El corredor de la muerte en el metro

Los metros subterráneos tienen grandes ventajas frente a los aéreos. Estas están más relacionadas con la agilidad, la velocidad, además de la no interferencia y la no ocupación de un gran espacio público útil. Precisamente esto podría causar grandes desastres en la dinámica y convivencia urbana, también en la arquitectura y en la alteración del paisaje. Sin duda los metros subterráneos incrementan de forma evidente el espacio público funcional. Es como tener otra ciudad debajo y a mano. Además en sus desplazamientos no tienen mayores obstáculos, tampoco interfieren en el tráfico ni deben interactuar con otros actores urbanos similares. Su velocidad es evidentemente mayor que los que van sobre tierra.

Pero por otra parte está probado que el aire que se respira en los túneles de los metros subterráneos es mucho más contaminado y viciado. Está más saturado de CO2, de micro partículas que desprenden las mismas personas que no tienen posibilidad de dilución o expansión, de otros gases y contaminantes como el metano y sulfuros. También hasta micropartículas metálicas derivadas del uso congestivo de las máquinas enclaustradas Es un aire enfermizamente húmedo capaz  de causar reacciones alérgicas en personas sensibles que además manifiesta un anómalo cambio de temperatura afectando en general las vías respiratorias.

Más aún si en algunos casos las personas tendrían que pasar unas dos horas diarias dentro de los túneles en sus viajes cotidianos. Aunque hay que aclarar que no a todo el mundo puede afectar esta situación de la misma manera, pero los riesgos existen particularmente en pacientes asmáticos y con otras alergias respiratorias. Las salidas en las bocas de metro bajo nivel producen también un efecto de choque por el cambio súbito de ambiente.

Hay un pequeño, pero poderoso espacio que se conoce como “el corredor de la muerte”. Este trayecto es justo donde abruptamente se da un cambio de temperatura y otras condiciones climáticas, capaces de agredir organismos medianamente vulnerables, como podría ser el caso de alrededor la mitad de la población. En ella se incluyen a niños, personas mayores, pacientes convalecientes, en recuperación y otros con patologías respiratorias o limitantes de base. Son los más frágiles, cuyo sistema inmunitario podría ser doblegado, induciendo males alérgicos, infecciosos e incapacitantes.

El corredor de la muerte es característico a la entrada y sobre todo salida de los metros subterráneos. Es justo ese espacio corto donde se pasa súbitamente de un microclima con alta presión, cálido, húmedo, congestivo y particulado a otro medio “al clima” o mucho más frío (o caliente), descompresionado con un impacto severo especialmente en vías respiratorias. Este corredor puede presentarse a menor escala en áreas de ambientes húmedos como entornos de piscinas y similares (jacuzzis, saunas, turcos); también en vestieres, teatros, cines y aviones.

Estos son espacios para tener en cuenta y tomar algunas medidas de precaución especialmente en individuos susceptibles. Por ello hoy desde lo sanitario los metros deben ser combinados o mixtos, como se ha hecho con uno de los más antiguos del mundo el metro de Londres con más de 150 años de existencia. Este fue inaugurado el 10 de enero de 1963 más como un como subterráneo, pero hoy ha migrado a un híbrido con importantes trayectos en superficie. Pero tristemente la discusión bogotana (sobre su metro) se volvió más política que técnica, totalmente polarizada sin visos siquiera de una mínima conciliación. La izquierda quiere subterráneo y la derecha aéreo. Algo totalmente absurdo.

Pero en esas aparece Antonio Navarro (uno de tantos aspirantes a la alcaldía de Bogotá) y no se casa radicalmente con ninguna. Sensatamente y obrando más como ingeniero sanitario que es, ha manifestado su concepto lógico y científico, que debería en últimas prevalecer en el nuevo sistema de transporte masivo de Bogotá: un metro posmoderno, más salubre y eficaz.

Apostilla: existe otro “Corredor de la muerte” el de los condenados a la pena capital, la mayoría por inyección letal en EEUU. Hoy muchos afortunadamente se han salvado ante la falta de pentotal sódico, que induce el sueño del reo antes de que el cloruro de potasio y el bromuro de pancuronio le dejen sin respiración y le paren el corazón. Esperemos así mismo que con el metro de Bogotá, cualquiera sea el próximo alcalde, salve como es debido la vida de este “agónico” y eterno proyecto, un “subte-aéreo” sanitario y eficiente.

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