El monólogo del Dr Ochoa

El Dr Gabriel Ochoa Uribe, hoy reconocido como el mejor estratega del fútbol profesional colombiano, fue despedido como técnico de Millonarios en 1978 por bajo rendimiento. El equipo albiazul hizo en ese momento lo que aparentaba ser una jugada maestra, contratar a un técnico argentino, su nombre Pedro del Hacha. Ochoa sin aspavientos y con bajo perfil aceptó la conducción de un equipo chico, que a duras penas sobreaguaba competitivamente y jamás había acariciado un título: el América de Cali.

El club de occidente estaba fortalecido económicamente y es allí cuando Ochoa hace su jugada: exige la contratación de figuras del exterior, de lo contrario no iba. Contando con el beneplácito del presidente José Sangiovanni y los recursos suficientes, arma una especie de ‘Dream Team’ que lo llevó al título en 1979, exactamente el 19 de diciembre el día más glorioso de América de Cali que rompió el fetichismo y la maldición de Garabato.

Ese equipo que partió en dos la historia del Club caleño es de antología: Carlos A Gays, Américo Quiñónez, Alegría Valencia, Gabriel Chaparro, Aurelio Pascuttini, Luis Reyes, Víctor Lugo, Juan Manuel Battaglia, Gerardo González Aquino (capitán), Jorge “La fiera” Cáceres, y el maestro Alfonso Cañón. Este último lo pidió especialmente Ochoa cuando ya tenía 33 años y tampoco se equivocó; fue el autor de uno de los goles del triunfo, el otro fue de Víctor Lugo.

Recordamos entre los suplentes a Álvaro Muñoz Castro hijo del periodista Alvaro Muñoz Cuéllar. Muñoz Castro llegó a ser directivo del fútbol en el Deportivo Cali y otros escenarios del balompié colombiano.

El sistema de juego empleado por el médico Ochoa fue uno de los más conservadores conocidos en el fútbol. Era extremadamente defensivo. Los cotejos se ganaban de manera apretada con marcadores tipo 1-0, además eran muy comunes los empates 0-0 como visitante. No era raro ver cerca del arco a Bataglia, González Aquino y Alfonsito Cañón protegiendo a Gays. Pero finalmente fue una táctica exitosa hoy totalmente olvidada.

Si bien el día más glorioso de Amérca de Cali fue el 19 de diciembre de 1979, el más triste y odiado por sus hinchas es el 31 de octubre de 1987. Ese día se disputaba en tercer partido en Santiago de Chile la Copa Libertadores que el América ya tenía en su bolsillo. Venía de ganar en Cali 2-0 de perder en Montevideo 1-2, es decir tenía gol a favor por 3-2. Con el reglamento de hoy el equipo escarlata era el campeón indiscutido de la Copa.

Eran otros tiempos y solo se tenían en cuenta los puntos, América y Peñarol contaban cada uno con 2 unidades lo cual hizo necesario el desempate en lugar neutral. El tercer partido terminó empatado sin goles. Luego del alargue y con 120 minutos de juego los diablos rojos eran campeones. La transmisión de TV se cortó en ese instante y el país celebraba efusivamente su primera copa continental. Pero vuelve la señal de TV con Diego Aguirre de Peñarol festejando el gol de su vida. Algo insólito, increíble, inédito y extremadamente doloroso.

Las trasmisiones radiales futboleras de aquellos años eran maratónicas, duraban hasta ocho horas. En el Valle comandaban la sintonía el Dr MAO (Mario Alfonso Escobar) quien más adelante fue detenido en medio del proceso 8000 y Javier Araújo Gámez. Además participaban con gran éxito un par de foráneos, el cubano José Pardo Llada y el español Vicente Gallego Blanco. Radio ‘El Sol’ de RCN era líder.

Pero dada la enorme controversia que siempre ha generado el fútbol profesional, el médico Ochoa no gustaba ser manoseado por nadie y menos maltratado por el periodismo deportivo donde todos se creían técnicos. Para evitarse esos incómodos episodios con la prensa deportiva, tomó la decisión de hacer un único informe final, que no permitía ni una sola pregunta, ni increpaciones.

El técnico Ochoa al final de los partidos se presentaba ante los medios y daba un informe completo, extendido que duraba entre 15 minutos hasta cerca de media hora. Fue un estilo muy distinto que fue conocido como el famoso “Monólogo del Dr Ochoa”. Los comentaristas calladitos se mordían la lengua. Pero no había tal, el médico Gabriel Ochoa Uribe guardó la distancia debida y no se dejó manosear de ninguno. Hoy le dan la razón, el técnico era él y solo él, y ha sido uno de los más grandes de América.

Cosechó 17 títulos en el fútbol, cuatro como jugador y 13 como técnico. A sus 90 años ha partido a la eternidad dejando un enorme legado y entre líneas en sus monólogos expresó tantas verdades, que luego servían de insumo para toda una semana de contenidos deportivos. Hoy es parte de la historia del país.

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