Ahora vienen por las cesantías

Aníbal Arévalo Rosero

Dentro de toda esta andanada de reformas tributarias y económicas, la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) viene proponiendo que se deje de pagar los intereses a las cesantías y acabar con el 4 por ciento de la nómina que los empresarios tienen que hacer a las cajas de compensación familiar. Según ellos con esta medida se estaría fomentando el empleo.

Recordemos que fue la Anif la que propuso que a los jóvenes trabajadores, entre los 18 y los 25 años se les pague el 75 por ciento del salario mínimo; el argumento es el mismo que se baraja cuando se hace la negociación del incremento salarial cada fin de año: dicen que no lo pueden hacer por encima del IPC porque se afectaría la oferta de empleo.

Según los expertos en los temas económicos esto no es más que un sofisma, puesto que no se cumple con el incremento de las plazas de empleo; los empresarios siempre van a trabajar con su misma nómina. El trasfondo de las cosas está en alcanzar mayores beneficios para el sector financiero.

La Anif está integrada mayoritariamente por los bancos del Grupo Aval, organismo que maneja la mayor parte del sector bancario y el mayor fondo de pensiones, como lo es Porvenir. Su propietario, el señor Luis Carlos Sarmiento Angulo, no tiene la preocupación de fomentar el empleo en Colombia, sino ver la manera de ocupar menos personal para obtener mayores dividendos.

La propuesta consiste en que, con aportes provenientes del Presupuesto General de la Nación  se pague un seguro de desempleo y las administradoras de los fondos de pensiones y cesantías obtendrían unas jugosas utilidades al no pagar intereses sobre estas últimas y grandes réditos por la administración de las primeras.

Hay que tener en cuenta que el financiero es un sistema especulativo que vive de las inversiones en diferentes acciones. El grupo Aval es el determinador del manejo económico del sector oficial y principal contratista con el Estado a través de un holding empresarial. Junto con Odebrech han contratado de manera irregular con el Estado, incumpliendo con los contratos y en otros casos obras de pésima calidad que han colapsado, como el puente de Chirajara.

Por lo tanto, el Grupo Aval, con Luis Carlos Sarmiento Angulo, y el Grupo Empresarial Antioqueño, el otro tiburón administrador de las prestaciones sociales de los trabajadores, no van a querer apoyar un Estado benefactor, sino que haya contratación y engorde de sus empresas. Lo poco que les queda a los trabajadores que devengan bajos salarios, como las cajas de compensación, que ofrecen recreación, salud, mercadeo y subsidio familiar, se perdería para acabar con pequeños estímulos que aún subsisten.

Además, el magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo se jacta diciendo que él ha puesto los presidentes en los últimos 30 años. Por eso es que en Colombia se volvió tan costoso optar por un cargo de elección popular. Los grupos económicos respaldan candidaturas presidenciales, al Senado y la Cámara, haciendo que queden endeudados. Y luego los que pagan los platos rotos son los trabajadores.

Las cesantías tienen un sentido de subsanar las necesidades del trabajador y su familia para posibilitar una mejora en la calidad de vida, recursos que expresamente están destinados para la compra o reparación de vivienda o inversión en educación. Con este propósito, los patronos tienen que consignar el valor equivalente a un salario mensual, hasta el 15 de febrero, en el fondo que haya escogido el trabajador.

Acabar con las cesantías y las cajas de compensación familiar contribuye a pauperizar al trabajador. Es una clara expresión del neoliberalismo que todo lo mercantiliza.

Mientras el pueblo colombiano siga embriagado con la verborrea con la que se despachan políticos de derecha y algunos izquierdistas populistas, mientras haya sindicalistas arrodillados a los patronos y al uribismo, tendrá que beberse el vino amargo de perder garantías que le permiten vivir un nivel de vida decoroso a la clase media, o peor de lo que están los sectores que viven del día a día.

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