¿Cómo entender “la dinamica” electoral”?

Se dice que en política el que no se voltea se quema. Filosofía que hizo carrera entre nuestros políticos criollos, expertos en el arte del “voltiarepismo” electoral. Hoy rojos, mañana azules, mañana arcoíris y mañana desteñidos. Colores que se ajustan a la personalidad burócrata y oportunista de quien ha desarrollado esa extraña habilidad para escalar posiciones dentro de la burocracia regional.  Pero más allá de esa distinción, se debe destacar la personalidad ramplona, siniestra, traidora y oscura de estos personajes carentes de escrúpulos que se venden por un misero plato de melaza o una untadita de mermelada; y en ello arrastran el destino de los pueblos, el progreso de las regiones y la fe de los hombres en sus dirigentes.

Acaba de pasar en Nariño  y en muchas campañas políticas que anochecieron con la amistad y el compromiso electoral de unos y amanecieron acostados con la triste noticia de que sus amigos y adeptos ya no estaban acurrucados y entre sus brazos.  Y los hacen sin recato alguno, sin pudor, sin la vergüenza social que puede generar este tipo de actitudes que desdicen y desdibujan cualquier buena imagen que la opinión pueda tener de ellos.  El abrazo se convierte en bofetada, la caricia en pellizco y el beso en la más vergonzante traición que se pueda recibir.

Parece anecdótico, pero no lo es.  Es la expresión de una clase política que hace rato perdió el pudor, que  extravió el rumbo de sus pasos arrastrando en su desespero, ambición y desdén a pueblo enteros, sumiéndolos en el atraso, la desesperanza y la miseria.  Nos enseñan que para ascender se deben perder los escrúpulos o, sencillamente, olvidarnos de ellos.  Mala lección que aprendimos al dedillo y la practicamos hasta en nuestros más pequeños actos cotidianos.

No se si es verdad o mentira. A estas alturas de la jornada electoral todo es posible. Nos referimos al voltiarepismo de los escruceria, ampliamente conocidos, que acompañaron hasta buena parte de su campaña al candidato Luis Eladio Pérez y en vísperas electorales aparecen en conciliábulos y abrazos con el candidato Damir Bravo. Dirán ellos y muchos otros que eso es “dinámica electoral”, diría yo que es un oportunismo rampante por parte del que se va y de parte de quien recibe en sus toldas a quienes traicionan sus endebles principios políticos en aras de un indigno triunfo electoral. Pero el asunto cobra visos de sospecha e ilegalidad por la sencilla razón que esos ires y venires no se hacen movidos por principios ideológicos o doctrinarios, se realizan impulsados por los vientos oscuros de la corrupción. Para nadie es un secreto que se mueven grandes sumas de dinero, que se firman o pactan deplorables compromisos burocráticos y que se entrega el destino de los pueblos mediante la concesión de empresas, entidades o permisos ilegales que comprometen hasta a la misma naturaleza. Se dice que en esos oscuros conciliábulos aparecen personajes cuestionados por la misma justicia, practicantes de minería ilegal que siembran su mercurio, su odio y maledicencia entre lo más sagrado que pueden tener los pueblos y los hombres, el agua, las selvas, los bosques y las distintas especies que son envenenados y martirizados en medio de la avaricia de quienes no se contentan con lo usufructuado y se desbordan en la ambición angurrienta de sus perversas ambiciones utilitaristas  y mercantilistas.

Y así en muchas campañas y jornadas electorales. Bajo el disfraz de la “dinámica electoral” se traicionan amistades, se mancillan compromisos, se ultrajan las necesidades de los pobres y menesterosos que una y otra vez son asaltados en su buena fe y conducidos fraudulentamente a las urnas.  Nariño ya no aguanta más políticos de esa calaña, de ese calibre que únicamente le apuntan a sus intereses burocráticos y elementalmente electorales.  Ellos son la cizaña que crece entre nuestra gente buena, que la ahoga, que la sume en la miseria y la pobreza, que nos deforma en el sentido más espiritual de la palabra y que nos hace perder hasta la vergüenza en nuestro afán de figurar o ascender socialmente.

¿Qué negociarán entre ruines?  Sencillamente el destino de los pueblos, el progreso de los hombres, la dignidad de las personas.  Mal haya el momento en que seres de esta calaña, y otras peores, aprendieron a seducir a los hombres en una especie de brujería electoral que les permite una y otra vez ocupar los cargos más dignos  y representativos en nuestro país.  Ese pueblo embrujado y seducido no tiene la capacidad de ver aunque sus ojos se llenen de luz.  La “dinámica electoral” es más poderosa por ser el lenguaje de los déspotas y los corruptos y es la clara expresión de que el destino de los pueblos se puede vender y negociar en ese claroscuro vaivén que se alimenta de ilegalidades, dineros ilícitos y   corrupción.  Todo es valido para ellos, todo es permitido para alcanzar el poder y así mofarse de los gestos inocuos de los pueblos que creen tontamente que ganan cuando su candidato alcanza altos guarismos electorales.

Pero no es bueno quedarse en la diatriba de la queja.  Esta vez, vote bien, votemos bien, por nosotros mismos, por nuestro futuro, por nuestros hijos y nietos, por todo este conglomerado de menesterosos que integran nuestra región.  Por nuestros mares y nuestros bosques, por nuestras especies, por proteger de la depredación de la minería ilegal a nuestros hábitats y ecosistemas, por la sencilla razón que es el acto más cristiano y civilizador. No más corruptos elegidos por nosotros, es hora de iniciar un nuevo camino, el de la paz, el perdón y la reconciliación.  Con su voto, usted decide.

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