El niño

Por Diana Mejía*

Eran las 5:30 de la mañana, cuando Josefina se preparaba para poder llegar a tiempo al pueblo. Se dirigía a la catedral San Juan Bautista a la gran misa de la virgen de Fátima. Tenía que salir y caminar por el campo hasta llegar a la carretera, donde se podían ver ya los autos y podía conseguir transporte.

Llegó al pueblo cerca de las 9:00 A.M., se dirigió al parque Colón que se encontraba cerca de la catedral. A pocos metros de llegar a la iglesia, un pequeño niño se acercó a ella y la tomó del brazo. Parecía de unos 7 años de edad. Con ojos enormes color marrón que destellaban al reflejo del sol aquella mañana, una cabellera rubia y su piel blanca y suave como el algodón.

Josefina, sorprendida, comenzó a ver a su alrededor, pero nadie parecía en busca de aquel pequeño.

Tomó de los brazos al niño y le preguntó: -¿Estás perdido pequeño?

El niño respondió: -No, salí a jugar al parque un momento a escondidas de mi madre.

– ¿Me podría llevar con ella? , está allá en la iglesia.

Josefina tomó del brazo al niño y continuó con él hacia la catedral. Cuando llegaron el niño salió corriendo hacia las primeras bancas que se encontraban en la parte de adelante. Josefina se tranquilizó y pensó que verdaderamente su madre si se estaba en la iglesia como el niño afirmó.

Así que como de costumbre entró y se ubicó en la últimas bancas de la iglesia, donde sentía que podía orar tranquila antes de la misa. Cuando terminó de orar y alzó la cabeza miró junto a ella al niño nuevamente y le dijo que se sentaría junto a ella y que su madre le había dado permiso. – No hay ningún problema, dijo Josefina.

En ese momento el padre Matías inició con la misa y antes de comenzar pidió una oración por el hijo de la señora María que había desaparecido ya hace varios días. En medio de la oración el niño haló la falda de Josefina y le dijo: – Mi mamá está muy triste, por eso vengo a hacerle compañía.

Josefina sin entender por qué lo decía, colocó su mano sobre su cabeza y pensó que solo era cosa de niños.

Al terminar la oración el niño se levantó, dio las gracias y se despidió de Josefina.

  • Cuídate mucho pequeño, respondió ella.

Terminó la misa y Josefina se dirigió al lugar donde se ubicaban todos los carros con ruta hacia su casa y estando allí al otro lado de la carretera, una señora angustiada repartía volantes a todas las personas que encontraba.

Un oficial de Policía quien al parecer estaba en busca de aquella mujer, se acercó a ella y le dijo algunas palabras e inmediatamente la mujer se derrumbó en medio del llanto y de gritos desesperados.

Josefina solo miraba desde el otro lado de la carretera, cuando un señor cruzó la calle y se hizo a su lado oyó que decía: – Pobre mujer, ya encontraron el cuerpo de su hijo.

Josefina sintió un escalofrío en todo su cuerpo y una enorme tristeza. Cruzó la calle y tomó uno de los volantes que aquella mujer dejó tirados en el suelo y en la fotografía aparecía un pequeño niño, con los ojos marrones, cabello rubio, piel blanca y de 7 años de edad.

*La autora de este cuento, Diana Mejía, tiene 19 años, es de la zona rural Llorente y es una de las participantes en el taller Farmacia Literaria a cargo de nuestro colaborador el escritor Tirso Benavides que se desarrolla en la cárcel de mujeres con la fundación Sonidos de Libertad. Página 10 se vincula a esta iniciativa publicando algunos de los textos escritos por las mujeres privadas de la libertad.

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