El oficio de las mujeres piangueras: una tradición del pacífico colombiano

Por: Sebastián Alfonso Coronado

Lictin Haydeé Bernal Toledo

Harry Chavez Ferrin

La piangua (o andara tuberculosa) es un molusco que, entre otras regiones, se encuentra en los manglares de las costas del pacífico colombiano. En estas regiones, comunidades afrodescendientes han tomado una actividad cultural y económica entorno a los recursos naturales que estos ecosistemas les ofrecen. Tal como Diana Maya y Pablo Ramos de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana han demostrado en su artículo El rol del género en el manglar: heterogeneidad tecnológica e instituciones locales, el género crea condiciones que dividen las actividades extractivas, por lo que la pesca se ha vuelto una actividad principalmente realizada por hombres, mientras que pianguar (actividad de recolección de este molusco) se realiza en su mayoría por mujeres. Sin embargo, esto no presenta una exclusividad, ya que como los autores han mencionado, debido a la presión económica y a ciertos otros limitantes, algunas personas traspasan estos límites de reserva de actividades por género.

La recolección de la piangua se ha convertido en el ingreso económico principal para muchas familias de estas regiones, especialmente para las familias con madres cabeza de hogar. Los niños, tanto hombres como mujeres, suelen acompañar a sus madres a pianguar, pero a cierta edad (usualmente de los 10-12 años) los niños empiezan a realizar la pesca, mientras que las niñas siguen la tradición de la piangua. Sin embargo, la actividad extractiva de la piangua y la actividad industrial de otros sectores en los manglares han puesto en una situación complicada la existencia y reproducción de este molusco. La piangua está en el camino de la extinción, pues su alta demanda y el deterioro de su ecosistema han provocado su escases, debido a la intervención en sus procesos de reproducción.

Las mujeres piangueras son conscientes de esto y se preocupan, pues es de su interés que la piangua prospere y perdure en un futuro. Ante esta problemática, las recolectoras, algunas veces con ayuda institucional externa, han desarrollado estrategias para proteger la piangua al momento de su recolección. Por ejemplo, el tamaño de la piangua, en donde se deben recolectar únicamente las pianguas de mínimo 5 centímetros, ya que se supone que a este punto ya han superado la madurez sexual y han cumplido con su ciclo reproductivo. Entre otras estrategias de organización, las mujeres también representan un papel esencial en este ecosistema, pues ante el avance de la industria extractora (en la cual los intereses a futuro se reducen a los beneficios inmediatos), las mujeres piangueras representan resistencia y protección para el ecosistema del manglar dado que ellas son conscientes de la importancia que tiene el actuar adecuada y estratégicamente en el ahora, para que en el futuro estos recursos no desaparezcan o se deterioren irreversiblemente, afectando a toda la comunidad en la que la piangua tiene un papel esencial.

LA EXPERIENCIA Y EL CONOCIMIENTO DE DOÑA AURA EN EL OFICIO DE PIANGUAR

La piangua es una comida con todas sus vitaminas (bis)

Ay oí, y que es vitamina. Ay oí, y que es medicina (bis)

Si te sientes decaído, triste y aburrido (bis)

Preparamos un ceviche, un ceviche de piangua

Ay oí, y que es vitamina. Ay oí, y que es medicina (bis)

(Canto de doña Aura y de la asociación a la que pertenece)

Inicios

Doña Aura Segura, mujer conchera del municipio de Tumaco, perteneciente a la asociación Mujeres Concheras Raíces del Manglar, empezó a ejercer el oficio de pianguar desde su infancia por curiosidad, pues quería conocer qué cosas comestibles (mariscos) podía encontrar en los manglares: “Desde niña, me gustó andar recolectando de toda especie de moluscos, todo lo que se trata del producto manglar. Solo tenía siete años. Fue para mí una aventura, porque una vez agarré un canastico y un machete y me fui sola a buscar. O sea, por curiosidad, para ver qué encontraba”. Pero aquello no se quedó en una simple curiosidad: pronto se convirtió en una actividad rutinaria porque, según ella, “lo hacía como deporte” la mayoría del tiempo y que, a su vez, ejercía en paralelo con otros oficios: “yo lavaba, ayudaba a hacer oficio, y andaba trepando árboles (risas)”.

