El cadáver del General Avelino Rosas, “El león del Cauca”

Debo empezar esta crónica con una anécdota. Estando en la celebración de los 25 años de UN Radio, emisora de la Universidad Nacional de Colombia, donde fuimos invitados Luz Stella Millán y yo para dirigir el conversatorio, con la presencia de los escritores Alfredo Molano, Jorge Franco y Jorge Eliecer Pardo, todos ampliamente conocidos. Al final del programa radial, que fue en directo en el auditorio Alfonso López de la Universidad Nacional, como es costumbre en estos eventos, el auditorio se va casi que lanza en ristre para hablar con los escritores, tomar selfis, cuando no pedir uno que otro autógrafo. Mientras tanto, Luz Stella y yo aguardábamos para tomarnos un vino con los escritores, cuando de repente, aparece un señor, quien en un tono muy comedido se acerca a mi y me dice: “Disculpé, en la presentación escuché que Usted es de Ipiales, será que me puede atender un minuto?”, sin salir del asombro ante hecho tan inusual, me acerque al señor, quien me dijo que adelantaba una investigación sobre el General Avelino Rosas, que sabía que Ipiales había sido el escenario de su acción liberal y que necesitaba averiguar unos datos precisos. De tal manera, que así intercambiamos número de celular y planeamos un posterior encuentro. Se trataba del investigador Leónidas Arango Loboguerrero, historiador independiente y autor de varios libros y artículos de historia de Colombia, particularmente del Líbano, Tolima, su tierra natal.

La conversación no fue otra que averiguar dónde reposaba el cadáver del general Avelino Rosas, llamado por Antonio Maceo “El león del Cauca”, dada la pericia y el valor demostrados durante su gesta en la independencia de la isla frente a España; este liberal colombiano, había participado en múltiples contiendas donde se sintió llamado a servir, teniendo que ver con el golpe de cuartel que terminó por derrocar a José Balta, presidente del Perú; también tuvo que ver con el derrocamiento del presidente Raimundo Andueza en Venezuela; participó contra el gobierno teocrático de García Moreno en Ecuador; además fue amigo incondicional del ecuatoriano Eloy Alfaro y enemigo acérrimo del insidioso sacerdote español Esequiel Moreno Díaz, quien desde el pulpito arengaba que el liberalismo es pecado, adoctrinando a una masa amorfa de conmilitones en el Sur de Colombia, aprovechándose de su religiosidad.

No quiero extenderme mucho en los detalles, pero lo dicho permite entrever la importancia de Avelino Rosas Córdoba dentro del contexto nacional y latinoamericano. Participó activamente en la denominada Guerra de los Mil Días; obteniendo la ayuda económica y moral de Eloy Alfaro, se dirige desde Quito al Sur de Colombia, cruzando la frontera el 31 de julio de 1901 y estableciendo su cuartel en Yaramal, una vereda de Ipiales, al mando de setecientos hombres, no todos militares, algunos comerciantes y patricios liberales de Ipiales que habían luchado por sostener sus ideales, pese al pensamiento recalcitrante de los seguidores el obispo Moreno. De ahí se movió a Cumbal, buscando atraer a los indígenas Pastos a su causa, posteriormente llega al paraje de La Cruz en Carlosama. En total comandó un ejército irregular de unos 1.100 hombres y algunas mujeres que conformaban los contingentes.

El 28 de agosto inicia sus movimientos para atacar a Puerres, llegando al lugar denominado La Laguna; el 29 es repelido el ejército liberal por los conservadores que llegaron en un grueso número, emprendiendo la retirada. Rosas levanta su campamento en Chiguacos, una vereda del municipio de Córdoba-Males, enfrentándose el día 30 en una cruenta batalla, sin que hubiese vencedores al atardecer, momento en el cual ambos ejércitos se retiran del campo de Marte. Durante tres semanas el ejército gobiernista se riega por todo el territorio, acantonada una gran parte en El Contadero y en Ipiales. Rosas quería pasar por Funes y llegar hasta Pasto, una idea algo descabellada, que su secretario, el coronel pastuso José María Caicedo, no aprobaba del todo. El 19 de septiembre se dio el combate en Córdoba-Males, donde los liberales pudieron vencer a las fuerzas gobiernistas, ya que este poblado, junto con Ipiales, era de marcada raigambre liberal.

Mientras tanto, el general Gustavo Guerrero había llegado a Puerres al mando de 1.600 efectivos, así mismo a El Contadero había llegado refuerzos conservadores de Popayán y Pasto, con un número superior o igual. Parece que el general Rosas desconocía este asunto, a tal punto que ordena tomar Puerres, con tal mal infortunio que es repelido desde todos los francos. Buscando una salida por el oriente, recibe una bala que le atraviesa el fémur derecho, por encima de la rodilla, impidiéndole caminar. Lo pueden sacar y ubicar en las afueras de una casa, ordenándole a sus hombres que se retirarán y que lo dejaran solo; se arrastro hasta donde pudo, para finalmente ser capturado por dos hombres del batallón Calibío. El capitán Santacruz ordena que sea trasladado a la casa donde está el Estado Mayor del ejército gobiernista, donde solicitó, insistentemente, una entrevista con el general Guerrero, petición que le hizo inclusive al cura que quiso asistirlo en esos momentos, ante lo cual se negó rotundamente. En estos momentos, cuando está solo, ingresa a la habitación el soldado Chamizo y lo hiere cobardemente con un tiro de fusil en el bajo vientre, muriendo momentos después. Era el 20 de septiembre de 1901.

