¡Comprémosle a Nariño!

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Ha llegado nuevamente la Navidad, una época en la cual el mundo cristiano celebra con gran regocijo el nacimiento de su máximo líder espiritual. Si bien es cierto que se piensa mucho en la integración de las familias en torno al pesebre para celebrar la Natividad en un acto de gran expresión de paz y de amor, también las tradiciones se han marcado dependiendo de las regiones del mundo.

En éste lugar que nos ha correspondido nacer y vivir, tenemos nuestras propias tradiciones para celebrar la Navidad, de manera especial las que se relacionan con la gastronomía, con platos típicos exquisitos. Pero también formas muy entretenidas como jugar al amigo secreto, el intercambio de regalos y los juguetes para los niños; estrenar ropa, comprar equipos electrónicos, licores y toda una infinidad de artículos que hacen que el comercio esté desbordante porque se dispara el consumo.

Esta es la temporada más fuerte del comercio donde se obtienen las mayores utilidades, teniendo en cuenta que la mayor parte de la población ha recibido primas de Navidad, de vacaciones y de servicios, por lo tanto la capacidad de compra es la más grande de todo el año. Y el comerciante también consume comprándoles a otros comerciantes, porque todos dependemos de todos.

Esto se convierte en una cadena de servicios, como un mutualismo que beneficia a todos, unos en mayor medida que otros, pero nadie se queda sin recibir al menos una pequeña parte. Por eso, además de practicar la caridad, la solidaridad y el amor al prójimo, también tenemos que pensar que una forma de actuar solidariamente es comprándole las mercancías al comerciante nariñense que aporta trabajo en la región.

En nuestro departamento hay manos laboriosas que trabajan en la elaboración de artesanías con motivos navideños y para toda ocasión, preparan deliciosos platos con receta variada, elaboran los mejores productos de panadería del mundo, confeccionan ropa y muchos se dedican al comercio. De igual manera, los servicios que prestan profesionales de diferentes áreas son muy bien acreditados en todo el país y fuera de él.

Es por ello que nuestra invitación es enfática: ¡comprémosle a Nariño! Al comprar lo que se produce en la región estamos incentivando el empleo local; le estamos dando la oportunidad al campesino nariñense para que mejore sus ingresos y que se quede en el campo y no venga a las ciudades a engrosar los cinturones de miseria.

Comprarle a Nariño significa que estamos despertando nuestro sentido de pertenencia; y este sí que es un factor importante. Vemos países como Japón, Corea del Sur, Finlandia, Noruega, Holanda, Suiza, Chile, entre otros, que han alcanzado gran nivel de desarrollo y han acumulado riquezas gracias a la confianza depositada en sí mismos. Creer en lo de uno mismo es un factor importantísimo, es depositar la confianza en la calidad del producto o servicio. Estos países tienen un alto nivel de confianza en su gente, por eso han alcanzado muy buenos niveles educativos, gran disciplina financiera y, en consecuencia, mejor nivel de vida.

Y eso es precisamente lo que quisiéramos para nuestra región, que se caracterice en el contexto nacional e internacional por la buena calidad de sus productos y servicios. Estamos viendo cómo algunas personas que viajan por el viejo continente se encuentran con que su bebida predilecta proviene de nuestro departamento con la marca Café Nariño, producto cultivado y procesado en los campos nariñenses, que no tiene nada que envidiarle a afamadas marcas como Juan Valdez o Starbucks.

Ahora bien, usted tiene la opción de comprarle al gran monopolio, al empresario proveniente de otros lares o al empresario nariñense. Si escoge al empresario foráneo, el capital no se reinvierte en la región sino que se lo llevan; si escoge comprarle al empresario nariñense, sus utilidades se quedan aquí para generar más oportunidades laborales.

Se trata, entonces, de creer un poco más en lo nuestro: ¡invierta en Nariño!

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