Formalización y parafernalia

Ella explica que, en un principio, el oficio de pianguar no tenía una formalización específica para su comercialización y que, desde hace algunos años, ha podido organizarse para su mantenimiento: “Anteriormente, uno no tenía una parte donde uno depender. Uno lo traía a la casa como para comérselo. Pero ahora, desde la época de los años noventa para acá -hasta el 2020 que estamos- hubo unas ONG’s que se encargaron de andar buscando gente y organizarlo a uno. […] Entonces nosotras ahorita estamos organizadas y tenemos una asociación, la cual se llama Mujeres Concheras Raíces del Manglar. Pero mi primera asociación se llamó Nueva Vida, pero luego se terminó”. Esa organización llevó a que se hiciera una selección de espacios manglares específicos para la extracción de la piangua con su respectiva reglamentación: “Nosotras salimos a conchar de tal hora a tal hora; tenemos demarcada una parte que se llama Purinche, y otra parte que se llama San Luis; otra parte que se llama Trujillo; otra donde es Salahonda, y así varios sitios donde una va y así recolecta la concha y ya la trae a la asociación”. Además, ella describe la forma en la que ejercen el oficio y los materiales indispensables que usan: “Al nivel de Tumaco lo hacemos a pie, llevamos guantes, llevamos botas, machete; llevamos el sahumerio de la estopa y la chomba del coco […] y lo utilizamos para evitarlos zancudos, el jején que es un mosquito fastidioso”.

Cantos

El tema de la ritualización del oficio de pianguar está relacionado con los cantos que evocan las mujeres mientras extraen la piangua del manglar: “Nosotras cantamos… cuando no cantamos alabaos, cantamos arrullos, y cuando no cantamos arrullos, cantamos cualquier especie de música. Componemos entre todas nosotras sus cantos porque nosotras en la asociación tenemos su himno”.Asimismo, el componente musical dentro de los grupos de mujeres concheras se irriga a casos particulares que tengan que ver con las integrantes de las organizaciones, puesto que hay una relación trabajo-afecto entre las féminas que ejercen el oficio: “Cuando se muere una persona del grupo uno va y le canta, o cuando se muere un niño le hacemos el chigualo. Esas hacemos nosotros, pero lo hacemos en familia”.

¿Los hombres pianguan?

Doña Aura hizo una aclaración respecto a la poca visibilización de hombres en el oficio de pianguar. Destacó que lo hacen más por obligación que por pasión: “Hombres también (hay). Hay hombres que, sin estar organizados, van y ejercen este trabajo. A veces lo hacen como para el sustento de su hogar, porque acá en Tumaco no tenemos una fuente de ingreso, por decir una empresa macro. No la hay. Por eso la mayoría trabaja en lo de la palma africana para buscar su sustento, que hay como 5 empresas. […] Prácticamente, acá son pocos los hombres que les gusta conchar”.

Sobre el manglar

En relación con el ecosistema del manglar, aseguró ser muy importante para el desarrollo de la práctica y un baluarte natural para la región:

“El manglar para mí es vida. ¿Por qué? Porque el manglar es algo que nos protege al nivel de Tumaco… nos protege mucho, mucho, mucho la capa de ozono. De eso sí tengo conocimiento; nos han hecho saber porque uno en esta época ya ha estudiado, ha vivido y ha escuchado. Entonces, por lo menos, uno crea esa experiencia. Nosotros ahorita acá en la asociación sembramos el manglar, nosotros no (lo) dejamos cortar. […]Nosotros siempre hemos estado peleando con los leñateros, carboneros […] Ahora ya no van a talar como antes porque las casas, como eran hechas de mangle, cortaban el mangle para entecharlas, para hacer barbacoas; las azoteas de las casas, los pisos de las casas… Eso estamos procurando nosotros: de que no se corten los manglares”.

