El joven Jarol: un agravio para Pasto

Fui sorprendido la semana pasada por una serie de llamadas de pastenses indignados por la presentación del humorista Jarol en un programa radial de gran audiencia nacional e internacional, conducido por Jota Mario Valencia, si no estoy mal y la memoria no me falla “El tren de la tarde”.  Niños, hombres y mujeres que me manifestaron su indignación por el ultraje que este programa y este humorista hacen de nuestra música y de nuestra cultura. Confieso que en un principio mi actitud fue de indiferencia, pero movido por la curiosidad no me resistí a buscar ese dial y  ¡vaya sorpresa!, escucho La Guaneña, nuestro himno, y de fondo unas sonrisas socarronas y burlonas.  Colombia entera burlándose de nuestra idiosincrasia, pisoteando nuestra gente y sometiéndola a un escarnio inmerecido e injustificado. Jota Mario desternillado de la risa cada vez que nuestro himno se dejaba escuchar y los colombianos mofándose de un pueblo que a través de su historia ha dado muestras de grandeza e hidalguía.

 

Intrigado por saber y conocer el motivo de este atropello y conteniendo la ira alcanzo a escuchar la voz destemplada y el tono ofensivo de un humorista nuestro que se presta, quizá por unos pesos, a perpetuar esa insana costumbre de los colombianos de burlarse y reírse de Nariño entero.  No es justo que un pueblo como el nuestro reciba ese trato despectivo, que se nos permitan los micrófonos únicamente para ser el hazmerreír de todo un país. Y menos justo que sea uno de los nuestros quien se preste para semejante despropósito. Ya hace algunos años lanzamos una campaña en la cual se promovía el respeto por nuestras tradiciones y costumbres, por rescatar esa vernácula historia nuestra que ha sido falseada y manipulada por el oficialismo nacional.  Humoristas de talla internacional como José Ordoñez ofrecieron disculpas al pueblo nariñense por sus atropellos disfrazados de humor y se comprometieron al respeto público de nuestras expresiones. Grande fue la lucha para hacer retirar de la televisión nacional esa imagen fofa y odiosa de un seudohumorista que disfrazado de celador y con un  ridículo bigotico hacía toda clase de muecas con el fondo musical de La Guaneña y la música del Sur mientras utilizaba el socarrón tono que pretendía imitar nuestra forma de hablar.

 

Grande, igualmente, fue nuestra lucha para que el ICFES, máxima entidad rectora de la educación en Colombia, retirara una pregunta en la cual se denigraba de nuestro pueblo y su gente pues según su real saber y entender era cuestión de cultura creer que los pastusos somos bobos e ignorantes.  Se vende, continuamente, la falsa creencia que ser propio de esta región es sinónimo de estulticia e insensatez. Los niños de Colombia, a fuerza de  escuchar estas mentiras, crecen con la estúpida convicción que somos un pueblo sin nada digno que mostrar en el concierto nacional.

 

Sobra decir que no estamos contra el humor o contra la honrada y digna manera de quienes se ganan la  vida de esa manera. Simplemente rechazamos a humoristas que se prestan para denigrar de nuestro pueblo, para hacerlo quedar mal en el concierto nacional, contra quienes provocan risas y agravios utilizando símbolos tan sagrados para nosotros como La Guaneña o tergiversa tendenciosamente nuestra forma de hablar para provocar risas y chascarrillos que nos dejan mal librados.  En Colombia, lastimosamente, y gracias a este tipo de intervenciones insulsas, la referencia que se tiene de nosotros es la de un pueblo atrasado, lento y bobo.  Que falta que les hace a nuestros compatriotas y a estos personajillos nuestros conocer nuestra historia y valorarla en sus expresiones e intervenciones.

 

Después de escuchar a este personaje, que lo oyeron y lo oye media Colombia, quede con el amargo sabor de que “únicamente somos chiste y comedia” y me acordé de Daniel Samper cuando en una de sus notas me decía que está lejano el día en Colombia en que en vez de preguntarles a los pastenses sobre chistes se les pregunte sobre Gonzalo Rodríguez.  No  nos prestemos para ser mofa del resto de colombianos y mucho menos pongamos por encima el interés personal sobre el colectivo.  Pasto es más que simple humor y risas, es la esperanza de un país que oculta entre sus burlas la admiración hacia un pueblo con carácter y soberanía intelectual.  Y que ojala cada vez que se nos permita llegar a Colombia entera lo hagamos destacando nuestra gente, nuestros personajes, nuestra historia y tradiciones. Esa estúpida forma de hacer humor ultrajando a nuestro pueblo ya está mandada a recoger y que bueno sería que los humoristas también se eduquen y entiendan que su oficio también tiene dignidad y que no deben prestarse para ofensas y convertirse en idiotas útiles de quienes por alguna razón no nos quieren y que aprovechan cada oportunidad para mofarse de este gran pueblo que a través de su historia ha sido minimizado y ultrajado.  Esperamos que la sensatez se imponga sobre el lucro y que no escuchemos más en estos medios a nuestra gente promoviendo el odio y el rechazo colectivo contra su misma gente.

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