Análisis del resultado electoral de Tumaco

Por: Raúl Alejandro Delgado

En redes sociales y medios de comunicación, varios ciudadanos se preguntaron con desconcierto por qué en Tumaco resultó elegido Duque y no otro candidato. En principio parecería incoherente, dado que se trata del municipio que más ha sufrido el rigor de la violencia en el llamado “posconflicto”, y sería ilógico que hayan elegido mayoritariamente a quien promete “hacer trizas” o “reestructurar” el acuerdo de paz y volver a los tiempos de la seguridad democrática. No obstante, en lugar de lanzar juicios descalificadores, es preciso tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Ganó la abstención: la jornada electoral se caracterizó por la baja participación de los electores, que solo alcanzó el 38% de la población apta para votar. La abstención puede interpretarse como cansancio, desazón o pesimismo ante quien quiera que se unja como presidente.
  • Oportunismo de Duque: con un discurso de mano dura, asistencialismo y propuestas populistas, Duque se alió con dos jefes políticos tumaqueños y logró obtener el primer lugar. En sí, esos votos reflejan la opinión de ciudadanos que acreditan que es necesaria la guerra frontal para acabar con los grupos armados organizados, amenazas y extorsiones.
  • Tumaco vive un momento crítico: en términos de seguridad, Tumaco atraviesa por un auténtico tormento: en 2017 y 2018 las cifras de homicidios han aumentado ostensiblemente, las extorsiones son pan de cada día y en los campos se presencian enfrentamientos contra varios grupos armados. Además de eso, se han sufrido más de cinco derribamientos de torres de energía, los jóvenes no tienen muchas oportunidades legales, el asesinato de líderes sociales no ha parado y el miedo hace que los liderazgos alternativos no encuentren mucho espacio para actuar.
  • Las maquinarias políticas no funcionaron como se creía: es útil considerar que Vargas Lleras juntó al menos seis jefes políticos locales, contó de su lado con varias personas vinculadas a la administración municipal y solo consiguió la tercera votación. En el día electoral, la campaña de este candidato dispuso transporte, refrigerios y otros incentivos en distintos puestos de votación. A diferencia de las pasadas elecciones de congreso, no hubo biometría en las instituciones educativas.
  • Los votos de Petro, Fajardo y De la Calle fueron de opinión y corazón: estas campañas no contaron con recursos, sede provista por el candidato o condiciones logísticas mínimas. Pese a ello, entre los tres lograron 16.870 votos, que es una buena cifra. Cabe recordar que esto es una proeza si se considera que en la política tumaqueña el clientelismo, compra de votos y maquinaria siempre tienen un lugar protagónico.
  • Una porción de los votos de Vargas Lleras pueden endosarse a Petro en segunda vuelta: la mayoría de los electores de Vargas respondieron a la influencia de los grandes jefes políticos locales, más no por convicción. Una buena parte de esa votación podría pasar a sumarle a Petro, ya que muchos son conscientes que otra época de terror como la vivida durante el gobierno de Uribe Vélez, sería intolerable.
  • Se requiere redoblar esfuerzos para segunda vuelta: la gran tarea pendiente será convencer al elector indeciso y hacerle caer en cuenta que con Duque volverían las fumigaciones con glifosato, la erradicación forzosa, el asistencialismo improductivo y la forma de conducción de Cedenar. Miriam Paredes, la jefa política de Cedenar está aliada con Duque y en su gobierno sencillamente continuaría manejando la empresa a su antojo. Además, hay que recordar que durante el gobierno de Uribe, en Tumaco se vivió la tasa de homicidios y extorsiones más alta de su historia, sin lograr solución alguna.

De otro lado, hay que insistir en que el eventual gobierno de Petro tendría todos los contrapesos posibles y que está comprometido con arrancarle la población a la criminalidad.

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