El poder de los solideos

¿Quién ronda al Obispo?

Se considera que el obispo es el miembro de la Iglesia que ha recibido la plenitud del sacerdocio ministerial por el sacramento del orden, sucesor de los apóstoles y pastor encargado del gobierno de una diócesis. En el cristianismo, un obispo (del latín episcopus; que significa vigilante, inspector) es un fiel que recibe el liderazgo. Porta además sobre su cabeza el solideo (Soli Deo), que es un casquete de seda para cubrirse la cabeza. Sólo se lo quita ante Dios, es decir, ante un fiel creyente católico no lo debe hacer por jerarquía.

Diócesis de Pasto

El obispo antioqueño Manuel Canuto Restrepo y Villegas (1825-1891), gobernó la diócesis de Pasto durante la década de los años setentas del siglo XIX, periodo influenciado bajo la corriente del pensamiento llamado liberalismo, que buscaba una sociedad moderna laica, pero que veía a la Iglesia Católica como su principal contradictor. En efecto, el prelado Restrepo, de rigurosa formación teológica, talante beligerante y acolitado por un pueblo pastuso tradicionalmente sumiso a los designios de la Iglesia, le permitió desarrollar con mayor autonomía su fanática labor misional, hasta el punto de convertirse en el ideólogo más connotado e incendiario del clero por sus ataques al liberalismo y a la educación laica.  En el mes de febrero de 1877, en plena guerra civil, el entonces Presidente del Estado del Cauca, César Conto, decretó la expulsión del territorio nacional de los obispos del Estado del Cauca, el obispo de Pasto, Manuel Canuto Restrepo, y el obispo de Popayán, Carlos Bermúdez, señalándolos como los principales promotores de la rebelión contra los gobiernos de la Unión y del Estado, y de la guerra sangrienta y desastrosa en el país.

Desde la clandestinidad de su destierro en el Ecuador escribió una obra titulada, “El clero y el liberalismo en Colombia”; en él expuso su pensamiento político sobre la separación de la Iglesia y el Estado; cuestionó los partidos políticos, y condenó los males contemporáneos

Desengañado y derrotado, por esos días recibió mensajes de Roma según los cuales sus posiciones fueron vistas como exageradas y excesivas en el nuevo contexto del Papado de León XIII. El obispo debió renunciar a su cargo presionado por este reclamo del Vaticano. En 1891 murió en Guaduas.

Al obispo Manuel Canuto lo reemplazó el español Fray Ezequiel Moreno, quien tenía la misma ideología. Promovido a la diócesis de Pasto, durante la guerra civil de 1895, sólo tomó posesión de su nueva sede en junio 10 de 1896. Allí se vio envuelto en polémicas doctrinarias con los liberales y radicales de Colombia y Ecuador. En este contexto publicó su escrito más famoso: “O con Jesucristo o contra Jesucristo, o catolicismo o liberalismo”, al cual responderá más tarde en 1912 el general Rafael Uribe Uribe con su ensayo “De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado”.

En 1905 se manifestaron en monseñor Moreno los primeros síntomas de un cáncer nasal. Regresó entonces a España a fines de ese año, y en Madrid fue sometido a dolorosas operaciones que sufrió con serenidad. Volvió a su celda de Monteagudo, donde había iniciado su vida religiosa, y allí murió el 19 de agosto de 1906.

El 1 de febrero de 1975, el Papa Pablo VI presidió la ceremonia de su beatificación. Dejando de lado los aspectos polémicos de fray Ezequiel Moreno, en su homilía de canonización Juan Pablo II destacó la entrega religiosa y misionera del nuevo santo, y lo presentó como “modelo de evangelización” en América Latina.

Diócesis de Tumaco

La jurisdicción eclesiástica de Tumaco se creó como Prefectura Apostólica el 1º de mayo de 1927, por el Papa Pio Xl, siendo segregada de la Diócesis de Pasto. Fue encomendada a la comunidad de los Padres Agustinos y comprendió en ese entonces: Tumaco, Barbacoas, Iscuandé, Ricaurte, y Guapi.

En efecto, el cura español Bernardo Merizalde (1891-1972), quien llegó a la región en 1916, con el tiempo llegaría a ser el autor de la primera obra narrativa sobre la historia del Pacifico sur. En 1921 al concluir su historia regional y evaluar la obra realizada por su comunidad los Religiosos Agustinos Recoletos, presentó un cuadro patético del primer impacto causado por la realidad regional en la conciencia de los misioneros. Fue el primer prefecto apostólico de Tumaco (1928-1949). A partir de las elucubraciones del obispo Merizalde, y sin sacarse el solideo, dijo: “Ante el desierto moral y material de la región, los misioneros entendieron la evangelización como una acción épica y civilizadora cristiana, que debía avanzar sobre la condición semisalvaje e inmoral de los negros, para lo cual era imprescindible sustraerlos de sus entornos, es decir, de su forma de poblamiento ribereño y atraerlos a la vida civilizada de los poblados con sacerdotes permanentes”.

