¿Cómo se puede pagar la deuda histórica del Estado fallido en el Pacífico colombiano?

Por: Mauricio Calderón

Los recuerdos vienen cuando existe una conexión con el pasado. La actual situación que sufren muchos sectores generalmente periféricos de Colombia y el incremento de la violencia en Nariño, y Cauca nos recuerda que mirar hacia las grandes causas del conflicto, hacia las estructuras que originaron los problemas que aún se viven y se siguen presenciando de manera profunda en las periferias de Colombia, siempre debería ser el principio.

El origen de algunos grupos armados posiblemente fue producto de la falta de atención y de presencia estatal integral en estas zonas olvidadas que se desarrollaron desde una visión de acumulación por explotación, apropiación, despojo y desposesión, por parte de diferentes actores legales o ilegales que poco o nada le han dejado a las comunidades que habitan estos paisajes. Este desarrollo desigual respecto a la repartición de la tierra, respondió a los intereses de unos pocos terratenientes y políticos que en lugar de atender las necesidades de campesinos y comunidades étnicas, respondió con la mano dura de la fuerza militar. La guerra entre colombianos pobres e iguales ha sido un común denominador; jóvenes soldados hijos de campesinos, indígenas o mestizos de clase media como carne de cañón, contra campesinos, indígenas y mestizos insurrectos.

El aumento en la demanda exterior de marihuana, heroína y coca despertó pronto la guerra de la droga, sus rentas pronto trasladaron el interés de los actores armados y con ello el escalamiento en las dinámicas de violencia hacia el control territorial, la respuesta del Estado en este escenario nuevamente fue la mano dura de la fuerza militar. La estructura agraria se fue transformando, el narcotráfico pronto permeo todas las esferas sociales y políticas que hasta la actualidad se hace visible con el poder desmedido que beneficia a unos pocos y que se hace tangible en los relatos de guerra de las víctimas del conflicto que en su mayoría son esas comunidades campesinas, indígenas y afros.

Observamos que las grandes causas están relacionadas con la tenencia y uso de la tierra, la corrupción, el narcotráfico, la falta de voluntad política respecto a los acuerdos de paz y la falta de una respuesta integral en los territorios colombianos y de manera más concreta en esas llamadas periferias que han contribuido al desarrollo nacional y de sus comunidades que por siglos han sido históricamente vulneradas.

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