Educación como acción transformadora

Por: Darling Viviana Delgado Alban

 

“Creemos en una escuela que despierte los sueños de nuestra juventud, que cultive la solidaridad, la esperanza y el deseo de aprender, enseñar y transformar el mundo” (Palabras colgadas en la pared de las fincas agrarias ocupadas por el Movimiento de los trabajadores sin Tierra de Brasil).

La educación es un proceso constante e innovador que se perpetua a través de diferentes procesos de instrucción y practicas educativas. La manera como la educación se ha reflejado en Colombia difiere en base a su situación económica y socio-política. Es por tanto que la educación no se imparte de manera equitativa en los diferentes espacios geográficos de nuestro país. Sin embargo, el papel del docente y de la comunidad educativa es precisamente saber sobrellevar dichos retos y hacer que sus complicaciones de alguna manera beneficien a los aprendices. El reto del docente es entonces buscar maneras de motivar el estudiantado a alcanzar sus metas académicas de una manera exitosa. Lograr este propósito en un país en donde las diferencias son abismales requiere de muchos componentes. El primer paso es poder entender a la educación como acción transformadora. No nos referimos a un método educativo, hablamos de una filosofía pedagógica en donde se debe admitir la diversidad en la sociedad y por tanto la pluralidad en la educación con un enfoque crítico-transformador.

 El camino de una educación emancipatoria según Mary E. Boyce, contempla tres principios organizadores en la pedagogía crítica: la educación no es neutral; la sociedad puede ser transformada mediante el compromiso de personas conscientes y críticas; y la praxis conecta la educación liberadora con la transformación. Así, el papel del docente como líder transformador en contextos críticos es fundamental para poder sobrellevar situaciones adversas que surgen alrededor de la sociedad y que directamente influencian el proceso educativo. El liderazgo de personas consientes encaminadas al fortalecimiento de las futuras generaciones puede ser la solución a alcanzar el cambio social que tanto anhelamos y que tanto necesita nuestra educación.

“La educación crítica parte de la profunda insatisfacción que genera una sociedad injusta y de la voluntad de transformarla” (Boyce,1996). De esta manera, podemos afirmar que no hay educación liberadora si no nos percatamos de que en realidad existe algo que hay que cambiar y transformar, no hay educación transformadora si no se encuentra una razón inédita y un profundo deseo encaminado a la posibilidad de lograr un cambio social. No es necesario cuadricular nuestras mentes hacia un mismo modelo educativo ideal, o hacia un estereotipo de alternativa ya diseñada, sino compartir una orientación utópica para mejorar y contribuir positivamente a superar las limitaciones del hoy, y pensar que la educación no puede ni debe rehuir sus responsabilidades en ningún contexto por muchas que sean las desigualdades y por muy difíciles que puedan llegar a ser los tiempos.

La educación como acción transformadora puede otorgarnos esa disponibilidad de creer que hay esperanza de lograr un cambio en nuestra sociedad, de apoyar lideres con alto nivel de compromiso social y sobre todo de perseguir metas y sueños que se han visto truncados por las diferentes acciones violentas que ocurren en nuestra sociedad. La educación puede y debe dar herramientas para que los individuos se superen en tiempos abismales y debe proveer la firme convicción de construir una mejor sociedad para quienes la ocupan y para sus futuras generaciones.

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