Bosques y Deforestación.

Por: Alejandro Reyes

(…) “El viento viene, viene vestido de follajes,
y se detiene y duda ante las puertas grandes,
abiertas a las salas, a los patios, las trojes.

Y se duerme en el viejo portal donde el silencio
es un maduro gajo de fragantes nostalgias.”

Aurelio Arturo – Morada al Sur

Hoy este verde de todos los colores esta bajo asedio, y amenaza con convertirse tan solo en un ”maduro gajo de fragantes nostalgias”, si no ponemos, nuestra mirada, acciones y pensamiento sobre los bosques y sus gentes en Nariño.  Y es que el verde andino que amó Aurelio Arturo desde las cuchillas mágicas del nudo de los pastos, es hoy una colcha de retazos de pésimas técnicas  de  producción agropecuarias que son cuestionables desde la realidad tecnológica del siglo XXI.  Desde el mar hasta el Galeras la deforestación campea en Nariño, de acuerdo con el Instituto de Hidrología Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), y sus boletines de alertas tempranas de deforestación, en el 2019 Nariño aumentó en cifras considerables sus índices en este fenómeno  desalentador  desde cualquier perspectiva.

Para entender el nivel del impacto de la deforestación en este maravilloso departamento, hay que comenzar por dar un pequeño contexto de los bosques en Colombia y en Nariño.  De acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) a 2020, Colombia cuenta con 60´025.731 hectáreas de bosque natural, de ellas 18.2% (11.338.180 ha) están en los Andes y 9.2% (5.510.932 ha) en el pacifico.   Sin duda, la Amazonía alberga  la mayor fracción de bosques  con un total de 39.362.573 (65.6%); el Caribe con sus cada vez más escasos bosques secos (igual que en Nariño), apenas   alcanza un 2.8% (1.692.857), mientras que la Orinoquia vive en jaque entre la ganadería extensiva y los monocultivos con un  3.5% (2.121.189).

Existe una complejidad hermosa y sobrecogedora cuando se trata de reseñar la pluralidad de pueblos, culturas, saberes, memorias y anhelos que habitan los bosques en Colombia.  De acuerdo con el MADS, 43,15% de los bosques de nuestro país están bajo el gobierno tradicional de las comunidades indígenas, 5.50% en territorios afrocolombianos, 2.27% son reservas campesinas, 15.50% son áreas protegidas y 33.49%  son (mal llamados) baldíos.

Nariño cuenta con una riqueza natural que linda con lo fantástico, con lo sorprendente.  Numerosos y diversos ecosistemas suman a las arcas de la biodiversidad en este sur, entre ellos resalta la extensión de 1.484.131 hectáreas de bosque tropical y andino, hogar del 28% de los colibríes de esta América del Sur, allí donde el pumamake, el floripondio y el mortiño, entretejen apenas algunas de las decenas de especies de flora y fauna que habitan los andes; Bajando por el magnífico piedemonte en mística transformación transitan de Altaquer a Ricaurte, para encontrarse con la llanura extensa bordeada por 149.735  hectáreas de  exuberantes  Manglares, el 53% de la totalidad del ecosistema de manglar existente en el pacífico colombiano.

Así es la riqueza que hoy la coca, la minería ilegal, la agricultura a gran escala, la ganadería extensiva y  las tantas acciones que los pueblos que habitan estos espacios geográficos realizan, bajo el cerco de fuego de la necesidad y el hambre en las entrañas, con el abandono imperecedero de un Estado que no da ni para llorar, pueblos estoicos que resisten constantemente el ultraje, allá en La Tola, en Magüi Payan, en El Charco y en Túmaco, la hermosa perla del pacífico, que se resiste a creer que la coca es el último camino para la supervivencia, allí, con entereza y amor, el cacao, el coco, la piangüa y todos los frutos del mar junto a los pueblos, van forjando nuevos caminos para  defender la soberanía de su territorio y decir  a viva voz que hay oportunidades mejores, que se puede vivir respetando el bosque, el río, el mar y a los pueblos que los habitan hace centenares de años.

Como ven cuando de gestión y gobernanza forestal se trata, hay que adentrarse en la manigua y caminar por un mundo enorme, que hace de su conocimiento un imperativo fundamental para saber cuán  importante  es ponerse en guardia contra la deforestación.  No es para menos, en 2019 se deforestaron 158.894 hectáreas en Colombia, es decir un territorio más grande que el área rural y urbana de Pasto (Pasto cuenta con 118.100), de las cuales, Nariño aportó 3.074 hectáreas, pasando del decimo al noveno lugar en deforestación,  es decir, contrario a la tendencia nacional de reducción de la deforestación, para los años 2018 y 2019 que presenta extrañamente alegre el gobierno nacional, en Nariño, no hay cuartel ni trinchera para los bosques y siguen muriendo miles y miles de árboles cada día.

Mientras escribo estas líneas, en la Vereda La Paz del Corregimiento de Cabrera avanza la deforestación del bosque altoandino por la ganadería extensiva, el cultivo de papa y el carboneo, igual pasa en el Páramo de las Ovejas Tauso pasando por Tangua y Funes, o en Paja Blanca por allá por el corazón de los Pastos en El Contadero.  Hay que mirar el Parque Nacional Natural Sanquianga, La Tola, Tumaco, El Charco,  Bocas de Satinga y  Barbacoas, que ya no pueden más de las constantes amenazas a la vida, a la naturaleza, a nuestras gentes y a nuestros pueblos.

Una alianza por la vida, por los bosques de Nariño es urgente, desde la Mesa Departamental de Cambio Climático, hemos estado impulsando la reactivación de la Mesa Forestal de Nariño, pero queda mucha tela por cortar y el cambio climático y la deforestación no dan tregua, tic, tac, tic, tac, se nos acaba el tiempo, es momento de actuar.  Considere lo que compra, mire de donde proviene, busque madera legal, busque sellos verdes, sea un consumidor consciente, así hacemos un gran aporte, y damos paso a ese urgente cambio que el Coronavirus vino a recordarnos que debíamos hacer.

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