Congreso Internacional de Historia, Museos y Patrimonio

Por: Giovanny Castro Caicedo*

Se acaba de realizar en la segunda semana de este mes el Congreso Internacional de Historia, Museos y Patrimonio, organizado por la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe – ADHILAC – y la Asociación Colombiana de Estudios del Caribe, la Universidad del Magdalena y la Fundación Museo Bolivariano, con sede en la emblemática Quinta de San Pedro Alejandrino de la ciudad de Santa Marta. Se planteó como un encuentro académico para abordar estos temas desde miradas más globales y comparativas, incentivando la participación de profesionales del área de varios países para discutir y difundir sus trabajos.

Un tema de énfasis que está en la agenda urgente de Colombia y con el que se dio apertura al Congreso fue el del patrimonio cultural histórico, marítimo y subacuático. El caso del galeón San José, los cuestionamientos y retos que implican su rescate desde las profundidades de la zona de las islas del Rosario, estuvo en el centro de una polémica que si bien en este tipo de escenarios es académica y científica, ya advierte de las complicaciones muy factibles que suscitaría en el campo de las relaciones internacionales y el marco regulatorio del patrimonio cultural. Por un lado, se define un sector que defiende lo actuado hasta ahora por el gobierno nacional para adelantar una alianza público privada (APP) con el objetivo de rescatar este patrimonio, licitación que se encuentra demandada y suspendida ante la polémica.

Sin embargo y desde un sector crítico, con el sugestivo planteamiento de mostrar los mitos y realidades alrededor del galeón, se recordaron las suposiciones que definieron el modelo de APP para su intervención: que en el país no hay las capacidades técnicas, no hay el cuantioso presupuesto necesario, y que se cuenta con una ley hecha a la medida para este caso, que cumpliría los estándares internacionales. La investigación en tecnología de prospección submarina en realidad está adelantada en el país, así como el acceso a tecnología de la industria de hidrocarburos en alta mar que opera a profundidades mucho mayores a las que se ubica el pecio San José; existe un buque oceanográfico de la Armada Nacional y la disposición de profesionales nacionales formados al más alto nivel en arqueología submarina y otras áreas relacionadas.

Si en el campo técnico hay alguna esperanza, el marco regulatorio a nivel mundial y el análisis jurídico resultan más complicados: en buena medida por prevención frente a este caso particular, el estado colombiano se ha abstenido de suscribir la convención de la UNESCO de 2001 sobre protección del patrimonio cultural subacuático, al cual los especialistas pueden hacerle objeciones pero que en últimas fija un marco de referencia en el cual no se determina propiedad de parte de los estados sobre este patrimonio, sino que plantea la cooperación entre éstos. Vale recordar que así mismo, debido a litigios específicos de sus límites marinos, el estado colombiano no es signatario de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, medida que en lugar de asegurar – como se pretendía – lo que por otras vías del derecho internacional los estados contendientes han logrado demandar con éxito, ha significado un grave atraso de Colombia en los beneficios de acceso soberano a los recursos marinos que ofrece dicha Convención, con estabilidad legal y en un marco regulado frente a posibles competidores.

Así es como en el aspecto jurídico el caso del San José vendría a empeorar con cualquier intervención de su doliente reposo de 310 años. Se anticipa una cascada de demandas internacionales: el asunto es que este tipo de patrimonio cultural es indivisible pero está cruzado por las relaciones históricas de los pueblos involucrados y los estados que les dan expresión jurídica, en el pasado y en su herencia actual, de modo que el problema debe asumirse desde una perspectiva internacional que reconozca estas múltiples relaciones. Desde el grupo indígena boliviano que reclama el origen de la plata en las minas de Potosí, los herederos de los capitales privados registrados en las bodegas del galeón, la bandera soberana de España en su mástil, o el mar territorial hoy colombiano donde se hundieron vidas y fortunas que venían del imperio todo. En cualquier caso, lo más sensato parece ser que una empresa caza tesoros – que podría a su vez demandar por sus costos en la ubicación del pecio – no debería ser la responsable de destapar semejante bomba de efecto retardado.