Al saberse la noticia, los gobiernistas se arremolinan frente a la casa donde yace muerto “El león del Cauca”, lanzando vivas al Corazón de Jesús y a la Virgen de Las Mercedes; dos soldados ingresan al cuartel y asesinan a bayonetazos al coronel José María Caicedo. Posteriormente, atan el cuerpo del general Rosas a una tabla de una mesa y lo ubican en un balcón, desde donde uno de los jefes conservadores lanza un lacerante discurso en contra de Rosas y de los liberales.

En la madrugada del 22, su cuerpo, que sigue atado a una tabla, es arrastrado por las calles de Puerres, y conducido a la plaza principal de Ipiales, donde permaneció casi todo el día, siendo objeto de vejámenes y de desprecios indescriptibles para quien se denominan cristianos. Lo que se sabe hasta el momento, es que el líder liberal ipialeño Avelino Vela Coral, recogió el cuerpo, lo trasladó a su casa, donde se le rindió el último tributo.

Y hasta ahí llega el rastro del cuerpo del general Avelino Rosas Córdoba, y empieza mi tarea.

Lo que Leónidas Arango busca es encontrar el cuerpo del general Rosas. Personalmente busqué en bibliotecas y archivos, sin encontrar nada al respecto. Esta misma labor la ha hecho durante años él y el resultado ha sido el mismo. En charlas, al son del tinto que todo lo esclarece, dedujimos que el cuerpo puede estar en el mausoleo de la familia Vela en Ipiales, ya que parece ser que los dos Avelinos eran masones, razón por demás para resguardar el cofre sagrado de un hermano; además, todo apuntaba a que Avelino Vela lo custodió en su casa, lo lógico era que le diera sepultura en el cementerio de la localidad.

No se sabe con precisión dónde quedaba el primer cementerio en Ipiales, debió ser en Puenes, lugar de la fundación; en 1850, es trasladado a los predios que hoy ocupa el edificio de la Aduana Nacional, antes Colegio Nacional Sucre; e ignoramos por completo desde cuándo funciona el horrible cementerio de la diócesis, un completo esperpento. Lo que recordé, es que, siendo niños, alguna vez, buscando el mausoleo de mi familia, topé con una lápida donde se leía nítidamente el nombre de Avelino Vela Coral, historia que le relaté a Leónidas.

Con esta escasa información, el ilustre historiador tolimense viajó al Sur, estuvo en Puerres, donde alguien le mostró la casa donde fue ultimado Rosas, inclusive alguien le manifestó que hasta hace poco existían las botas que lució en el último combate, el de la vida y la muerte, pero que éstas habían desaparecido. En Ipiales fue amablemente atendido por mi buen amigo y compañero de letras, el poeta Julio César Chamorro. Ahí buscó los registros de la Catedral, intentó hablar con los herederos de Avelino Vela Coral, pero, todo fue infructuoso, nadie le dio razón alguna de dónde yacía el cuerpo.

Y como la vida sigue viéndonos como las piezas de un caprichoso juego, aparece otra anécdota. Residente entonces en Tumaco, recibí la visita de mi familia, con quien hicimos un recorrido por diferentes puntos del departamento. En Las Lajas, visitamos aquel espacio que llaman museo, y en una vitrina aparecía un ejemplar de la revista Las Lajas, fundada por monseñor Justino Mejía, y, ¡Oh, sorpresa!, en la portada aparecía el titulo de uno de los artículos: “Los Masones en Ipiales y la tumba del General Avelino Rosas”. Insistí para que alguien me permitiera ver la revista, lo cual, obviamente fue rechazado; fui a la casa parroquial, donde nuevamente recibí noticia negativa, dándome cuenta que ni si quiera sabían que existía dicha publicación. Así que, por mucho tiempo, eso fe lo máximo con que puede ayudar a mi amigo.

Pasa el tiempo y me encuentro en Ipiales con Jaime Coral Bustos, quien tiene uno de los archivos históricos más importantes de la región y le manifiesto lo que aquí escribo. Y ¡eureka!, a los pocos días recibo una copia del mencionado artículo, que resumo así:

La tumba del general Avelino Rosas fue profanada en Ipiales en 1907, ante lo cual el periódico El Trabajo de Popayán, denunció los hechos. El Prefecto de la Provincia de Obando, general Alejando Quintero, da respuesta afirmativa, arguyendo que el secreto de la profanación está entre masones, ya que supuestamente llegaron dos cubanos a Tulcán, miembros de la logia Libertad, ofreciendo una buena suma de dinero a quien les entregara los restos, que consideraban reliquias; dice que hay indicios de que fueron liberales los que profanaron la tumba y el cuerpo fue llevado a Tulcán, para ser entregado a los masones; se afirma que también el cuerpo pudo ser entregado a los familiares del general Rosas, para así evitar que sean sacados del país. Lo que afirma es que la profanación obedece a amor “filial de escuadra y compás”, demás asevera que un partidario de Rosas pagó en Quito hasta 300 sucres de entonces, por los pantalones que usaba el general al momento de su muerte.

Queda la duda sobre dónde está el cuerpo actualmente, pero si se sabe, de manera fehaciente, que el cuerpo permaneció en Ipiales hasta 1907, de donde fue sustraído y está en manos de masones en Cuba, de masones en Ecuador, o de sus familiares en Colombia. Esperamos que algún día alguien pueda esclarecer este asunto.

  1. Mauricio Chaves-Bustos

Bogotá, D.C., Bosque Popular, febrero 10 de 2020.

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