Bajo el dolor de los humildes

Por: Parmenio Cuéllar Bastidas

No es fácil, cuando se lleva bien sembrado en el Alma el amor por el terruño, mirar impasible esa orgía de sangre que somete sin piedad a un pueblo, por más de medio siglo. Los samaniegüenses son mi másinmediata semejanza, como dijera de los colombianos el poeta Jorge Zalamea, en el Poema de las Escalinatas. Mis paisanos, y yo siempre junto a ellos, no aceptamos  -y no lo haremos jamás- esa lluvia de sangre que se nos ha querido imponer como destino.

Los samaniegüenses somos insurgentes; tal vez fuimos los primeros en Colombia que sacudimos los odios hereditarios liberal-conservadores y buscamos en hermandad elegir varios alcaldes progresistas que supieron construir bienestar y desarrollo.
Infortunadamente, el extenso territorio fue en ciertas zonas propicio para el cultivo de productos de uso ilícito, y esto, marcó desde entonces, no sólo la estigmatización contra vastos territorios, sino el sufrimiento de los campesinos inermes que padecen los abusos de los actores armados, como también de la fuerza pública.

De otra parte, en los albores de la década de los setentas llegaron también los grupos guerrilleros: FARC y ELN.
Pobreza, sobre todo rural, narcotráfico y conflicto armado con frentes guerrilleros muy activos fueron y siguen siendo tres ingredientes explosivos que marcarían el destino de los samanieguenses: sangre, sudor y lágrimas, como lo dijera Churchill cuando la segunda guerra mundial.

Los samaniegüenses nos confrontábamos en las elecciones municipales, pero nos uníamos en las presidenciales en torno a los candidatos de centro-izquierda: Carlos Gaviria primero, Gustavo Petro, luego.

Y allí, donde mis paisanos viven el abandono ancestral del Estado, el pasado sábado 15 de Agosto, en las horas de la noche, en un sector rural a escasos 2 kilómetros del casco urbano, y cuando departían en una reunión social, una decena de estudiantes fueron acribillados con armas de fuego que ocasionaron la muerte de 8 jóvenes estudiantes universitarios en Pasto, la capital del Departamento.

La noticia se conoció inmediatamente en todo el país a través de las redes sociales, pues los mismos victimarios la difundieron con un comunicado supuestamente del Ejército de Liberación Nacional, que se atribuía el hecho y lo presentaba como una sanción por violar el aislamiento obligatorio, a causa de la pandemia.
La noche nos sorprendió  esperando el comunicado del ELN, desmintiendo o confirmando la autoría del crimen. Como no lo hizo, no podíamos permanecer en silencio y en la noche condenamos el hecho y exigimos al supuesto agresor decir si ciertamente había cometido ese crimen horrendo.

Hoy se ha conocido el comunicado del ELN, que desde La Habana niega la autoría de los hechos y desmiente el comunicado que se le atribuye. Y la gente, en Samaniego, cree en la veracidad de lo afirmado por ese grupo armado.

Ahora que hay una mejor información de los hechos, tenemos claro que los agresores no llegaron a castigar a los estudiantes por violar el aislamiento preventivo, sino que los buscaban a algunos de ellos para asesinarlos.
Estos dolorosos hechos han conmovido a la opinión pública en el mundo entero por su crueldad, y por tratarse de jóvenes de hogares humildes que eran la ilusión de sus padres.

Ayer empezaron los cortejos fúnebres. La gente desfila en silencio. Saben quiénes fueron los agresores, pero tienen miedo de señalarlos. Las investigaciones judiciales, como siempre, no aclararan nada, y la muerte seguirá campeando en este apartado rincón de la geografía colombiana

Gracias, a todos los hombres y mujeres del mundo, que nos han hecho sentir el calor de su solidaridad.
Hasta siempre, hermanos caídos en el silencio. Jamás los olvidaremos!.

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