Cura contra el Covid 19 o la estupidez del vulgo

Medicamentos como la Azitromicina, la Cloroquina y el Interferón han resultado efectivos en el manejo de patologías muy específicas. Tienen indicaciones puntuales, pero dado que han servido para el tratamiento de males respiratorios o similares, no significa que transitivamente puedan obrar como positivos agentes antivirales, particularmente contra el complejo virus SARS-CoV-2, uno de los más rebeldes conocidos. Por allí arrancan las teorías especulativas.

Lamentablemente en nuestro medio las tradiciones populares, el folclorismo y algo de chamanería se imponen en medio de la incertidumbre y la desesperanza de la gente. Es así que ante tamaña necesidad aparecen propuestas de terapias con miles de ‘argumentos’ y supuestos testimonios, pero sin el indispensable soporte de la medicina basada en la evidencia. Esto significa cumplir unos procesos largos, costosos y metódicos que no los surten fácilmente la mayoría de preparados ya que difícilmente soportan estos protocolos.

Los solo indicios para nada son indicadores para atreverse a ofrecer fórmulas mágicas de tratamientos o soluciones curativas. Eso al parecer ha ocurrido con los fármacos mencionados al inicio con hábiles promotores, incluso profesionales que agazapados en un título o trayectoria estarían al acecho para ofrendar sus pócimas milagrosas, como ninguna ciencia hasta hoy lo ha logrado en el mundo con el insurrecto SARS-CoV-2.

Las pócimas de Interferón diluido

El Interferón tienen sus particularidades ya que tuvo auge cuando los cubanos conservaban cierto liderazgo en la salud pública. Fue efectivo en males como la esclerosis múltiple, pero con riesgo de graves efectos secundarios que pondrían en riesgo la vida de los pacientes, al menos sin una estricta prescripción y cuidado médicos. Además, debe tener registro sanitario aprobado por las instituciones que vigilan medicamentos como la FDA (EEUU) o el INVIMA (Colombia). De lo contrario no serían más que pócimas populares sin ninguna garantía.

El común de la gente quiere curarse mágicamente y si alguien con alguna credibilidad ofrece esa vía, lo convierten en dogma que se enquista en una opinión pública que podría estar manipulada. Ello ha ocurrido con una preparación en gotitas que supuestamente tienen Interferón y que aplicadas vía oral tratarían de forma efectiva el Covid 19. El público objetivo o susceptible de «tratarse», son los más vulnerables e incautos y hasta gobernantes cándidos.

Folclorismo y chamanería

Pero con el Covid 19 puede ocurrir que cualquier lego puede inventarse un tratamiento “efectivo” y suministrarlo a muchos que están contagiados. De cada 10 infectados 8 ó 9 se recuperan espontáneamente o nunca tendrán síntomas, ni se enferman a pesar de estar positivos para el virus.

De allí que algún avivato con alguna poción o untura se puede atribuir erróneamente su ‘mejoría’ y el paciente se las cree, luego sale a dar testimonios, recogidos por “serios” periodistas que caen en la trampa. Lamentablemente chamanes, brujos y curanderos han sido parte de la cultura “folclórica” de países latinoamericanos como Colombia

Posición de la Asociación Colombiana de Medicina Interna (Nar.) e INVIMA

Sobre ello ha llamado la atención la Asociación Colombiana de Medicina Interna – ACMI (cap. Nariño), en comunicación dirigida al gobernador de Nariño y a su directora del Instituto de Salud. Entre otros aspectos manifiestan:

“como especialistas en medicina interna por cuestión de principios, ética y formación académica nos declaramos en completa adhesión a las prácticas científicas y al método científico como forma de generar conocimiento para lograr mejores resultados en lo que se refiere al estado de salud de una comunidad….  El resumen de la evidencia es que la eficacia y seguridad de los interferones para el tratamiento o prevención de la Covid 19 no está establecida…. El panel de guías de tratamiento Covid 19 recomienda NO utilizar Interferón en el tratamiento de la enfermedad… ya que no se ha observado ningún beneficio con su uso en el tratamiento de infecciones por otros coronavirus…”

“Conocemos que la intervención que está realizando el Dr Klinger consiste en la administración sublingual de microdosis de Interferón que él mismo prepara como fórmula magistral que no cuenta con registro INVIMA, no hace parte de un ensayo clínico, no tiene aprobación por un comité de ética médica y no cuenta con la autonomía informada del paciente. Además, muchos de los pacientes que ha tratado son asintomáticos o con síntomas leves y es bien sabido que la tasa de curación espontánea (sin tratamiento) en este grupo de pacientes es alta, por lo cual sin un ensayo clínico no se podría establecer si el efecto fue del medicamento o de la evolución propia de la enfermedad leve. …..”

Concluye la ACMI, que no avala en la región este tipo de tratamientos y exhorta al gobernador a invertir en otras iniciativas científicas que podrían ser esperanzadoras. Este pronunciamiento de médicos especialistas coincide con la postura del INVIMA que un comunicado sobre la referencia concluye al respecto: “es posible afirmar que el medicamento objeto de investigación no cuenta con registro sanitario, constituyéndose en un producto farmacéutico fraudulento”.

La estupidez del vulgo, lección de Fedro

Esto nos recuerda una histórica lección que alguna vez ofreció el inolvidable fabulista Fedro (hace más de 2.000 años), refiriéndose a la estupidez del vulgo, que se ajusta a muchos de los comportamientos folclóricos actuales.

Cuenta el hijo de Macedonia que: “Un mal zapatero comido por la miseria púsose a ejercer la medicina en un país donde no era conocido, y vendiendo un antídoto con nombre inventado adquirió gran fama gracias a sus discursos charlatanescos.

Habiendo el rey de aquel país caído en el lecho con grave enfermedad, con el fin de probar su saber, pidió una copa y llenóla de agua, fingiendo mezclar veneno con el antídoto del médico. Ordenó a éste que bebiera la poción, ofreciéndole un premio

El temor a morir hizo confesar al zapatero que su celebridad se debía no a sus conocimientos médicos, sino a la estupidez del vulgo.

Convocó el rey al pueblo, y dijo estas palabras: ¡Hasta dónde llega vuestra falta de sentido, oh ciudadanos, cuando no dudáis en confiar vuestras cabezas a quien nadie quiso dar a calzar los pies!”

Sorprende que el doctor que prescribe y vende las agüitas con Interferón, lleva bien amarrada una mascarilla, mantiene la distancia y se le notan los miedos al coronavirus. Como al zapatero de Fedro, a él ¿las gotitas sublinguaes no le funcionan? La venta de estas pociones bien diluidas, al parecer son un gran éxito comercial, logro que podría atribuirse, al igual que la fábula de Fedro, “no tanto a los conocimientos médicos, sino más a la estupidez del vulgo”.

Apostilla: Dado el alto impacto que estos fenómenos tienen en redes sociales y en el común de la gente que se deja manejar y le encantan los tratamientos “naturistas”, viene como anillo al dedo la contundente sentencia de Jean Cocteau: “No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”

Apostilla 2: Para tener más luces sobre este tema, recomiendo este excelente trabajo del juicioso periodista Ed Ladino (radicado en Alemania), sobre ‘El médico que, sin aval, “vende” la cura contra el Covid 19’: https://voragine.co/interferon-es-la-cura-milagrosa-contra-el-coronavirus/

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