¿De dónde viene la gallina colombiana?

A partir del análisis genético a muestras de sangre de gallinas criollas de 13 zonas rurales del país, se halló una relación genética de estas especies con las del sur de China y Japón.

El Grupo de Investigación en Genética Animal (GIGA), de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), recorrió zonas de Boyacá, Caldas, Cauca, Cesar, Cundinamarca, Córdoba, La Guajira, Santander y Tolima, donde encontró gran diversidad de biotipos asociados con el color de las plumas, los tarsos, tipos de cresta y colores de piel.

“El estudio contempló el análisis de un fragmento de la región D-loop del ADN mitocondrial, el cual permite realizar inferencias sobre las relaciones genéticas que existen entre las gallinas criollas y otras razas”, explica la profesora Ligia Jiménez, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia, quien estuvo a cargo de la investigación desarrollada con la estudiante de posgrado Luisa Mendoza.

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Aunque se sugiere que durante la conquista se introdujeron gallinas provenientes de la península Ibérica, el análisis de ADN mitocondrial evidencia que en América ya existían ejemplares de esta especie, los cuales probablemente llegaron de las islas Polinesias a Chile y Perú. Estos se caracterizan porque sus huevos son azules y verdosos, lo que demuestra la presencia de pollos precolombinos en las Américas.

Según explica la profesora Jiménez, el gallo rojo (Gallus gallus) se reconoce como el ancestro salvaje de las gallinas domésticas, cuyo proceso de domesticación –aún en debate– inició hace cerca de 8.000 años en China, aunque algunos estudios proponen que en varias regiones del sudeste de Asia y en la India hubo procesos similares.

Las gallinas Ayam Cemani, de la isla de Java (Indonesia), presentan hiperpigmentación, por lo que su carne es negra y muy apetecida en todo el mundo, por su uso tanto en recetas culinarias propias de los pueblos asiáticos como en prácticas de medicina popular tradicional china y costumbres religiosas. “En un viaje que hice a La Guajira encontré en el traspatio de una tienda algunos ejemplares con características similares”, destaca la docente.

Entre pirocas y chirosas

Las formas características de las diferentes variedades de gallinas, o biotipos, se expresan en múltiples formas, y han dado lugar a una serie de nombres coloquiales entre la población, los cuales también varían según la región donde se encuentren.

Las “armiñas” tienen un plumaje alrededor del cuello, cuyo patrón es negro para las amarillas, rojas y blancas, y blanco para las de plumas negras, por lo que se encontraron armiñas blancas, rojas, amarillas, plateadas y negras. Además de ser las más abundantes, también registraron el mayor número de huevos verdes y azules, aunque también los hay marrón y blanco.

En las “prietas” llama la atención su coloración negra con diferentes tonalidades de plumaje, mientras que las “cariocas” se caracterizan por no tener plumas en su cuello. Las “plateadas” o “lavanda” tienen plumaje gris y las “pirocas” se destacan por sus tarsos cortos y cresta sencilla. También están las “jabadas”, de plumaje amarillo en diferentes tonalidades, y las “chirosas”, con sus plumas rizadas o crespas.

Uno de los biotipos de gallinas que llamó la atención del grupo de investigación es la “pata de pato”, que, a diferencia del resto de gallinas, tiene una membrana entre los dedos.

Dentro de esa gran diversidad de fenotipos, o características que se expresan a simple vista, las hay blancas, doradas, rojas negras, naranja-negras, saraviadas y las “pintas”, cuyo plumaje presenta manchas de dos colores.

También se destacan ejemplares que parecen tener una corona de plumas en la cabeza, y las que las tienen plumas en las patas y otras en las que el color de piel y tarsos es negro, aunque predomina el color amarillo.

(Por: Fin/JCMG/MLA/LOF)

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