena un obrero sin mácula a quien incautos jueces, influidos de alegres deducciones a causa de sospechas, intrigas, calumnias, perversidades de las malas gentes, condenaron a la tortura, en la época aquella del coloniaje. Y atado al madero giratorio, a la burla de la necesidad, al bochorno del sol, a la humedad de la noche, al aguijón de moscos y mosquitos, estuvo días,  tres completos, el maestro Juan Mora, con su cabeza rapada, su paruma raída, su desnudez, untada de almíbar y su orgullo erguido. Hombre de espíritu robusto, sobrevivió al desgarramiento de la carne.

 Al cabo de los meses, al alba del 11 de noviembre de 1811, retumbaba por las calles de Cartagena un tambor acompañado de sonsonete zumbón. Era el sonoro parche de Juan Mora. El maestro Mora que precipitaba la diferida revuelta e invitaba a la inmediata acción. La afrenta del chapetón al criollo decidió la heroica rebelión. El pueblo rompió su amarradero y rubricó el Acta de la Independencia, vigorosa y documentada para declarar “a la faz de todo el mundo la libertad, soberanía e independencia de Cartagena de Indias”… La libertad de Cartagena y de Colombia que reventó al redoble atrevido y glorioso del tambor de Juan Mora,  héroe mínimo de la audaz victoria.”

 ¿ Cuál el ascendiente genealógico de este héroe oculto de nuestra gesta libertaria ? Entre gallos y media noche, apenas recordamos el nombre del pintor y guerrero del siglo XVI, Diego de Mora, compañero que fue de Pizarro en la conquista del Perú. De resto, conforme a la vieja expresión de la reina Isabel la Católica, “ Averígüelo Vargas “ . ( Sin que jamás, pongamos en semejante trance a nuestro gestor del Cambio Radical).

Del lejano recuerdo del referido héroe del montón , el maestro Juan Mora, nos trasladamos al sur de Colombia, en donde nos topamos con el apellido Mora, en las localidades de Túquerres e Ipiales. Larga sería la enumeración de ilustres y renombrados personajes que ostentan dicho apelativo, del cual, con tanto conocimiento y minuciosidad, nos da cuenta nuestro ilustre y versado amigo Jorge Mora Caldas en su obra Reminiscencias ( Bogotá, 1994).

Para nuestra satisfacción, del ayer lejano, bástenos recordar el nombre de Rosendo Mora, humanista, matemático y educador, de quien su compañero de estudios en la Universidad Nacional, el sabio Fortunato Pereira Gamba, expresó:  “ Rosendo Mora, austero, frío, incansable en el estudio, algo como Robespierre en su figura, analista, dogmático …”. En una palabra, una lumbrera del conocimiento científico.

Y de época más reciente, caso excepcional, los nombres de los hermanos Luís Eduardo Mora Osejo, doctorado en ciencias naturales, en la Universidad de Frankfurt y director del Jardín Botánico José Celestino Mutis; Humberto, Jurisconsulto de encumbrados méritos, catedrático y magistrado; y Luciano, doctorado en matemáticas en la Universidad Nacional de Colombia, y especializado en Universidades de Alemania y Bélgica. Sin exageración alguna, una trilogía de sabios, honra y orgullo, no solamente de Túquerres, su tierra nativa, sino de nuestro departamento de Nariño y del ámbito de la cultura Colombiana.

Y, entre todos ellos, sin olvidar jamás, al maestro ipialeño Chepe Mora, músico y cantor radicado en mi tierra nativa, La Cruz del Mayo.

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