Carlos Antonio Vélez: ¡retráctese!

Aníbal Arévalo Rosero

Desde todo punto de vista son desacertadas las palabras emitidas por el comentarista deportivo Carlos Antonio Vélez a raíz de la convocatoria a paro los días 20 y 21 de febrero por el magisterio de Colombia para rechazar el atentado sufrido por el ejecutivo de la Fecode Carlos Rivas y en contra de todos los asesinatos de los líderes sociales, pero también por la situación crítica que atraviesa la educación por los incumplimientos por parte del gobierno del presidente Iván Duque Márquez.

El periodista le da un trato descomedido a los educadores del país, dando a entender que se llama a paro para irse de vacaciones, desconociendo que los maestros fueron convocados a asambleas y movilizaciones en todo el país como un derecho constitucional. Pero también es carente de inteligencia la acusación que le hace al senador Gustavo Petro, cuando claramente dice que los maestros son manipulados por “el señor de la bolsa”, “un asesino que incendió el palacio de justicia con los magistrados adentro”.

Qué irresponsable este periodista hacer tales aseveraciones cargadas de cobardía. Ponerse detrás de un micrófono y decir palabras que generan odio entre la comunidad y que jurídicamente necesitan ser demostradas para ser corroboradas, de lo contrario lo convierten en cómplice. Palabras que en ningún momento contribuyen a la reconciliación del país.

Usted es un cobarde, señor Vélez, cuando tira la piedra pero esconde la mano. Necesitamos frente a los micrófonos o empuñando una pluma a periodistas coherentes con la verdad. En Colombia hizo carrera la difamación, el insulto, la infamia, la mentira, las medias verdades, el oprobio, como el estilo de periodismo que ofrece usted y que no merece tan digno nombre.

El periodismo es el acto más sagrado apegado a la verdad, el respeto por la diferencia y el acatamiento de la Constitución y las leyes de nuestro país, no el sesgo de un grupo de patanes que se arrodillan al mejor postor, que limpian la solapa al gobernante de turno por unos cuantos dracmas.

En otro momento fuimos los pastusos el objeto de sus diatribas, cuando señaló que los pastusos somos un pueblo marginal sin aspiraciones de ser campeones con nuestro amado equipo el deportivo Pasto, haciendo una odiosa comparación con Corea que, según usted, son equipos que llegan hasta las preliminares, refiriéndose al Campeonato Mundial de Fútbol de aquella oportunidad.

Sus palabras, señor Vélez, dan a entender la creciente ignorancia de lo que es la profesión docente y lo que ello implica. La complejidad en la formación de seres humanos en áreas básicas o especializadas, llevó a grandes científicos de la humanidad como el epistemólogo del conocimiento Jean Piaget, quien se consagró por estudiar los niveles evolutivos de la infancia. O la investigadora María Montessori que también estudió la infancia para determinar los entornos que favorecen la enseñanza y el juego en el aprendizaje. Y cómo no citar a los hermanos Miguel y Julián de Zubiría Samper (un orgullo para nuestro país) que han hecho un trabajo no menos meritorio en Colombia, donde combinan la pedagogía y la sicología  con estrategias activas en el desarrollo intelectual de niños y jóvenes.

Como se dará cuenta, la pedagogía no es una ciencia acabada ni sencilla, aborda desde los primeros momentos de la existencia del ser humano para contribuir al desarrollo cognitivo del ser humano; se sirve de otras ciencias y está en evolucionando de acuerdo al desarrollo científico y tecnológico de los nuevos tiempos.

La más grande responsabilidad la tiene un maestro, puesto que se trata es de formar seres humanos idóneos, que dependiendo de las orientaciones del docente, de la influencia familiar o social decidirá ser periodista con toda la calidad humana y ética que se requiere para el ejercicio de tan linda profesión o se deja cooptar por una casta política corrupta que viene gobernando el país desde hace más de doscientos años.

Carlos Antonio Vélez, ¡retráctese!, si es que tiene un poquito de pudor. Los maestros necesitan el respeto y la admiración por tan noble labor de construir país. Debió hacerlo al día siguiente de su diatriba, justificando que estuvo mal dormido y que fue una salida en falso. Pero su arrogancia no se los permite.

Es bien traída la afirmación de que cada cual da de acuerdo a lo que tiene, y sus comentarios y su vanidad reflejan eso: ignorancia, porque entre más preparada la persona mayor grado de humildad refleja. Usted se convertirá en uno de los personajes más detestados por la sociedad colombiana, que sin tener una metralleta instiga el odio y la violencia.

Por eso, pedirle a usted, señor Vélez, que se retracte quizás sea como dispararle a las nubes. Su orgullo y vanidad lo hacen una persona necia: usted y su vástago periodista defienden el establecimiento sin razonamientos ni fundamento, para ello masacran a la audiencia haciéndoles creer que son dueños de toda la verdad, y se equivocan de cabo a rabo.

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