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El Che Guevara 50 años después

Por: Aníbal Arévalo Rosero

Con seguidores y con detractores el Che Guevara se ha convertido en el ícono mundial. Los trabajadores y los estudiantes enarbolan una bandera con la imagen del legendario guerrillero para reclamar sus derechos. Su mítica imagen la podemos encontrar impresa en todo tipo de superficies: en La Habana saltan a la vista los suvenires  del Che estampados sobre camisetas, artesanías  y porcelanas. La clásica imagen de Alberto Korda rueda por el mundo y se reproduce con vigor cada 8 de octubre, fecha indicada para celebrar el Día del guerrillero heroico, recordándonos su caída en Bolivia. Pero, ¿qué hay detrás de su figura?

Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como Che, nace el 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina. Dos años después su familia decide mudarse a Alta Gracia debido a un ataque de asma que fue contraído mientras su mamá lo sumergía en una piscina. Muere el 9 de octubre de 1967, asesinado a manos del soldado Mario Terán en una escuelita de La Higuera, en Bolivia. Es a partir de este último episodio que nace su mito.

Entre Rosario y La Higuera surge una historia que marcaría el rumbo de la humanidad. Muchos de los episodios de su vida estarían marcados por la casualidad. El hecho de conocer a los hermanos Castro en México se dio porque el Che era un hombre muy enamorado, pues sería Hilda Gadea –su primera esposa y a quién conoció en este país- la que le habló de Fidel y Raúl y de su proyecto militar para derrocar al dictador Fulgencio Batista en Cuba.

Previamente el Che ya había estado en Guatemala, donde habría colaborado con el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán y su plan de reforma agraria que beneficiaría a los campesinos cultivadores de plátano, gobierno que fue derrocado por los Estados Unidos con el patrocinio de la United Fruit Company y ejecutado por la CIA.  Este acontecimiento sería el  que define el perfil político y revolucionario de Guevara.

Las circunstancias que rodean el momento son las que ameritan la toma de decisiones. El derrocamiento de gobiernos democráticos y la imposición de dictaduras por parte de los Estados Unidos son los que le llevan a conocer las razones de fondo que conducen a las injusticias. El Che venía dedicado a una labor de carácter humanitaria desde su profesión médica; los antecedentes políticos corresponden al apoyo que su familia le habría brindado al gobierno de Perón en la Argentina.

El Che Guevara –cuando aún no se llamaba Che- era un joven aventurero que buscaba experiencias extremas, por eso decide viajar con su amigo Alberto Granados en moto, a pie y en cuanto tipo de vehículos les fuera posible a través de Latinoamérica. Esta sería la experiencia nutricia para dedicarse a una labor humanitaria mientras estudiaba medicina.

Su especialidad en lepra y en enfermedades tropicales le permite brindar asistencia médica a muchas poblaciones marginales e indígenas. Este sería el punto de quiebre que le permite interpretar las injusticias en un continente que no ha logrado superar los estragos dejados por la conquista española.

Ernesto Guevara no tenía necesidad de someterse al rigor de lo que vivió en la jungla amazónica o el riesgo de morir bajo el bombardeo de la dictadura batistiana en la Sierra Maestra, pues su familia vivía en las comodidades de las que le permitían el confort que no tenían muchos pobladores del continente. Su padre era poseedor de grandes extensiones de tierra donde cultivaba hierba mate y propiedades en familia de astilleros. Su abuelo paterno Julián Lynch fue considerado como el hombre más rico de Suramérica.

Por eso llama la atención, que su cuna no es muy concordante con su pensamiento revolucionario. Entre varias de las sentencias que se recuerdan del Che, hay una que da a conocer su grado de compromiso con la lucha revolucionaria. En una visita que realizó a España, salió a su encuentro una joven quien le manifestó que eran parientes, teniendo en cuenta la ascendencia española de sus padres. El Che le contestó: “Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia, somos compañeros, que es más importante”.

Han pasado cincuenta años de su asesinato, pero su figura está tan vigente como nunca, los movimientos sociales lo siguen recordando como el legendario hombre que alimenta el espíritu de lucha. En cualquier rincón del mundo donde se presente una injusticia la gente apela a la imagen del Che Guevara como símbolo de rebeldía y humanismo.

Si bien el Che empieza, como todos los jóvenes, con una vida de aventurero, el contexto sociopolítico transformó su vida en una persona metódica y dedicada a la lectura de los clásicos de la literatura, los textos de Martí y cuanto documento político se editaba. No era para menos que en el morral que le incautaron al momento de su captura se encontraron algunos libros como su diario y un poemario de Neruda donde tenía marcado su poema favorito que era Farewall.

No busquen más al Che en las montañas, en el mito, en el pasado; el Che es futuro si sabemos interpretar el sueño de cada niño latinoamericano. El Che vive en cada joven libertario que quiere oportunidades; el Che habita entre los más pobres que madrugan a ganarse el pan con gran sacrificio. La imagen del Che resurge diariamente en la rosa roja que invoca la vida. El Che del nuevo tiempo es paz y concordia con el ímpetu diario para derrotar las injusticias. La figura del Che se erige en el imaginario de cada hombre y cada mujer de los pueblos sojuzgados por las potencias colonialistas. El Che vive en la esperanza de los pueblos libertarios.

Visa del Che

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