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Criterios de aproximación a los procesos de descentralización

Por: Jonnathan Pérez Santamaría

El cambio de visión en el modelo territorial y la distribución del poder, al interior de la estructura política de cada país, debe pensar en algunas consideraciones como: qué se quiere modificar específicamente, por qué, qué se espera como resultado, y lo más importante, qué condiciones deben garantizarse y cómo sería su implementación. Al respecto, el trabajo de De Mattos (1990) es un buen ejemplo de respuestas a estas preguntas en relación a la descentralización desde una perspectiva crítica y provocativa, con el fin de dinamizar el debate académico. De Mattos y Caldeira y Holston (2005) coinciden en afirmar que la causa principal del interés por la descentralización en los países de América Latina fue la crisis atribuida a la incapacidad del Estado por ofrecer buenas condiciones de vida a la población y capacidad de acción a los capitales, hecho último que también desarrolla Restrepo (2012). Aun así, los comentarios de este último autor demuestran su gran afinidad con el escenario que dibuja la descentralización.

Primero y como argumentos en contra, De Mattos ratifica en el transcurso del texto que los que promueven la descentralización no tienen clara una aproximación al cumplimiento de los objetivos que supone una reforma político-administrativa de esta índole. Dicho objetivo en palabras de De Mattos (1990:177) es: “…promover el desarrollo local, democratizando los procesos sociales, aumentando la participación popular y reduciendo la injusticia social en las colectividades involucradas.” Según el autor, el capitalismo encuentra un nuevo nicho de expansión en la diversificación de lo territorial y la intensificación en lo local, pero los beneficios solo quedan en manos de actores externos o inversores, por lo general extranjeros; en este sentido, es posible decir que el autor parece desconocer en alguna medida las capacidades que tienen las localidades para encontrar recursos y capital internamente. Aparte de eso, el autor dice que el problema está en la estructura del sistema económico y político en función de una distribución social fallida. Además, se pregunta qué tan representados pueden estar los intereses de todos los actores locales en la participación nacional, a causa de esto, no se puede igualar el concepto de popular con lo local.

Segundo y como argumentos de defensa, Restrepo (2012) analizan tres ámbitos: económico, social y político. Cuestiona al Estado por no ceder poder en cuestiones importantes que afectan el ámbito económico, por ejemplo, la burocracia. Igualmente, la subcontratación o tercerización de la función pública, según el autor, es un avance producto de la descentralización. Con base en esto, personalmente pienso que es muy difícil pensar que gran parte de la población, como prestadores de servicios en el sector público, o sea, contratistas, pueda pensar que el sistema laboral al que pertenecen es un elemento que propicia el desarrollo y mejora su calidad de vida. En lo social sobresale el análisis que hace sobre el debilitamiento de los sindicatos. Y, por último, indica que en lo político es necesario separar lo discursivo de lo gerencial y administrativo (es inevitable traer a colación la imagen del alcalde de Bogotá como el gerente y técnico del urbanismo). La competencia entre localidades genera que los municipios con más capacidad sometan a las ciudades próximas para satisfacer sus necesidades, sobre todo las indeseables y aun cuando, el contexto de competencia está en cierto modo intervenido por el nivel central, el autor ve como problema el endeudamiento de los territorios como consecuencia de las presiones de la competitividad. En cuanto a la participación ciudadana, al menos, esta tiene posibilidades de exigir a los mandatarios una administración más transparente y que dé cuenta de resultados. Restrepo (2012) ve la integración como un proceso complementario de la descentralización, por un lado, como apoyo a la inserción global de las localidades con herramientas y apoyo estatal y por el otro, para que no se convierta en una lucha fiscal interna que desestabilice al nivel central. Subsidiar los municipios poco o nada desarrollados puede significar no derribar los factores que producen pobreza. El aspecto más importante de este texto para incluirlo en la discusión sobre el desarrollo es la diferencia entre pobreza e inequidad, ya que en América Latina la reducción de pobreza no ha significado bajar las brechas de desigualdad, por el contrario, sigue siendo la región con mayor concentración de riqueza en el mundo.

En resumen, se puede recapitular con un caso específico en el que interactúan varias dinámicas: la configuración urbana de Brasil. Esta responde a la transición del centralismo, característico del periodo de dictadura y las décadas anteriores, hacia una estructura más descentralizada que se dio por la apertura y el neoliberalismo económico (Caldeira y Holston; 2005). Lo más curioso del caso de Brasil, como de otros países de la región que tienen modelos administrativos federales (Argentina, México), es que el federalismo no tenía ningún rasgo de descentralización (Restrepo; 2012). Caldeira y Holston (2005) enumeran algunos procesos que son fundamentales para entender la construcción del espacio urbano en Brasil y que, además, se relacionan con la transformación en la manera que se pensaban las ciudades. El proceso inicial fue la modernización combinado con elementos fuertes de urbanización, industrialización y el distanciamiento de clases en el mismo núcleo urbano, asociadas a la legalidad e ilegalidad de los asentamientos. En las últimas décadas, nacieron diversos movimientos sociales que llamaban a la participación popular y plantean la democratización para que actores locales y sectores urbanos estén en las decisiones que afectan a las ciudades.

Sin ir más lejos, la descentralización es el contexto en el cual estamos funcionando en la actualidad, de manera poco eficiente y con muchas fallas de estructura y consolidación como proceso, pero en un alto grado discursivo, muy divulgado y generando mayor expectativa y entusiasmo que el predicho por De Mattos (1990). Me fue imposible encontrar documentos que analizaran casos exitosos de desarrollo en un contexto centralista y en esa búsqueda encontré un documento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura escrito por Cox (2003), y en este se mencionan los riesgos de un proceso de descentralización: (1) clientelismo, (2) pasar de una lógica de oferta a una de demanda, (3) asimetría en acceso a la información y (4) dificultades institucionales. Esto quiere decir que los argumentos de De Mattos (1990) no estaban tan lejos de la realidad dos décadas después. La atmósfera de optimismo frente a la descentralización es justificable porque el aumento participativo – real o maquillado – de movimientos sociales, sociedad civil, minorías, etc., en la planeación y la reflexión en torno al desarrollo, es un avance tangible y necesario.

Bibliografía

De Mattos, C. 1990. La descentralización, ¿una nueva panacea para impulsar el desarrollo local? Estudios Regionales, 25: pp. 49-70

Caldeira, T., & Holston, J. 2005. State and urban space in Brazil: From modernist planning to democratic interventions. London: Blackwell Publishing Ltd. (pp. 393-416)

Restrepo, D. 2012. Descentralización para la equidad. Economía, sociedad y territorio, 12(40), 793-821

Cox, M. 2003. Descentralizacion de programas de apoyo al desarrollo agro-rural local y participación de los productores rurales. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura – FAO, Economic and Social Development Department. Recuperado el 7 de marzo de 2017 en: http://www.fao.org/documents/card/en/c/382f5188-79e3-53ab-ad5c-7aedf8868c62/

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