De nuestros libros perdidos, inéditos y olvidados

A manera de un cuento de hadas, que cierto día de este confinamiento, le referí a mi nieta Miriam Daniela Melo Pérez:

Hubo una vez un libro, tan añorado y deseado que, luego de escaparse del encierro de una biblioteca y de tanto caminar, virtud de los libros inquietos y caminantes, el rato menos pensado y esperado, llegó a mis manos, válgame la desilusión, con unas hojas desfiguradas y amarillentas por lo viejas y los viajes, que los traviesos vientos de la travesía, se habían llevado todas sus letras…

Duele decirlo y recordarlo. Parecida suerte acontece con ciertos libros perdidos, inéditos y olvidados de autores nariñenses. Este recuerdo no puede ser más desconsolador. De manera fugaz, vengan a la memoria que, no pocas veces, peca de olvidadiza.

Vidas ocultas de un tal Luis de Obando, nombre totalmente desconocido e ignorado que, a raíz de la muerte del maestro Ignacio Rodríguez Guerrero salió, entre tantos de su maravillosa biblioteca, y fue adquirido por un librero en la Librería Nacional de Cali. A su paso por Bogotá apenas me permitió conocerlo, con la expresa manifestación de que, dado su excelente e interesante contenido, lo iba a publicar por su cuenta. Pasados los días y otra vez de vuelta por mi oficina, me sorprendió con la infausta e imperdonable noticia de que había perdido semejante hallazgo. Ciertamente, del todo imperdonable, la suerte de una obra que, su solo título Vidas Ocultas, suscita tantos enigmas.

Recordemos luego, la perdida, de veras lamentable, de un libro de Arturo Chávez Benítez sobre nuestra costa nariñense, fruto de sus personales conocimientos; allí la idiosincrasia de sus gentes, sus costumbres y leyendas, su coplerio y tonadas musicales. En una vitrina de la imprenta departamental de Nariño, permanecía en espera de su publicación. En ya lejano día, cuando desempeñaba el cargo de secretario de gobierno, lo tuve en mis manos. Infortunadamente en esa época carecíamos del milagro de las maquinas copiadoras. Cuánto me pesa haber incurrido, no en el pecado sino en el acierto de “robármelo honradamente”

Y si de la costa pacífica nariñense hacemos reminiscencia, cómo no recordar, entre gallos y medianoche, la obra de Vicente Buendía Narváez, que lleva por título tan llamativo Nubes blancas en el Litoral. A esta obra, el célebre poeta Faustino Arias Reinel, desde Tumaco, en abril de 1976, le expresa al “novelista clandestino”:

“Describes y descubres paisajes y sentimientos de los cuales quienes vivimos en cotidiano contacto con ellos no nos damos cuenta. Tenía que ser la inteligencia y el gran sentido de captación de un hombre superado, oriundo de la zona andina con una inigualable sensibilidad universal, quien nos mostrara a nosotros mismos lo que no hemos podido captar…”

Otra perdida, que bien le cabe el calificativo de misteriosa, ocurre con la obra Las Mujeres del Quijote del mencionado maestro Ignacio Rodríguez guerrero, Cervantista laureado; una perdida, ciertamente enigmática, tan increíble e inexplicable, que ni el mismo autor llegó a descifrarla.

¿A dónde, a dónde irían a parar estos tesoros bibliográficos? Inaceptable el destino de ciertos libros; pérdidas irreparables que lamentamos y nos duele a más no poder.

Aún más. Si de libros inéditos de la entraña costalera se hace referencia, imposible no mencionar los siguientes: La Isla Gorgona de nuestro recordado amigo y compañero en los claustros del colegio Javeriano de Pasto, Elpidio Hernández Gómez. Los poemas, igualmente de nuestro inolvidable amigo, el médico Gabriel Manzi Benítez, y el libro Puerto de Romances de la consagrada poeta tumaqueña Blanca Ortiz de Sánchez Montenegro. Estos dos últimos, obsequiados gentilmente por sus autores.

Imperdonable que estos libros se pierdan en las sombras del olvido. Vuelvo, una y otra vez, a la tan ansiada y soñada Biblioteca de Autores del Pacifico, con las valiosas y ya centenarias obras del agustino Bernardo Merizalde, Prefecto Apostólico de Tumaco, y la de Sofonías Yacup, autor de El Litoral Recóndito.

Entre tanto, a flor de pluma, venga el inseparable refrán de la sabiduría popular: Cada loco, con su tema… y al oído de este cuadrilátero de tumaqueños raizales y entusiastas: José María Obando Garrido, Álvaro Benítez Acevedo, Moro Manzi y Oscar Seidel.

VICENTE PÉREZ SILVA

Angasnoi (Refugio del Cóndor), La Calera, 20 de mayo del 2020.

N.B. Ya vendrá la sorpresa de otros 3 libros inéditos, de suma importancia, sobra decirlo; y, por qué no, el recuerdo de un curioso proyecto sobre la creación del Departamento del Pacifico. Menudo tema que acaba de agitar nuestro cronista de la costa del pacifico nariñense, Mauricio Chaves Bustos.

Estas reminiscencias, sobra decirlo, se deben al confinamiento que ahora padecemos. Además de rumiar gratos recuerdos nos ha llevado a revolver papeles viejos. V.P.S.

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