Abusos en pandemia

Cansados de los ultrajes, abusos y tratos injustos, un grupo de trabajadores de la constructora BRUSSTOVI de la ciudad de Pasto, gerenciada por el arquitecto Álvaro Toro Villota, deciden buscar una voz que les permita visibilizar sus denuncias.  Son personas humildes, obreros, trabajadores y padres de familia que en las actuales circunstancias atraviesan momentos difíciles debido a los bajos ingresos que perciben como producto de un trabajo de 48 horas semanales, de trasnochos y afugias emocionales y presupuestales.

De acuerdo a sus declaraciones la constructora en mención lesiona sus derechos laborales y salariales por cuanto no reciben como pago lo pactado y acordado desde hace más de diez años, es decir un salario minimo. Este grupo de trabajadores denuncian que se estrellaron con la sorpresa de encontrar en una cuenta bancaria que les hicieron abrir recientemente, la suma pírrica de doscientos veinte mil pesos sin que conozcan las razones de esta afectación salarial. Según su testimonio, al hablar con algunos directivos de la constructora su único argumento fue que se encontraban en pandemia y no contaban con los recursos para sufragar los salarios acordados y pactados. Y, con tristeza y preocupación, manifiestan que les dijeron que “al que no le guste, simplemente se va y punto…”. Sin mayores explicaciones ni consideraciones.

Igualmente manifiestan que, transcurridos los términos legales para el pago de su prima de servicio, se encuentran con la infausta sorpresa que para ellos y en este año tampoco se les cancelará lo establecido por la ley.  Sobra decir que estos humildes trabajadores no cuentan con otros ingresos, que a duras penas perciben un salario mínimo y que de su salario dependen sus familias.  La desesperación es grande, la angustia comprensible, pues a duras penas consiguen con lo recibido comprar unos mínimos productos de la canasta familiar. Indignados se preguntan qué pasa con los subsidios que el gobierno ofreció a los empresarios para cubrir gastos salariales. Se cuestionan ¿dónde está ese dinero?

Fui testigo de las precarias condiciones en que deben cumplir su labor, casi que, a la intemperie, en una silla vieja y en condiciones deplorables. Pasan sus noches soportando el frío y expuestos a la inclemencia del clima. Si bien son humildes obreros, también es cierto que sus condiciones de trabajo deben mejorarse como lo indican las normas, la ley y los principios humanitarios.

Igualmente, estos humildes trabajadores me permiten observar como esta constructora no ha implementado lo recomendado en las normas de bioseguridad que les permita afrontar la pandemia covid19. Me indican unos viejos y vetustos barbijos como única dotación para prevenir un posible contagio y expandirlo fatalmente entre los miembros de su familia.  Me expresan con indignación que les toca lavarlo continuamente a pesar de que el material es prácticamente de papel.  Horrores que no se conciben y que nos llevan a preguntar la función de nuestras autoridades y el control que deben ejercer ante las empresas a las que se les otorgó la correspondiente autorización para reiniciar labores.

Su testimonio debe ser escuchado, su dignidad reconocida y sus salarios y prestaciones cancelados en los términos legales y con las máximas sanciones que impone la ley.  Las correspondientes autoridades deben brindarles la respectiva protección laboral para que no sean despedidos como retaliación por reclamar sus derechos laborales y salariales. Están decididos a hablar de frente y sin tapujos, y nos preguntamos si los mismos presuntos abusos estarán ocurriendo en otras empresas y constructoras de nuestra ciudad. Las autoridades correspondientes tienen la palabra.

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