De igual forma, dijo que les han explicado que Tumaco “posee la mayor biodiversidad de Colombia” por tener un ecosistema manglar diverso: “Acá en Tumaco tenemos más de siete clases de mangles: verde, rojo, blanco, amarillo, el iguanero, el nato, el roble… Todos esos son mangles y en ese sentido procuramos que no corten”.

La rutina diaria del oficio

También explicó la forma diaria de trabajo con la previa organización individual y colectiva que ello requiere:

“Cuando la (marea) vaciante está por la mañana, uno se levanta a las 5.30 am, hace su desayuno y se organiza con todo para irse al manglar. Uno prepara y lleva su fiambre -le decimos nosotros- para uno comer algo cuando está conchando. Lleva agua, lleva su brasero -donde uno métela estopa del coco para evitar que le piquen los moscos-, y cuando ya uno regresa, según la cantidad conchas que una agarra, asimismo una procura, cuando ya el agua está empezando a subir, ya uno se viene a la casa. Luego que hace uno: se baña, prepara de comer, y luego lo que una hace esa carla concha […], la lavamos, la precocemos, la empacamos y la llevamos a congelación para al otro día llevar a entregar a la clientela. Ese es nuestro diario vivir”.

Pianguar: parte de cultura y la economía

Doña Aura aseguró que el arte de pianguar es una práctica tradicional que ayuda enriquecer aspectos de la cultura y la economía regional: “Eso está dentro de nuestra cultura, porque de allí también depende nuestra gastronomía, al igual que del pescado, del camarón… Entonces de todo eso dependemos como organización”.

¿Se podrá seguir pianguando en el futuro?

En relación con la preocupación que hay por la afectación del ecosistema de manglar, y la baja reproducción de la piangua, se le preguntó a doña Aura si avizoraba el ejercicio del oficio en el futuro, a lo cual respondió positivamente:

“¡Claro! Porque la piangua, aunque no lo crean, es una virtud (riqueza). Por eso cuando una va a una parte (del ecosistema manglar), me saco 500 a 600 conchas, y al otro día voy en encuentro piangua en ese mismo sitio, y si no, me voy más adelante y encuentro concha. […] Ahora por la mucha contaminación ambiental y por las fumigaciones y todas estas cosas, están acabando con el producto. Pero yo sí creo que habiendo organizaciones donde uno pueda tener cómo sembrarla concha, sí se puede continuar ello”.

FANZINE ‘El  ARTE DE PIANGUAR’

Entorno e inspirado en la labor de las mujeres piangueras del pacífico colombiano, se realizó un fanzine que narra e ilustra quiénes son las mujeres piangueras y cuál es su papel en el ecosistema del manglar. La realización de este fanzine tiene como fin mostrar un aspecto de la belleza de la tradición del pacífico colombiano a distintas personas, tanto de la misma región como fuera de esta.

A continuación, se muestra un fragmento del texto que contiene este fanzine, el cual se puede observar completo en el siguiente enlace:  https://n9.cl/gfnw

¿Qué es Pianguar y cómo se realiza?

“Cuando la marea ha bajado en los manglares y las raíces de los árboles adaptados a las aguas saladas quedan al total descubierto, las mujeres salen en grupo, en lanchas, van hacia las raiceras, van armadas con sus baldes y canastos.

Algunas mujeres llevan gorra, pues el sol es totalmente abrasador. Algunas van en vestidos, otras en camisa y pesqueros, pero todas van trepando entre el marañal de raíces, haciendo equilibrio y balanceándose entre los árboles, para después enterrar sus pies en suelo lodoso y salado. Escarban en aquel barro por horas. Mientras buscan y miden las pianguas hablan entre ellas, se cuentan chismes y cantan. Aman cantar.

Al final de la jornada a veces realizan una competencia de quién recolectó más pianguas. Cada vez es más fácil perder. Llenas de lodo se bañan en el agua salada, lavan la piangua y, cuando el sol está a punto de esconderse, vuelven a sus hogares después de un largo día. Sus familias las esperan con ansias. Llegan las madres con los trofeos, cada vez más escasos. Con esos trofeos sus hijos comen y hasta pueden permitirse el estudio, gracias a sus madres y a la piangua.”

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