¿Departamento del Pacífico?

A raíz del paro de los indígenas del Cauca en marzo de 2019, muchas voces separatistas, venidas de varias regiones, salieron al ruedo público; aparecieron mapas que mostraban una nación amazónica, que incluye a Putumayo, Caquetá, Guanía, Guaviare y Amazonas; por otra parte, en Nariño, se auspició la creación de una nación conformada por Nariño, Cauca, Valle y Chocó, como una especie de Nación Pacífica. Los paisas han hecho también curso sobre ello, recuerdo los llaveros que colgaban de los taxis en Medellín, su mapa con el letrero dorado de “Antioquia, república independiente”, la historia ha señalado que también su centralismo ha sido maléfico para las subregiones que lo componen.

Hubo seguidores y detractores. Me recordó el sentimiento separatista que se suscitó después de 1903 con Panamá, recordando el frío centralismo con que se manejaba, no solamente la vida económica del país, sino el constructo de nación, con la cultura y la historia a bordo. Fue así como el sabio y polémico nariñense, Rafael Sañudo, el mismo autor de los Estudios de la vida de Bolívar, escribió el texto denominado Otro Panamismo, donde se argumentaba que al haberle cedido territorio nariñense a Ecuador se creaba una política separatista.

La rancia élite caucana nunca ha sido merecedora de todos los beneficios que Guapi, Timbiquí o López de Micay le brindan ostensiblemente; Cali, se regodea con las costumbres afros, se hacen eventos culturales y deportivos que aparentemente tratan de demostrar que es la verdadera capital del occidente colombiano, pero no hay unas políticas públicas inclusivas claras, ahí todavía hay discriminación, la Salsa no alcanza a cubrir su deuda con el litoral; Chocó es el permanente damnificado de Antioquia, ahí los paisas se enriquecen, se nutren, se engordan y se ceban, y ahítos de poder y dinero, corren a dejar sus arcas a la capital del narcotráfico y la vanidad, hasta sus territorios intentan ser usurpados por la raza sefaradita que a mala hora los conquistó.

¿Cuándo a las élites políticas pastusas les ha interesado realmente el Pacifico nariñense? A no ser por el oro que se vertía por sus ríos, desde Barbacoas e Iscuandé, para subir a las sierra y convertirse en el capital de las ambiciones y de los desdenes; a no ser por la tagua y las finas maderas que avanzaban por los esteros, cruzaban ríos y ascendían vertientes para enriquecer a los intermediarios mientras empobrecían a los habitantes y al territorio de Satinga, La Tola o el Charco; o por la palma, el cacao, el palmito y el plátano que se vendía a gráneles en las plazas de Pasto y la sierra, mientras en la costa era su único sustento; las mesas gulosas de las rancias familias endogámicas, pletóricas en langostinos, toda clase de pescados y conchas, envanecían a quienes podían adquirirlas, pagando precios de miseria a los pescadores de Tumaco o Salahonda; y nombres perdidos, como Roberto y Magüi Payán, que a los serranos les recuerda solamente los gamonales de antaño.

Únicamente a finales del siglo XIX se construyó un camino que comunicara a Barbacoas con Tuquerres, baste leer los diarios de viaje de los aventureros que se adentraron en la maraña de esta vorágine para comprender lo tortuoso del viaje; hasta hace 25 años, era necesario un viaje de más de 12 horas para avanzar menos de 50 kilómetros; recién hasta hace unos pocos años se está pavimentando el trayecto Junín-Barbacoas, con todos los problemas habidos y por haber, aún falta un tramo, pero es una carretera construida con la sangre, el olvido y la desidia de la Sierra a la Costa. Esa endogamia pastusa, transmitida y heredada también por las castas blancas que llegaron al territorio, quisieron siempre mantenerla incomunicada para regodearse en sus vanas riquezas; carretera que debería ser en oro, como bien dicen sus pobladores.

En la década del 30, la línea férrea comunicaba El Diviso con Aguaclara, en Tumaco, un tren, que como dijo un viajero que tomó su viaje en la costa, no conducía a ningún lado, como una premonición macondiana del territorio. En 1950, un Gobernador barbacoano, blanco, le dio la estocada final. Pasaron muchos años para que una carretera medio digna comunicara el centro con la costa, a fines de los 90 se contó con una carretera pavimentada de doble calzada, donde se ve como el tubo del Oleoducto Trasandino irrumpe tanto en hogares como en la geografía del territorio, el mismo que ha traído más desgracias que beneficios a la región.

El serrano en general ocupa puestos de importancia en la costa, la mayoría no ven la hora de salir del territorio, los viernes hacen antesala en las terminales improvisadas, parece que el territorio les molestara; otros aparecen en épocas de vacaciones, son un aliciente para los pobladores que viven de ello, pero también son un problema en playas y sitios naturales, ya que nada les impide dejar ahí las basuras que acaban con los ecosistemas.

Y ni qué decir del entramado socioeconómico generado por la coca. Ahí se siembra y en algunos lugares se procesa. Esto ha traído toda clase de advenedizos, a tal punto que Llorente parece más un pueblo paisa que uno costero nariñense. La violencia hace su curso, la prostitución se acrecienta y los problemas sociales, ajenos al territorio, se apropian y hacen metástasis ahí. Ante la falta de oportunidades laborales, ya que la industria es incipiente, los jóvenes ven en el cultivo y el transporte de la coca una forma de sobrevivencia.

Cuando a inicios del siglo XX se hicieron las divisiones políticas colombianas, se hicieron artificialmente, obedeciendo más a los intereses políticos que a los territoriales, de ahí su nombre; los serranos, especialmente los pastusos, querían generar su propia burocracia, fácil es deducirlo cuando se analizan las élites “intelectuales” que lo propiciaron, dejando siempre a un lado a las provincias; no se consultó con el territorio, indios y negros siempre fueron dejados a un lado, se les impuso las municipalidades, se les impuso alcaldes, se les impuso una plutocracia disfrazada de democracia. Siguiendo el lema romano imperial de divide y vencerás, unos se impusieron sobre otros, creando fronteras imaginarias y artificiosas que siempre fueron en contra del territorio.

Pienso que con el tiempo, siguiendo el curso de las causas sociales propias, aparecerá el territorio autónomo, llámese República, Departamento, Provincia, que aunará a quienes habitan el Chocó biodiverso colombiano. Se dará un gobierno propio, incluyente, que dé respuesta a sus propios requerimientos, que se sustente en su pensamiento y en su cosmogonía. Y, lo siento, la sierra, ni nariñense, ni caucana, ni valluna, debería estar invitada a este concierto.

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