Alma nariñense

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

Los productores de Fuego de Volcán, ese CD recopilatorio que cada año aparecía por estas fechas, ha dado un paso hacia el sector editorial y está próximo a lanzar el libro Alma Nariñense: 1944-1984, escrito por Óscar Rafael Salazar. En un tiempo en que se avecinan otros trabajos editoriales sobre música de nuestra tierra por diferentes autores, esta es una buena oportunidad para recuperar la historia de una orquesta que hizo época en Pasto.

Los comienzos de Alma Nariñense están ligados al Hotel Pacífico, un pequeño y simpático hotel ubicado en la calle 23 entre calles 17 y 18 costado sur y que pertenecía a los hermanos Benno e Ida Kahn. Fue esta última quien convirtió su salón principal en el centro de la bohemia pastusa de mediados de Siglo XX.

El Salón Pacífico ofrecía los conciertos de Alma Nariñense todos los viernes y sábados al atardecer. El conjunto en cuestión era entonces un quinteto fundado por los hermanos Hernando, Jesús y Jorge Burbano Paz y dedicado a interpretar bambucos y sonsureños. El quinteto tenía cuerdas, percusión y voz; pero la exigencia habitual de los huéspedes del hotel, lo fue obligando a ampliar su repertorio y a hacer más dúctil su formato instrumental.

Por eso para 1958 ya era, por un lado, una orquesta tipo jazz band, en la que un octeto de guitarra, tiple, bajo, violín, flauta, trompeta, bongós y voz, tocaba boleros, tangos y fox-trot en el Salón Pacífico; y, por otro, era una orquesta de 15 integrantes que amenizaba con cumbias, porros y gaitas los bailes del Club Colombia.

Alma Nariñense no fue la primera orquesta de este tipo en Pasto, pero si el primer ensamble que puso una música de alto nivel de ejecución al servicio del público en general. Hasta entonces las agrupaciones musicales en Nariño eran estudiantinas de colegios religiosos o bandas de retreta. Alma Nariñense se acercó, por un lado, a las orquestas típicas tan propias del tango, y por otro a las grandes orquestas estadounidenses del swing, cuya popularidad se había extendido por toda Colombia.

En tal sentido Alma Nariñense sucedió a la orquesta Jazz Colombia y sería fundamental para historia por dos razones: porque consiguió que Pasto tuviese una orquesta capaz de rivalizar con las grandes orquestas del panorama nacional como Américo y sus Caribes, Lucho Bermúdez o Edmundo Arias; y porque se mantuvo en primer nivel en una época en que los mejores músicos de la ciudad emigraban a Bogotá.

Es más, su relación con la Escuela de Música de la Universidad de Nariño le permitió ser una especie de máquina de pruebas para jóvenes talentos como el recientemente fallecido trompetista Eduardo Maya, y contar con músicos que eran al mismo tiempo profesores. Ese fue el caso del trompetista neoyorquino Fred Thayer.

Thayer había llegado a comienzos de los años 60 como voluntario del Cuerpo de Paz, una iniciativa cultural y cívica del presidente John Fitzgerald Kennedy para contrarrestar el llamado «imperialismo yanqui». Su trabajo en Pasto fue brillante y le dio una imagen más internacional a la música que se hacía en Pasto.

La historia de Alma Nariñense, por supuesto, está plagada de anécdotas como esta. Pasto era en aquellos años de mitad del Siglo XX una ciudad en proceso de transformación urbanística con el Plan Brunner y social con organizaciones como el Club de Leones o Proinco. El turismo comenzaba a dar un paso adelante y el comercio se dinamizaba. Todo eso lo amenizó este grupo de músicos talentosos, fuente de inspiración para lo que es el Pasto musical de hoy. Bienvenido su recuerdo.

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