Cuarentena y Educación inicial: cuidando a quienes cuidan

Durante la cuarentena, ha sido ampliamente debatida la dificultad de la virtualización de la educación en un país donde la conectividad es aún precaria y un síntoma de nuestra evidente desigualdad.  Sin embargo, un día y de repente, el sistema educativo se vio forzado a reinventarse para asumir exigencias inéditas por un tiempo indefinido.

Es ampliamente conocido que el esfuerzo docente se ha visto empañado no sólo por las dificultades de acceso y conexión, sino porque el aprendizaje no es una mera acumulación de información que se organiza diariamente en bloques de tiempo fragmentados. La experiencia escolar es sobre todo una práctica de vida que se nutre de relaciones, tiempos de ocio, espacios abiertos y creatividad compartida. Reducir de un momento a otro la escolaridad a la ejecución de guías educativas en solitario, supone una inmensa carga de estrés y sin sentido en un momento de incertidumbre compartida por adultos y niños.

El reto es aún más complejo cuando se trata de educación inicial. El preescolar, considerado educación formal regida y vigilada por el Ministerio de Educación Nacional, también ha debido hacer frente al reto de virtualizar su trabajo para desarrollar en casa. El desafío es inimaginable si entendemos que el Jardín atiende a la infancia para potenciar su desarrollo y en ese quehacer no sólo educa sino que además, y esto es inseparable, cuida la vida y permite el encuentro. Asistimos al jardín para posibilitar el descubrimiento de un otro, asumir que no estamos solos en el mundo, expandir la conciencia de colectivo y potenciar un desarrollo que reconoce y contiene, en un ambiente seguro y amoroso, las necesidades humanas en sus primeros años.

Poner a disposición de las familias las apuestas pedagógicas de trabajo con primera infancia es un camino tentador si olvidamos que éstas se han sentido desbordadas por las interminables demandas de cuidar en casa y teletrabajar al ritmo previo a la coyuntura. En un contexto de grandes desigualdades, las mujeres siguen ejerciendo de cuidadoras principales reportando sobrecargas con las tareas productivas y las labores domésticas como trabajo extra y no remunerado. La virtualidad nos ha abierto camino, pero es sabido por los expertos que los primeros años de vida se potencian mejor lejos de ella y con una lúdica libre a cielo abierto.

Quienes atienden a la niñez tienen múltiples razones y corazones para desear un pronto reencuentro en la escuela. Con su vocación docente han seguido acompañando, con interminables obstáculos, los procesos infantiles en casa, sabiendo que aún con sus cortas edades, los niños merecen continuidad en sus relaciones, explicaciones sinceras y despedidas dignas de sus entendimientos. También esperan con impaciencia que la infancia pueda respirar un aire fresco, hacer rondas colectivas y descubrir sin miedo un mundo de posibilidades.

Como sabemos que esto dependerá de las condiciones sanitarias y del curso de la pandemia, por ahora tendrán que hacer presencia a distancia. Las maestras seguirán siendo un punto de referencia pues el vínculo afectivo con la infancia se ha tejido también cuidando, alimentando y limpiando pequeños cuerpecitos. Durante estos meses, comunicarán a las familias sus permanentes reflexiones, buscarán alternativas para compartir sus metodologías, propenderán por fortalecer la resiliencia, construirán significados en cortos periodos de concentración y echarán mano de su formación y experiencia pedagógica para contextualizar en casa los desempeños de una malla curricular para primera infancia.  La continuidad simbólica del año escolar permitirá que los niños y niñas se asuman también en colectivo y mantengan la idea de pertenencia a su comunidad escolar. El encuentro con las familias servirá para conocer más de cerca las bases que fundamentan el quehacer pre-escolar y respetar los tiempos de maduración y ritmos particulares.

Pero además, docentes y familias deberán articularse para buscar en la crisis posibilidades pedagógicas de cambio y de transformación social. Desde este nuevo lugar, aparece el imperativo de reconocer las dificultades que enfrenta la educación inicial, el desconocimiento de su importancia y la responsabilidad colectiva con nuestra población infantil. Quizás sea éste el momento para apoyar juntos el nacimiento de ese nuevo paradigma donde el trabajo de cuidado y la pedagogía inicial, brille de una vez y para siempre como un sostén que soporta la humanidad que esperamos.

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