Diclofenaco y caléndula. La ruta de la muerte

 Por: Isidoro Medina Patiño

Tuve un accidente en el que me fracturé y para mitigar los fuertes dolores los médicos me recetaron opioides y Diclofenaco, tanto durante la operación a la que me sometí  y en el postoperatorio.

Debo decir que los efectos de ese tratamiento fueron adversos puesto que de inmediato me vi aquejado  de depresión, estreñimiento, problemas en la respiración, fallas renales y alergias.  Todos esos terribles síntomas acompañados  de una gran irritabilidad emocional, lo que convirtió mi vida en un verdadero infierno.

Me encontraba en mi lecho de enfermo cuando recibí la visita de un amigo “sabelotodo”, quien al escucharme gritar de dolor se impresionó  de la angustia y me dijo: “Mijito le tengo la solución para esos gritos que estás lanzando y que parece que te estuvieras muriendo”.

Uff y que me puede aliviar, le dije en medio de los atroces dolores que me aquejaban.

“Pues es un producto nuevo elaborado por científicos colombianos  y sin ninguna ayuda gringa, purita ciencia nacional, con la utilización de nuestra medicina natural que se encuentra en las  hierbas medicinales.”

No puede ser  exclame emocionado, con la posibilidad de librarme del tormento de mis dolores y sin saber en ese momento que me estaba exponiendo a episodios mucho peores.

“Sí señor el producto se llama Dololed y es una bendición.

Que me han dicho. De inmediato compré 5 cajas de ese “maravilloso” producto natural y lancé al basurero  todos los productos de la farmacopea de Estados Unidos y henchido de orgullo patrio empecé a consumir la caléndula que contiene en grandes cantidades el Dololed.

¿Qué pasó? Al poco tiempo mi cuerpo y mi mente empezaron a experimentar preocupantes cambios. Primero perdí el apetito y no me provocaba nada. En las noches me la pasaba dándole vueltas en la cama sin poder cerrar los ojos. Además empecé a darme cuenta que tenía dificultades para caminar y moverme, pero lo más grave de todo, es que me di cuenta que estaba perdiendo las ganas de vivir.

Mis ilusiones se transformaron en delirios, miedos, paranoia, en las que como se suele decir de manera popular no me hallaba y tenía la impresión de que en cualquier momento podría morir.  Y, para completar, regresaron los síntomas de los que precisamente me quería curar , como la depresión,  el estreñimiento, las dificultades para respirar, los problemas renales, las alergias e irritabilidad emocional, lo que esta vez estuvo acompañado de otra dolencia de gravedad:  taquicardia paroxística.

Hace pocos días me volvió a visitar mi amigo “sabelotodo” y con cara de vergüenza y mostrándose  muy apenado me abrazó a tiempo que me decía: “Ese Dololed es una mierda.  Entonces me leyó un artículo del periódico El Espectador que tenía resaltado con un marcador rojo, cuyo título era “El ingrediente oculto del Dololed ¿Un fármaco 100% natural?

Al terminar la lectura de ese artículo, me sentí como  un verdadero ignorante, engañado de manera infame  por una publicidad mentirosa en algo tan importante para todos los seres humanos como lo es la salud.

Me daba la impresión de haberme convertido en una víctima de una gran estafa como la llamada millonaria, el paquete chileno, el cambiazo o cualquier otra triquiñuela de las que se  valen los avezados timadores de oficio.

Para concluir este comentario con broche de oro, conozcamos un poco de la historia de la caléndula, planta que también es conocida como botón de oro, mercadela maravillosa, maravillosa azucena, clavelina, corona del rey, centella, margarita, reinita, flor de muerto o reinita de muerto (nombres que por todas las que me tocó pasar por su consumo, serían los más apropiados.

Lo cierto es que esta es la hora en la que ningún estudio científico ha logrado demostrar de dónde procede ni cuál es su designación científica.  Se comenta que es del Mediterráneo y que los antiguos  griegos, hindúes y árabes no se pusieron de acuerdo para reconocerle alguna cualidad como hierba medicinal.  Pero en realidad hay que decir que ellos no fueron  tan ingenuos para tomarla como un medicamento y poner en grave riesgo su salud, sino que la utilizaban  ¡como un tinte para telas y cueros!.

Lo único que se puede decir ahora es que la caléndula o “flor maldita”, como también se le conoce  ha sido utilizada para perpetrar un gran engaño a la ciencia mundial, lo que ha puesto en riesgo la salud de millones de personas.

En mi caso,  en el cual no exagero al decir que estuvo a punto de costarme la vida, puedo decir que luego  de consumir cinco cajas de Dololed afirmó que mi vida se partió en dos: antes y después del Dololed.

Espero que mi testimonio sirva para alertar a las autoridades pertinentes como el Ministerio de Salud, el Invima y la Fiscalía General de la Nación.

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