Carta abierta a la comunidad Cruceña

La Cruz Nariño, Nuestra Tierrita, o, El Terruño, como le llamamos orgullosos, con ese arraigo que nos caracteriza a los nariñenses, esa Tierra, pues, que tanto amamos, ha vivido la semana pasada uno de los capítulos más dolorosos de su historia: en una evidente condición de deterioro físico y pidiendo ayuda él mismo, a gritos, desesperado, un ciudadano ha muerto a las afueras del hospital sin un mínimo de atención, el equipo médico decidió cerrar las puertas sin importar la dolorosa agonía del paciente ni el desgarrador llamado de sus familiares. Muy fuerte para creer que pasó en la “La Tierrita”. Pero así es.  Y a muchos nos estremece aún el desconcierto. ¿La respuesta? Algunos dicen que el personal no tenía equipo de protección. Hasta ahora no hay una pronunciación oficial, así lo informa Caracol Radio (https://n9.cl/d6d85). Pregunto: ¿estas son respuestas?

Y sin que pase el asombro, absortos, pensando -inevitablemente- que uno mismo pudo haber estado ahí, luchando por su vida mientras nuestros familiares lloran desesperadamente, o que pudo ser un familiar cercano, que pudimos ser testigos, en medio de la impotencia más exasperante, de la dolorosa muerte de nuestro padre, nuestra madre, nuestro hijo o hija; sin que eso pase, decía, nos toca ver un comunicado en video donde el gerente del hospital sale a pedir a las autoridades nacionales que nos ayuden con las instalaciones del hospital que hace rato están sin terminar. Como dirían los caleños: ¿que cómo? ¿Acaso ese es el problema en este momento específico? Bien sabemos que no. En muchas partes se han construido unidades móviles u hospitales de campaña, se han adecuado espacios inusuales, ¿por qué entonces pretenden hacernos creer que se trata de las instalaciones físicas? Como he dicho, acabamos de vivir uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia, y no exagero, por supuesto, lo que pasa es que, como siempre, como nos tienen acostumbrados a los colombianos, los responsables se la juegan por el tapen tapen. Y, como siempre, algunos ciudadanos y ciudadanas prefieren seguirles el juego puesto que les importa mucho más cuidar una imagen institucional (o personal) que cuestionar un hecho evidente. Este comunicado no es más que un vil intento por desviar la discusión. Pero algunos no vamos a seguir ese juego, no hay derecho a que subestimen tanto nuestra inteligencia.

Instalaciones físicas hace rato que no tenemos, el problema no es ese señor Jorge Burgos, y usted lo sabe. El problema es que llevamos cinco meses de pandemia y el hospital que usted gerencia ya debía contar con todo el recurso humano y técnico necesario para atender la emergencia. Debía tener preparada una unidad mínima de atención y lo necesario para su accionar. Debía haberse capacitado en los protocolos internacionales, tener establecida una ruta, pero, ante todo, debía contar con personal idóneo y eficiente. Y no es así.

Debo decir que, aunque esto me haya parecido inadmisible al principio, no me extrañó finalmente que acá, en lo local, en el pequeño terruño, las autoridades hayan recurrido a las mismas estrategias que vemos a nivel nacional.Finalmente, quiera o no, “lo colombiano” termina atravesando de parte a parte nuestra identidad. Las mañas se aprenden, dicen los abuelos. Y en un sistema como el nuestro, la gente siempre estará dispuesta a pasar por encima de lo que sea, y de quien sea, con tal de cuidar su pellejo, es más: esto se asume ya como algo totalmente natural. ¿No es esto mismo, pues, lo que hace el video del señor gerente? ¿No es este video el equivalente a la foto con carita triste que sacó Uribe para que nos pongamos la mano en el corazón? Pretende hacernos creer que el problema estuvo y está fuera de su alcance y pide ayuda a las autoridades nacionales con cara de yo no fui, apela a la compasión para que nadie lo señale, por el contrario, muy al estilo de los típicos gobernantes colombianos, pretende que lo veamos como un héroe. Pues no. No es así. No nos traten como estúpidos. Señor Burgos, seguramente usted no es el culpable directo de lo sucedido, pero sí recae sobre usted toda la responsabilidad y, si quiere dejar constancia de su integridad como profesional, debe asumirla. No evada. No intente, por favor, lavarse las manos.

