¿Aquí también nos pintaron pajaritos en el aire?

Por: Edwin Rosero Casanova.

El periodista Juan Pablo Calvas ha publicado un libro “Nos pintaron pajaritos en el aire” donde expone un análisis de los planes de gobierno a nivel nacional desde el gobierno del expresidente Alfonso López Michensen (1974) hasta el último gobierno del expresidente Juan Manuel Santos (2018). Con un análisis propio, nos da una radiografía más clara lo que nos prometieron, nos ilusionaron y al fin al cabo, muchas de esa promesas se han incumplido y se han quedado en el papel. Empezando que los planes de desarrollo tienen nombres llamativos que generan esperanza; en un país lleno de dificultades complejas de resolver en un periodo de cuatro años. Tuvimos dos expresidentes que gobernaron con la justificación de la reelección presidencial, y aun así la percepción en cumplimiento a las promesas plasmadas en dichos planes, es negativa. Somos un país que día a día generan noticias más decepcionastes, menos esperanzadoras y una nula credibilidad en las instituciones que nos representan. Llevamos a espaldas una cruz que la hemos sabido sobrellevar entre tantas dificultades.

En la percepción colectiva, un gran porcentaje de ciudadanos desconocen la funcionalidad de estos planes y que están ajustados a una normativa legal que se debería cumplir, y sino, sancionar. Hasta la fecha, no existe algún gobernante que haya sido sancionado por no cumplir su plan de desarrollo. Y dentro de la percepción de los gobernantes, pasa como un requisito que se debe cumplir. Hay que diferenciar entre gobernantes de ciudades capitales o departamentales que tienen encima más ojos abiertos; una ciudadanía que realiza control político, concejales y diputados incisivos a que se cumpla el plan de desarrollo; y aun así, el saldo sigue siendo negativo. ¿Y los planes de desarrollo de los municipios, que en su mayoría son pobres y categoría sexta, donde el 98 por ciento del presupuesto lo aporta la nación y el recaudo de impuestos mínimos, son nulo?

La normatividad, la metodología con que se deben hacer los planes de desarrollo, los pasos al formularlo, la coordinación entre Entes Territoriales departamental y nacional…etc. Están sobrevalorados y trillados dentro del cumplimiento legal público-político. Estamos generando conocimiento para dejarlo en el papel y nos estancamos en el cómo llevarlo a la práctica, a la realización, al cumplimiento de una promesa frente a la ciudadanía que confía su voto y elige.

No dudo la rigurosidad de las personas o empresas que se dedican a formular este tipo de documentos, donde la información es infinita, pero al mismo tiempo escaso por la actualización en la información; la proyección debe ser lo más aproximada a la realidad vivencial de cada municipio, departamento o país.

Preocupa los municipios donde hay enormes vacíos para formular un plan de desarrollo idóneo, ajustado a la realidad. El EOT (esquema de ordenamiento territorial) es unos de los vacíos. Estoy convencido que hay una nueva ciudadanía política que pide resultados mínimos, para abrir un espacio a creer en los gobernantes e instituciones.

Píldora: Los académicos de Nariño están en deuda en hacernos conocer si los planes de desarrollo departamentales han cumplido. Les recuerdo los últimos nombres rimbombantes: “Nariño Vive” (Cuellar); “la fuerza del cambio continua” (Zúñiga); “Adelante Nariño” (Navarro); “Nariño Mejor” (Delgado); y “Nariño corazón del mundo” (Romero).

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