El carnaval se respeta, por Daniel Samper

El senador uribista, (claro) Carlos Fernando Mejía se queja de manera vehemente por los muñecos del carnaval de Negros y Blancos que se burlan de Duque y lo muestran como un títere con cara de marrano: “Lamentable que un desfile típico de una región,como el de años viejos en Pasto, lo hayan convertido en una muestra de odio y calumnias contra un Gbno que lleva pocos días y que está tratando con todas sus fuerzas de recuperar al país del desastre y corrupción que nos dejó Santos”, dijo en su cuenta de Twitter.

Se comprende que siga hablando del gobierno de Santos casi seis meses después: algo deben inventarse para justificar el desgobierno en que, incapaz de retirarse, el vanidoso Álvaro Uribe metió a Colombia: tienen tres años y medio por delante para seguir culpando a Santos.

Pero no comprender la naturaleza satírica y transgresora del carnaval (de todos los carnavales, desde el comienzo de los tiempos y en todas las culturas) es una gran muestra de ignorancia: del carnaval, cuyo nombre proviene de la carne: el permiso para saciarse antes de iniciar la cuaresma, la tregua en que al pueblo le era permitido tragar y desahogarse y aun burlarse de sus reyes, sin que lo jodieran, como una forma de respiro.

Le pediría al senador que tramite una ley para aclarar de qué manera y en qué términos se puede el pueblo burlar de sus gobernantes (y de cuáles) durante carnavales, so pena de enjuiciar y arrestar a la gente que atente contra la moral y las buenas costumbres.

Pero la verdad es que prefiero hacerle un reconocimiento: pocas veces habían tenido tanta difusión los ingeniosos muñecos de los artesanos pastusos, geniales, afilados, maravillosamente satíricos. Gracias, senador por criticarlos: de esa manera los hizo más visibles que nunca: al fin hizo algo por nuestra cultura…

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