Por otro lado, sin embargo, sí me extrañó la actitud de la sociedad cruceña. ¿Qué pasó con ese discurso de gente amable, caritativa y solidaria que incluso se ufana de ello por televisión nacional? ¿Dónde está? ¿por qué nadie se pronuncia? Como he mencionado, algunos, incluso, fieles colombianos, replican obedientemente los mensajes oficiales para que así, efectivamente, se logre cambiar la discusión. Son aquellos que no dudan en poner por encima de la vida humana (mientras no sea la de los suyos por supuesto), una imagen institucional, una autoridad, un sistema, un orden, lo que sea que esté dentro de sus intereses. Sabemos que, en un discurso estilo María Fernanda Cabal, han salido a decir cosas como: “la culpa es de los corruptos que dejaron el hospital así”. Pero por favor, no se pasen, como dice la juventud hoy en día.

¿La culpa? La culpa es de la falta de un plan de contingencia. De la falta de profesionalismo, de la falta de gestión. En cinco meses se pudieron establecer planes o programas que orientaran a la gente en caso de que ocurriera lo que ya está ocurriendo. Se pudo habilitar líneas telefónicas exclusivamente para la emergencia sanitaria, hacer pedagogía para que el ciudadano pudiera orientarse en casos apremiantes. ¿Hay material didáctico que ofrezca información a nivel virtual?, ¿sabemos qué es lo primero que debemos hacer en caso de emergencia?, ¿conocemos (ya sea por video o radio) la ubicación de los lugares a los cuales debemos acudir? ¿Sabemos cuál es el equipo humano a cargo? No. Nada. (Y si se hizo alguna gestión pertinente, si usted, señor gerente, se movilizó, pero, por razones ajenas a su voluntad, o por cualquier otra razón, las cosas no se han podido concretar, salga, dé cuenta de su trabajo, explíquelo. Pero asuma por favor, tenga respeto por los ciudadanos. No se escude en razones impresentables). El problema, queda claro, no tiene que ver entonces con el edificio inacabado del hospital. No alboroten tampoco viejas noticias sobre este viejo asunto para distraernos. La realidad es que no tenemos idea de lo que debemos hacer si se nos presenta una urgencia médica, no tenemos ningún tipo de herramienta para enfrentarlo. Mientras que, si la situación nos coge por sorpresa, como ya le pasó a nuestro conciudadano, el personal a cargo, faltando incluso al juramento hipocrático, prefiere esconderse.

Pero la reacción social no termina allí, es mucho peor aún: este tipo de personas, lejos de pronunciarse al respecto, de solidarizarse, de reclamar, miran con desdén a aquellos que sí se atreven a hacerlo, a aquellos que conservan su dignidad, que se movilizan, que marchan, que ponen una bandera, porque en un país como el nuestro, la dignidad ha pasado a ser un estorbo. Y no contentos con ello, usan sus redes sociales para postear cosas como; “fuerza equipo de salud”. ¿En serio prefieren tapar un grave error solo por cuidar una imagen institucional? Todavía cuesta creerlo. Nuestro “equipo de salud” fue el que cometió ese grave error, reconózcanlo. Hay una persona muerta, hay una familia que atraviesa por un gran sufrimiento, no sean indolentes por dios. ¿Si esto no es ultra conservadurismo, entonces qué es? Ustedes son, así no sean plenamente conscientes, el tipo de persona que sigue el juego al pie de la letra, el esclavo que besa los pies del amo. Por ello necesitan buscar culpables donde no los hay. Porque lo único que hay es una abrumadora falta de respuestas.

