Antes que el pacífico desaparesca, seremos ceniza

Por: Víctor Manuel Mejía.

El mar en donde en un tiempo estaban inmersos los seres vivientes

Está ahora encerrado dentro de sus cuerpos.

ITALO CALVINO

Memorias del Mundo y otras Cosmicomicas.

Y el Océano guardará los cantos y las narraciones y los entregará a los cronistas que sumergidos en las marismas navegan el tiempo oceánico.

El océano está amenazado por descendientes de los centenarios iluminados del siglo de las luces, que en tres barcazas trajeron la cruz y el hierro y el ansia feroz de la riqueza fácil y desbordada de los límites naturales y humanos. Aborrecían el mito y condenaban la magia de las aguas que fluyen y reproducen la vida.

A cambio entregaron a la posteridad, cual germen de herencia maldita, la ciencia del cálculo de la ambición desbordada donde zurcen con filudas armas cualquier porvenir para beneficio propio.

Sus descendientes, con sus residuos que crecen y diluyen en la mar, aniquilan el plancton sustento de medusas y crustáceos, moluscos y peces. La golondrina de mar y el pez volador zurean las praderas marinas e impotentes ven precipitarse un porvenir igual a la tierra, que pudre y pierde su agua, transfigurándose en desierto. Un cardumen de plumudas hambrientas, veloces buscan el plancton, pero está en extinción. Los escualos cambian su hábito alimenticio por las historias que traen en sus cerebros los fabuladores, las devoran.

Los narradores deslumbrados dirigen sus pasos al mar. Regresan a su origen primario. En ellos existe el flujo-reflujo, sus líquidos suben y bajan. Ese ir y regresar tiene su tiempo. Es el tiempo oceánico, algunos lo perciben, pero otros no, el flujo-reflujo de sus cuerpos se cambió por el tic-tac de los relojes.

En la orilla de la mar bañan los cuerpos y con las mentes intentan capturar las creaciones depositadas en la Bitácora de la Mar Pacífica por antiguos soñadores. Están apurados a pesar que el fluir mareal les pide calma.

Con medio cuerpo sumergido sus oídos en alerta no escuchan el canto del tiempo oceánico: Silencio, no hay canto, no hay palabra oral ni escrita. ¡Silencio!, y tampoco regresa la lluvia.

Abierto está el libro del tiempo oceánico. Es un libro gordo, bitácora palimpsesta guarda más de 500 lustros. Cada cronista pasa hoja tras hoja, están perforadas por las polillas, hartas de celulosa muestran sus abdómenes aceitosos, se mueven a través de túneles ausentes de palabras, las engullen y convierten en materia de sus cuerpos.

Una a una las cuartillas inservibles caen y esparcen las cenizas en el mar.

La búsqueda no declina.

De pronto aparecen páginas intactas, ¡la polilla no las consumió!, el fabulador recobra la emoción y su rostro delinea la alegría del encantamiento, atmosfera de marismas, manglares y colinas.

En la última hoja apolillada del palimpsesto, el bitacorista escribió: todo lo que es y fue vivo regresa al origen, el océano reclama para sí a los seres vivientes que en tiempo lejano emergieron de esta su solución marina………

El texto restante lo consumió la polilla que en la Bitácora también reposa.

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