Lo que no dijo el prefecto Merizalde fue que, durante el siglo XIX, cuando la Iglesia católica estuvo literalmente ausente en la región Pacifico, y por eso los grupos negros transformaron la espiritualidad de su memoria ancestral africana en un conjunto de creencias, prácticas, y rituales. Imperó en ellos la Santería y el llamado a la protección de los dioses africanos.

En 1947, el antioqueño Pedro Nel Ramírez sucede a monseñor Merizalde. Este obispo intercedió de manera malsana para que el Liceo Tumaco no graduara a las mujeres, a pesar que el rector Max Seidel había programado desde 1911 una educación mixta.

El pedagogo Max Seidel a pesar de ser católico y respetuoso de la ley, aun así, dio oportunidad a las mujeres recibiéndolas en el Liceo Tumaco, cuando por el Concordato con la iglesia católica era prohibido. Cuándo llega monseñor Ramírez y se da cuenta que el rector Max Seidel estaba educando mujeres y negras, le dijo en tono autoritario y sin respetarlo: ¡Suspende eso! Entonces, sin pensar en las consecuencias le prohibió recibir mujeres en el Liceo Tumaco, y los papás, que tenían algo de posibilidades económicas, con mucho sacrificio les tocó sacar a sus hijas del puerto a los internados femeninos de Pasto, Tuquerres, Popayán y Buenaventura. O de lo contrario, dejarían a sus hijas en la ignorancia.

El 5 de abril de 1954, la Prefectura de Tumaco se divide en dos: Guapi, confiada a los Padres Agustinos, y la región del sur a los Padres Carmelitas, bajo la dirección del nuevo obispo vasco Luis Irizar Salazar, quien se dedica a desarrollar su programa pastoral en torno a la creación de nuevas parroquias; construcciones escolares; la creación de la Escuela Misional Santa Teresita para las mujeres de bajos recursos y el colegio del mismo nombre de primaria y bachillerato, dirigidos por las Hermanas Carmelitas, quienes llegaron en 1954 a Barbacoas y posteriormente a Tumaco. También se quitó de su cabeza el solideo, y empuñó la pala y el palustre para colaborar en las nuevas aulas escolares del Liceo Max Seidel en la isla del Morro.

El 7 de febrero de 1961, el Papa Juan XXlll elevó la Prefectura de Tumaco al rango de Vicariato Apostólico, y monseñor Luis Irizar es elegido primer Vicario, recibiendo su consagración episcopal el 15 de abril de mismo año. El 5 de noviembre de 1965, muere en Tumaco monseñor Luis Irizar.

Diócesis de Buenaventura

Su apostolado con las comunidades negras lo inicia el antioqueño Gerardo Valencia Cano en la ciudad de Buenaventura el 24 de mayo de 1953, una vez consagrado como Vicario Apostólico, donde permanece hasta su muerte en el lamentable accidente de la aerolínea Satena el 21 de enero de 1972, en el mítico cerro de San Nicolás en el Chocó.

Monseñor Gerardo Valencia Cano fue el primero que en Buenaventura entregó hasta su sangre por la defensa de los más pobres y más necesitados. Fue un auténtico profeta moderno, con una misión muy clara de denuncia en este continente oprimido y subyugado. Su esmerada dedicación por la educación de las comunidades, le llevó a crear tantas y tan destacadas instituciones en el puerto, por las cuales han pasado muchas generaciones.

Como previendo lo que sería Buenaventura algunos años después, y con esa visión futurista de los grandes hombres, monseñor Valencia Cano dijo: “Redención! Somos también hombres de la era nuclear, hermanos gemelos de Nehrú y de Sukarno, del negro congolés, del musulmán de Argelia, y del campesino cristiano de Bretaña…somos del Tercer Mundo. Eran palabras proféticas sobre la realidad del puerto, expresión verídica sustentada en el hecho de actuar en la era moderna, y no en el Medioevo, ni en el África profunda…

Murió después de regresar de Bogotá, en donde el Episcopado Colombiano lo tildó de “el obispo rojo”, y le hizo un juicio de responsabilidades por promulgar la doctrina del grupo de Golconda del “obispo negro” Helder Cámara de Brasil. Las situaciones de injusticia que denunció hace más de 60 años, hoy se mantienen y siguen siendo el dolor y la tragedia.

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