¿Así es como funciona entonces la solidaridad de La Tierrita? Más ingenuos los que alguna vez lo creímos, pero claro, qué podía esperarse de un país que se traga el cuento de que los falsos positivos se cometieron sin que el innombrable lo supiera. Sin embargo, yo quisiera preguntar: ¿si esto le hubiera ocurrido a una de sus familias, si el fallecido en las puertas cerradas del hospital hubiera sido su hermano, papá, mamá, hija o hijo, fueran capaces de colocar en sus redes: “fuerza equipo de salud”? No lo creo. Ahí sí, tal vez, hubieran tenido que tragarse las ganas de cuidar la imagen de un sistema negligente. Los invito a que ustedes mismos se hagan esa pregunta, así comprenderán, quizá, en qué consiste la solidaridad de la que nos ufanamos los cruceños pero que tanto nos hace falta en realidad.

A propósito, es fácil suponer que estas mismas personas, ciudadanos y ciudadanas de bien, por supuesto, fueron las que movieron contactos para que en un medio nacional se emitiera esa patética propaganda donde se presenta a La Cruz como el paraíso de la solidaridad y la convivencia. Señores y señoras, no nos digamos mentiras, en un acto del más burdo provincianismo, alguien creó un contenido totalmente tergiversado sobre la situación del primer contagiado en nuestro querido municipio. Todo en él era mentira, ni recibimos al paciente con trapos blancos y mensajes de apoyo -porque nos enteramos tiempo después- ni fuimos comprensivos o solidarios, ni nada de eso. Lo primero que hubo fue chisme en cantidades -como es propio de nuestra cultura, por cierto-, luego el rechazo, la preocupación e, incluso, muchos sabemos que algunas personas de su barrio trataron de mover influencias locales para que lo sacaran de ahí. Solo al final, cuando al parecer ya no había peligro, organizaron esa pequeña marcha que más se trataba de una puesta en escena para el video que algo sincero. Es por ello que todo en esa propaganda sabe tan amargo.

Y si no es así, si lo que digo no fue lo que pasó con el primer contagiado, que muevan sus sólidos contactos y emitan por televisión nacional otro contenido donde se hable de cómo ha sido la respuesta del solidario pueblo de La Cruz con su primer muerto por covid -19. Donde se hable del mutismo de los responsables y donde se vea, y se escuche, por supuesto, las grabaciones con el llanto desgarrador de una familia que tiene que ver morir a uno de sus miembros porque “El Buen Samaritano” no le abrió las puertas. Pero no podemos soñar con eso, claro que no. Porque el contacto ya se movió y lo que trasmite Caracol Televisión, nuevamente, es el problema de las instalaciones físicas. Queda claro, desviar la atención es la estrategia. Y a pesar de que permiten un diminuto espacio a un familiar del fallecido, es evidente que el núcleo de la información es otro. Esto es un claro ejemplo de manipulación mediática. De una noticia hecha a la medida de un interés en particular.

El problema, cruceños, es que, con el tiempo, los colombianos nos hemos convertido en una sociedad terriblemente pasiva e indiferente. Y nosotros no somos la excepción, faltaba más. Cada vez que se destapa un escándalo de corrupción, o negligencia, como en este caso, una cortina de humo o una lavada de manos son suficientes para que, en poco tiempo, la masa ignorante olvide el problema y vuelva a su mediocre vida; a comer callada como bien dice el dicho. ¿De verdad queremos ser (no parecer) una tierra solidaria, amable, diferente?, ¿de verdad queremos hacer valer nuestros derechos? Exijamos, pronunciémonos, unámonos. Que no nos traten como idiotas útiles. Que no intenten desviar la atención. Que no tapen. Que no se laven las manos. Es claro que este suceso tiene sus responsables, y si estos tuvieran un poco de dignidad, si esta no les estorba, como pasa en otras culturas -como en gran parte del primer mundo, por ejemplo, donde los primeros ministros no dudan en dar la cara a sus ciudadanos y ciudadanas ante el más mínimo escandalo-, deberían asumir dicha responsabilidad. Eso hablaría mucho mejor de ellos que andar buscando culpables donde no los hay. Y esto, en plata blanca, significa que deben darnos una explicación clara y contundente, si no, como mínimo, el médico de turno y el gerente del hospital, por respeto a la comunidad cruceña e, insisto, como muestra de que conservan la dignidad, deben renunciar. Lo que pasó es escabroso. Y la ciudadanía debe exigir esto, ninguna autoridad, por ser tal, puede pasar por encima de su pueblo.

 

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