Convocamos a hacer un ayuno por la tierra

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Los temas ambientales son cada día más recurrentes y en todos los escenarios, por eso venimos afirmando que la ecología tiene el don de la ubicuidad. En la actualidad la administración pública a todo nivel se ve en la obligación de incluir en sus planes de desarrollo aspectos inherentes a la protección del medio ambiente, la sustentabilidad y el equilibrio.

Si bien la ecología es una disciplina relativamente nueva frente a otras ciencias, fue el abuso de las bondades de la naturaleza lo que nos ha llevado a tomar medidas urgentes para proteger los ecosistemas. En Colombia es apenas en los últimos cincuenta años que se viene abordando el tema desde las instancias gubernamentales. Es apenas en 1968 cuando se funda la primera institución encargada de reglamentar, administrar y proteger los recursos naturales, como lo fue el Inderena.

Sólo hasta 1993 es cuando se decide darle importancia a la agenda ambiental con la creación del Ministerio de Ambiente (hoy Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible) y las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR). Y muy a pesar de la existencia de estos entes encargados de administrar los recursos naturales, el deterioro ambiental es enorme con visos de catástrofe.

Uno de los males mayores que está viviendo nuestro país es la minería intensiva, sea legal o ilegal, de todas maneras está causando un daño irreparable. El uso de químicos altamente nocivos, empleados en la extracción del oro, dañan las fuentes hídricas y los suelos. Todo muy a pesar de la existencia de entes reguladores que expiden licencias para la explotación de los recursos naturales.

Si bien es cierto que los ciudadanos de a pie -de manera individual- no podemos hacer mucho frente a estas determinaciones, sí nos corresponde emplear nuestros espacios de debate que tengamos al alcance para hacer las denuncias respectivas. No podemos pasar de agache un acto irregular que se esté cometiendo en cualquier lugar de la geografía nacional.

Hoy en día vemos cómo grupos significativos de ciudadanos se agrupan para hacer causa común en defensa de los recursos naturales; y de manera particular del agua que se convirtió en un jugoso negocio, del cual empresas multinacionales quieren aprovecharse con la anuencia de políticos corruptos que hipotecan las fuentes hídricas y las empresas de acueducto, sin importarles el daño a la población con costos elevados. Aquellas y estos buscan saciar su sed de dinero.

Ahora bien, cada ser humano mientras haga presencia en este mundo, tiene parte de responsabilidad en la preservación del ambiente. Todos somos actores vivientes y necesitamos de nuestra cuota de oxígeno para respirar; emanamos bióxido de carbono y utilizamos gran cantidad de productos industrializados, derivados del petróleo que son altamente contaminantes.

Un colombiano medio emplea más de 5 bolsas plásticas a la semana, para un consumo anual per cápita de más de 288 bolsa plásticas. Y todos estos elementos con periodo de uso muy breve. Vemos cómo muchas personas en los hogares lanzan a la caneca de los desperdicios bolsas que perfectamente pueden ser reutilizadas. Pero eso ocurre hasta que nos llega la prohibición o se le impone valor monetario, porque seguimos creyendo que lo que no tiene costo se desprecia.

Serían muchos los temas que podríamos abordar referentes al ambiente, unos con más prioridad que otros, pero todos asociados a un elemento determinante como es el crecimiento poblacional. Entre más crezca la población, más deterioro ambiental. En la actualidad se estima que somos aproximadamente 7.200 millones de habitantes, y en el año 2062 seremos esta cifra duplicada.

Esto debe conllevarnos a hacer un alto en el camino y reflexionar sobre nuestro grado de responsabilidad en el deterioro ambiental, todos aportamos una pequeña cuota. Como seres espirituales los convocamos a hacer un ayuno por la tierra.

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