Balbino Arriaga a través de la academia

Forero, Clara & Benavides, Iván. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Artes, 2018. 156 p.

Iván Benavides Carmona nació en Pasto, ha tenido una carrera como diseñador gráfico realmente brillante, ya que desde muy joven obtuvo importantes triunfos en el campo artístico y del diseño, tales como ganador del concurso del cartel para el Carnaval de Negros y Blancos 2011 de la ciudad de Pasto; ganador del diseño para los carteles del séptimo y octavo Carnaval del Cuy y la Cultura Campesina, evento organizado por la Secretaría de Agricultura de la Alcaldía de Pasto; y en Bogotá fue escogido para ilustrar el texto sobre Horacio Quiroga de la colección Libro al Viento de la Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

En 2012 lanzó su libro de historietas, El cuy Jacobo y el tesoro Quillacinga; gracias a este trabajo, que fue su proyecto de grado, obtuvo mención de honor, así como la posibilidad de exponerse en diferentes escenarios mundiales sobre caricatura.

Es maestro en museología y gestión del patrimonio, actualmente se desempeña como docente de las universidades Nacional de Colombia y Jorge Tadeo Lozano en la capital de la república. Ha trabajado en diferentes instituciones museísticas, entre las cuales están: Museo Colonial Santa Clara, en Bogotá; Museo Casona Taminango y Museo Juan Lorenzo Lucero, en Pasto.

La historia es uno de sus temas preferidos, así nos conocimos, cuando le hice un comentario a su ensayo denominado “A favor de Nariño”, y que después publicamos, en donde hacemos un análisis y un balance sobre la estatua del General Nariño en la Plaza que lleva su nombre en la ciudad de Pasto.

En la FILBO 2019 presentó el libro Balbino Arriaga a través de la Academia, en coautoría con la profesora Clara Forero Murillo, el cual pasamos a referir.

Antes, debo manifestar que después de haber vivido en el Pacifico nariñense y de haber recorrido los municipios que lo conforman, se despertó en mi un interés particular por conocer y re-conocer un territorio que ancestralmente ha permanecido olvidado, ya que desde la sierra se les ha dado la espalda y ninguno de sus aportes formó parte del pensum académico con el que me formé. Confieso que no sabía quién era el profesor Balbino Arriaga, pero al saber que era chocoano y que despertó el interés de Iván Benavides, hasta el punto de conformar en la Universidad Nacional un grupo de estudios para rastrear su legado y luego publicar un libro, llamó sumamente mi atención y mi curiosidad.

En la contraportada del libro se lee: “Para los autores, no es posible hablar de Balbino sin entender el papel de la región en su vida y en su trabajo. Nacido en Quibdó, Chocó, su obra es una expresión de su amor por la tierra. La tradición, la música y el color”, esto permite entrever la importancia del territorio dentro de un profesor que, como veremos más adelante, marca el derrotero de una escuela y de una facultad.

Sorprende la claridad que tienen los autores sobre el objetivo del libro, que no es otro que mostrar el desarrollo de la Facultad de Artes durante el siglo XX, tomando como sendero la vida de uno de sus profesores más representativos, no tanto por el estamento oficial y burocrático que es propia de toda institución oficial, como lo es la Universidad Nacional de Colombia, sino en una escogencia abordada por quienes conocieron a Balbino, como sus compañeros de trabajo, sus colegas y, por sobre todo, sus alumnos, de quienes se obtienen los principales comentarios para construir el texto.

Balbino, como todo estudiante de provincia, debió enfrentar los problemas sociales y económicos para poder acceder a los estudios superiores; si bien estuvo rodeado de un ambiente propicio para el estudio y las artes, también, como se demuestra en el texto, las diferencias existentes entre el campo y la ciudad fueron, y siguen siendo, abismales, a tal punto que la experiencia primera es de asombro y de depresión. Balbino superará estas diferencias y encontrará en su legado ancestral cultural un modelo artístico que cultivará durante toda su vida.

La Universidad Nacional de Colombia, y con ella la Facultad de Artes, herederos de la tradición positivista y neoclasicista, impone un modelo artístico a seguir, pero aún más, un modelo respecto a lo que debe ser un artista, al mejor modelo renacentista, un dechado de sabiduría y un dominador de todos los temas y todas las técnicas, de ahí que se le de tanta importancia a preservar ese modelo que terminaba por poner una marcada frontera entre el artista y el público espectador; el artista era tenido como una especie de divinidad, a quien le eran develados los secretos de la estética, con el poder de distinguir lo bello y lo feo bajos unos parámetros, los cuales eran sostenidos en las escuelas de arte.

Benavides y Forero van a señalar los cambios que debió experimentar la Facultad de Artes, desde la experiencia de una especie de república independiente que se vivía en los claustros de Santa Clara, donde funcionó desde el siglo XIX, a los cambios que debió experimentar con una democratización de la educación superior que se impone desde la Ciudad Universitaria, llamada también La Ciudad Blanca.

Balbino, una vez egresado como Licenciado en Artes Plásticas con especialización en Dibujo y Pintura, ingresa como docente de su alma mater, trabajando como profesor de dibujo en el Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias, fue ahí en donde conoció y entabló amistad con el pintor tuquerreño Manuel Estrada Delgado. Luego se vincula a la Facultad de Artes, donde dejará un legado como buen maestro, buen orador y excelente persona, caracterizado por el buen humor y el respeto y atención especial a todos sus alumnos. Gracias a ello, por varios años recibió la distinción Docencia Excepcional, como un reconocimiento a la labor realizada. De tal manera que la vida de Balbino transcurre en la academia, esa es su vida y a ella le dedica todos sus esfuerzos y desvelos, hasta el punto que, como bien señalan los autores, renunció a su vida como artista para dedicarse a enseñar.

Los cambios de la Facultad de Artes se encuentran descritos detalladamente en el libro, para ello los autores recurren a un detallado análisis de los planes de estudio, documentos y textos emitidos por la misma universidad, documentos que alternan con los estudios de los libros de bocetos, notas de clase, informes de actividades y testimonios sobre la vida de Balbino Arriaga.

Los intereses del profesor chocoano fueron, aparte de los departidos en la universidad, la música, el teatro, el cine y el diseño de vestuario, de modas y gráfico. El libro, a través de sus páginas, nos recrea con unas hermosas ilustraciones de diferentes temas tratados por Balbino, lo que le permite al lector neófito comprender tanto los aspectos académicos como los personales, todos ligados a una vida transcurrida en la academia, dentro de los cuales encontramos un afiche para la “Carrera Atlética Internacional: rescate de la frontera, Tumaco, Nariño”.

Que satisfacción se siente al leer este libro. Iván Benavides demuestra, una vez más, la importancia de la investigación, de tener la perspectiva de las publicaciones como el resultado, no final, de un proyecto; para ello primero conformaron el ya mencionado grupo de investigación, luego un montaje museográfico donde se abordan los aspectos biográficos más importantes y muestra de sus obras, para finalmente, luego de algunos años, publicar el texto en mención.

Rigurosidad en la investigación, paciencia en el proceso de investigación, selectividad en la publicación, resumen el trabajo de Iván Benavides, y por sobre todo, la humildad, tan esquiva en los menesteres artísticos y culturales, sobre todo cuando, como se menciona en el libro, la liviandad que produce el marasmo de los capitales, captando las vanidades de quienes se engolosinan con los premios y las distinciones; nuestro amigo Iván demuestra que esos premios que ha recibido lo impulsan a seguir otros proyectos, otras investigaciones, y con seguridad seguirá sorprendiéndonos con sus importantes trabajos.

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