El Cerebro

El Liceo No.14 Editorial.

Por: Eduardo Enríquez Maya

Senador de la República.

El cerebro es un misterioso órgano, controla y regula las funciones del cuerpo y la mente y la de los órganos de los sentidos como la visión, la audición, el tacto, el gusto, el olfato y también el equilibrio; vigila actividades vitales como el movimiento, el sueño, el hambre, la sed y otras con tan solo 1.500 gramos de peso y 10 mil millones de células que si extendiéramos su superficie, mediría 2 metros cuadrados. Algunos casos excepcionales se registran en la historia de personas que han nacido con un cerebro reducido, por ejemplo, el ocurrido al paciente del profesor John Lorber, quien, a pesar de ese defecto, llegó a convertirse en genio matemático universal.

El cerebro es la casa del ser, ahí se incuban el amor y el perdón, “es el órgano maestro que revela la verdad de las cosas”, de allí que, que no deba haber espacios para ciegas pasiones, tales como el odio, el rencor, el prejuicio, la envidia, la injuria, la calumnia, los celos, etc.

Y es un milagro, un prodigio, no apto para recibir mensajes que envenenan y que de pronto matan. No hay que dejarse invadir por el orgullo, éste, es el arma de los débiles, como la ingratitud es la ley de las razas vencidas; o por el poder, que se sube a la cabeza cuando no encuentra cerebro. ¡Ay! del poder corrupto, el de aquellos que en aras de la victoria enajenan el decoro y venden el alma por pulgada lineal; y del dinero adquirido sin esfuerzo y, más aún, de la soberbia, de la que dijera San Agustín que: “…no es grandeza sino hinchazón, y que todo lo que está hinchado no está sano”.

No hay que olvidar que el cerebro tiene su gramática moral propia, que sirve para registrar diariamente los actos del ser humano, para saber qué es lo bueno y qué es lo malo. Se ha demostrado científicamente que tiene un proceso de maduración desde el nacimiento hasta la edad de 25 años, razón por la cual los romanos en épocas remotas consideraban que esta era la mayoría necesaria para adquirir responsabilidad y, según Kant, marca el paso hacia la ilustración.

Una reflexión final: los padres de familia tenemos varias tareas imperativas que cumplir: sembrar en nuestros hijos raíces para cultivar valores, como lo enseña Benito Juárez: “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y dotarlos de alas para volar alto, muy alto y mirar en lontananza, de brazo con el carácter que es destino, para que no los perturben vanas tentaciones, entendiendo que la vida es una lucha permanente, que el prestigio se construye a cada instante con esfuerzo y prudencia, sin necesidad de la arrogancia, pues, la humildad es símbolo de decoro y dignidad.

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