Con este énfasis inicial, los ponentes del Congreso en Santa Marta siguieron tratando otros ejemplos de patrimonio subacuático. La bahía de Cádiz, navegada desde los tiempos de fenicios, tuvo una presencia destacada gracias a la especialización en el tema logrado por los programas de postgrado de la Universidad de Cádiz en arqueología acuática y subacuática, bahía que se ligó – en su historia y en las ponencias – con aquellas de Cartagena, de Santiago de Cuba y Santa Marta. La profundidad temporal llegó inclusive a los estudios etnoarqueológicos de las adaptaciones costeras en la zona del canal del dique, y en las metodologías científicas para el estudio de estas zonas y los procedimientos pedagógicos entre estudiantes de pregrado, tendientes a la conservación del patrimonio material rescatado.

Otros simposios reunieron diferentes estudios alrededor de la historia cultural, las migraciones, experiencias significativas en museos, sus transiciones, o aspectos teóricos y prácticos de las curadurías y museografías, con el papel de la participación comunitaria y difusión social del patrimonio. Se abordaron problemáticas como la musealización de las ciudades del Caribe, la consolidación del oficio curatorial en las artes, la evolución de las colecciones de historia natural en el país, y ejemplos innovadores como la implementación de museos al aire libre de la cultura vitivinícola romana clásica en Italia o las posibilidades que ofrecerían para una organización semejante las ruinas de las haciendas del noreste de México como museos naturales de memoria histórica.

En lo personal, tuve la satisfacción de presentar un balance de varios años de proceso museológico y de memoria histórica en la ponencia Sanación del conflicto armado por medio de la memoria, el audiovisual y las expresiones culturales mediante una curaduría conjunta y dialogante.

En definitiva, una magnífica oportunidad de aprender y compartir con las personas que más allá de saber titular sus temas con la complejidad propia del mundo académico, en el acercamiento espontáneo resultan inspiradoras y un impulso para continuar estos caminos.

Corolario:

Lástima no encontrar en estos espacios alguno de los colegas del sector que trabajan en Nariño, ni a los encargados del tema desde las instancias oficiales. Algo así sucedió el año pasado en Medellín para el espectacular Encuentro de Profesionales de Museos de América, el Museo Reimaginado, organizado por la American Alliance of Museums y la Fundación TyPA en el Parque Explora. Muy pocos nariñenses asistimos a semejante oportunidad de aprendizaje, networking y actualización en las últimas tendencias. Supongo, será el reflejo de la autocomplacencia, el conformismo y la falta de dinamismo, de gestión e impulso del sector a nivel local – con contadas excepciones.

*Acerca del autor

Historiador egresado de la Universidad de los Andes. Obtuvo la maestría en museología de New York University con tesis titulada Understanding Plants and Traditional Wisdom: the Ethnobotanical Collecting of Richard Evans Shultes for the Harvard Botanical Museum.  Pasantía de postgrado en New York Public Library. Becario Comisión Fulbright – Ministerio de Cultura, becario Colfuturo.

Ganador del Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá. Además, ha publicado varios relatos y crónicas, la novela La flecha incandescente, y escrito Infinita Highway, novela inédita que fue seleccionada en convocatoria internacional por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México para apoyar su inicio y que fue presentada en la II Muestra de Arte Iberoamericano realizada en el Centro Nacional de las Artes de Ciudad de México.

Egresado del programa de formación diplomática y consular de la Academia Diplomática Augusto Ramírez Ocampo – Ministerio de Relaciones Exteriores.

Asesora el proceso de planeación y lanzamiento del Museo Itinerante de la Memoria y la Identidad de los Montes de María (www.mimemoria.org), una iniciativa del Colectivo de Comunicaciones Montes de María con apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica y la Embajada de Francia en Colombia.

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