Cuando el pensamiento no es tan crítico

Desde que se inició la pandemia, vienen circulando una serie de videos que hablan de la instalación de la torres 5G o del microchip que estarían inyectando a quienes decidan vacunarse contra el covid 19, y que con ello volvería idiotas a las personas o dóciles como ovejas para que no protesten. La verdad sea dicha, no hizo falta que llegara la tecnología 5G porque la mayor parte de la población ya ha sido idiotizada con los canales de televisión, las redes sociales, las predicas de ciertos curas y pastores que se hincan a Dios y al demonio, el sistema educativo repetitivo y falto de iniciativa, la familia que es incapaz de formar a seres humanos asertivos.

La tecnología 5G, según la OMS, no causa mayores daños que los conocidos con las instalación de las antenas convencionales. Es evidente que la radiación emitida por las antenas puede causar cáncer, pero en unos niveles muy bajos que no son motivo de preocupación como las noticias falsas que circulan. La tecnología 1G corresponde a los móviles que solo servían para hacer llamadas; la 2G se incorporan los SMS; la 3G, la conexión a internet; la 4G permite la conexión a la banda ancha y la reproducción de videos; y la 5G permite las comunicaciones a mayor velocidad (en tiempo real), tener más dispositivos conectados y descargar una película completa en cuestión de segundos. Lo demás es pura especulación.

Tantas cosas que se vienen diciendo sobre esta nueva tecnología, como también se dijo de las que antecedieron, y finalmente nos acostumbramos. La sobreexposición a los equipos electrónicos sí puede causar daños neurológicos que pueden afectar el sueño, la vista o presentar déficit de atención. Se suma a ello problemas de sociabilización, apatía con repercusión en el aislamiento y la pérdida de hábitos como la afectividad; problemas de obesidad, laborales e incluso mentales.

Los mayores inconvenientes que se pueden presentar con la dependencia de las tecnologías es la manipulación de la conciencia, buscando obtener beneficios ideológicos con el dominio los grandes grupos económicos como el Grupo Empresarial Antioqueño y Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien se jacta de decir que ha puesto presidentes en Colombia en los últimos 30 años, y usted o yo como imbéciles, creyendo que nuestro candidato perdió pero que en otra oportunidad será, y así se ha repetido en los últimos 70 años.

Mientras tanto en nuestro país, el grueso de la población esta embelesada en la hípervaloración de los patrones comerciales de belleza, alejándose del verdadero interés del que hay que estar atentos. De ahí que a través de esa actitud de indiferencia, penetra el delincuente a nuestra casa y nos despoja de la conciencia y nos hace creer que somos seres pensantes, mientras no asumamos nuestra actitud de rebeldía.

El mayor referente que tenemos del conformismo, docilidad e indiferencia son las redes sociales, donde hay una superflua polarización. Es común ver unas peleas entre contrincantes de una supuesta polarización “ideológica” en  la cual unos a otros se lanzan epítetos de ‘uribestias’ y ‘petroñeros’, cuando no son más degradantes. Es penoso que nuestros conciudadanos caigan en la trampa de responder mensajes agraviantes. Sencillamente, sea que se haga una crítica mordaz o un elogio, contribuyen a volver famoso al personaje en cuestión, para que se mantenga circulando mientras más like reciba o lo comenten.

Ya es tiempo de acabar con la rebatiña entre izquierdas y derechas, lo que se necesita construir es un ser humano pensante y reflexivo, pero esto se logra solamente a través de la lectura concienzuda de textos que abran el camino del pensamiento crítico. El individuo superará este anquilosamiento cuando logre superar estas barreras que se impone así mismo. El ciudadano consciente no se puede poner a defender a un delincuente que se roba billones de pesos del erario, por el solo hecho de ser el Presidente.

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