El pacífico en llamas

La mayoría de los quince cuentos del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986) incluidos en el libro “El llano en llamas” (1953) tienen que ver con incendios, violencia y asesinatos. Narran lo cruel de la condición humana y el azote de la naturaleza. Estando joven, Rulfo presenció la guerra de los “Cristeros” (1926-1929) promocionada por los obispos para cambiar la Constitución mexicana de 1917 que no les permitía participar en política. Este enfrentamiento más las historias de la revolución mexicana (1910-1924), le afectó el pensamiento y el sentir a Rulfo para toda su vida.

La guerra partidista también dominó la historia de Colombia entre el año 1946 y el 1958, y se prolongó hasta hoy, en sucesivos golpes de sangre, con ingredientes políticos, sociales, económicos y religiosos. En el Pacifico colombiano también padecimos esas mismas secuelas, pero, son muy pocos los que han contado estas historias coincidentes.

La noche de la quema

El 10 de octubre de 1947, cuando en el Teatro Luz presentaban la película “La casa de las muñecas”, alguien gritó: “Quema, quema”. Los espectadores salieron de manera despavorida y con la incertidumbre que el teatro se iba a quemar en su totalidad porque Tumaco no contaba con un Cuerpo de Bomberos, y no había acueducto para sofocar con mangueras el incendio. A pesar que trataron de mitigar las llamas con baldes de agua sacada del mar, los esfuerzos fueron inútiles. El fuerte viento que esa noche sopló hizo que la candela se propagara de manera rápida y acabó con un tercio de la isla. Todas las casas de la zona del parque Colón, y de las calles Sucre y Márquez. fueron destruidas. El rector del Liceo quien observaba como su querido claustro había quedado en cenizas, asistió de manera inmediata a su casa porque las llamas ya la estaban consumiendo. Impávido y sin fuerzas, se quedó frente a su piano sin poder hacer nada. Cuando su hijo mayor llegó a la casa paterna, lo encontró abrazado con el piano, y tuvo que sacarlo a la fuerza, porque el profesor de música no se quería desprender de su amigo entrañable. La casa y el piano quedaron en cenizas.

Estaba de Presidente de la República el conservador Mariano Ospina Pérez, elegido para el período 1946-1950. El triunfo de Ospina Pérez había desencadenado la salida del liberalismo del poder y fue determinante en el recrudecimiento de la violencia bipartidista. Fue él quien decretó La Ley 48 denominada “La Reconstrucción” que tenía once artículos para hacer un nuevo Tumaco. Pero, dichos artículos fueron letra muerta.

De esa Ley 48, con sus buenas o malas intenciones, solo cumplieron con el adefesio de barracas de madera que reemplazaron al hermoso edificio del Liceo Tumaco, construido en 1921 con planos y elementos adquiridos en Berlín. Sihubiesen levantado una estructura hermosa, aprovechando la ubicación frente al mar, sería toda una arcadia marítima.Desde ese momento se vino a pique la educación en el puerto, porque el rector, los profesores y el estudiantado se desilusionaron ante la falta de biblioteca, laboratorios y elementos de gimnasia que antes del incendio poseían.

Tampoco construyeron la Casa Municipal, el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús que regentaban las monjas Bethlemitas, el Colegio Pedagógico, las cuatro escuelas primarias, el hospital, la plaza de mercado, y el hotel de turismo.

Pero, a los curas españoles, la “Reconstrucción” si les edificó el Palacio de la Prefectura Apostólica y la Catedral. Todos los liberales en el puerto dijeron:” Claro, el Presidente era godo, con camándula incorporada, que ponía a rezar a sus ministros, ¡Cómo no les iba a cumplir!”.

La falta de compromiso del Gobierno Nacional para reconstruir a Tumaco, hizo que la gente se marchara a Buenaventura y a Cali, y desde entonces empezó su retroceso.

Cuando los políticos fueron a inaugurar las pocas obras reconstruidas, el pueblo y la sociedad les volteó la espalda. Casi termina en un tumulto por el inconformismo de los pobladores, y, más aún, al ver cómo los curas españoles los agasajaban con tremendo festín.  La policía secreta, denominados “Los Chulavitas”, disolvieron la manifestación a punta de disparos, y sacaron a escondidas a la comitiva del gobierno en un avión que los devolvió a Bogotá.

Coincidencia: Esta historia real tiene cierta similitud con el cuento “El día del derrumbe” de Juan Rulfo escrito en 1953, en el que narra sobre la visita del Gobernador a un pueblo que ha sufrido un terremoto. La gente tiene que atenderlo, darle comida y tequila, y luego escucharle un discurso mentiroso lleno de ridiculeces. Al final, el agasajo termina a balazos.

Recuérdate del hombre de la moto

El día que aquel policía llegó a Buenaventura, el loco del pueblo regó la bola que había arribado el propio diablo en el buque de cabotaje “Mareagora”. Era de aspecto bronco y aire esquivo, piel blanca, espalda ancha, pecho velludo, cabellera rubia y ojos azules. Por su configuración física adquirió el apodo de “El Alemán”. Era el enemigo número uno de los rateros que para entonces no eran tan sofisticados como hoy. Estos eran rateros de carteritas de mujeres, relojes y alhajas en las calles. Después vendrían los turros y las casas de pique, pero, nuestro hombre en mención ya no estaba.

Recuerdo escuchar que este agente hacía los turnos en la inspección de policía del barrio El Jorge, y en sus horas de no servicio se dedicaba a patrullar en una moto negra y plateada las calles empedradas del puerto. Vestía de negro, botas texanas, portaba dos pistolas y en su cabeza lucía un sombrero mexicano. Cuando él pasaba, se guardaba silencio Debido a un accidente que tuvo en la moto quedó un tanto cojo. Capturaba a los rateros y tenía una particularidad que los amarraba a los postes de la energía eléctrica con unos cables, los cuales conectaba al poste para suministrarles descargas eléctricas, poniéndoles de presente que no volvieran a robar, si no, la próxima vez que fueran capturados el tratamiento sería diferente. Más de uno que volvió a delinquir, terminó con funestas consecuencias.

Cuentan en Buenaventura que, después de hacer una limpieza general de rufianes, “El Alemán” se suicidó pegándose un balazo en la cabeza, un día que la suegra le recordó de manera grosera su condición física de cojear. Al final, todos comentaron: “Para enfrentar esa ofensa, fue la única vez que le faltó cañaña”.

Referencia.

Vega Fernández, William. Novela “La demencia de la diosa” 2017.

Morales, Luis. Historiógrafo.2020.

Coincidencia: Esta historia real es de un policía que azotó a Buenaventura en los años 60, y que tiene cierta similitud con el cuento de Juan Rulfo titulado “Acuérdate”, en el que se narra la historia de Urbano Gómez, un muchacho del pueblo, malo en la escuela y avivato, que se metió a policía y terminó matando a Nachito, su cuñado. Pero, un extraño salió de la multitud que lo observaba, lo golpeó con su propia carabina y lo dejó privado. Al amanecer, Urbano se fue cojeando, pero más adelante fue capturado y ahorcado. Dijeron los testigos que él mismo se puso la soga al cuello y buscó el palo donde lo iban a colgar. Era un mero macho para sufrir tanta ignominia.

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